A LA MEMORIA DE FRAY CARLOS AMIGO VALLEJO

Ha querido el azar, o no, que el día en que nuestro querido Arzobispo emérito, Fray Carlos Amigo Vallejo, ha acudido como hijo fiel al encuentro definitivo con el Señor, coincida con el 27 de abril, festividad de la Virgen de Montserrat, precisamente su título como Cardenal de la santa Romana Iglesia: Santa María de Montserrat y Santiago de los Españoles en Roma.

Nuestra memoria alberga la imagen de un joven y espigado prelado franciscano, llegado de Tánger en mayo de 1982 para suceder en la silla de San Isidoro al recordado cardenal Bueno Monreal, en vísperas de la anunciada visita del pontífice San Juan Pablo II, que llegaría a nuestra ciudad para la beatificación de nuestra venerada Sor Ángela de la Cruz.

Muy pronto, don Carlos sintonizó con la idiosincrasia de nuestro pueblo. Su simpatía personal, su carácter afable y su don de gentes hacían que conectará fácilmente con todo tipo de personas, pertenecientes a los más variados ámbitos.

Supo entender muy pronto la importancia que la religiosidad popular encierra en esta tierra. Conocía muy bien a nuestras hermandades y cofradías, las quería y entendía, siendo perfectamente consciente de su papel trascendente en la transmisión de la fe la devoción entre los fieles. Fruto de esta dedicación han sido los muchos casos de coronaciones canónicas que promovió por toda la geografía de nuestra Iglesia local.

Como Presidente del Consejo General de H. H. y C. C., haciéndome eco del sentir de los Hermanos Mayores y de mis predecesores, debo rendir pública constancia de la acogida siempre afectuosa que nos dispensó, a lo que hay que sumar su comprensión ilimitada y su entrañable afecto, más fraternal que paternal. Sin duda, los frutos del pontificado de Monseñor Amigo han dejado una profunda y perdurable huella en esa parcela del Pueblo de Dios que es la Archidiócesis de Sevilla.

Que el Señor, por mediación de Nuestra Señora de los Reyes, Madre de la Iglesia de Sevilla, se haya dignado otorgarle la eterna Bienaventuranza.

Descanse en paz.

Francisco Vélez de Luna

Presidente del Consejo de Hermandades