CARTA ABIERTA DEL PRESIDENTE DEL CONSEJO DE HERMANDADES TRAS EL ADIÓS DE NUESTRO ARZOBISPO D. JUAN JOSÉ ASENJO Y LA LLEGADA DE D. JOSÉ ÁNGEL SAIZ

En 2009 se producía la llegada de D. Juan José Asenjo como Arzobispo de Sevilla. Desde aquel momento, poco a poco, hemos ido descubriendo los dones que el Señor le ha otorgado: profunda religiosidad, vida de oración, afabilidad, sencillez, laboriosidad, responsabilidad, paciencia y un largo etcétera.

Nuestro Pastor deja un dilatado y fecundo legado, especialmente notable en su interés por los más desfavorecidos, la formación de los fieles, el cuidado del patrimonio y la atención al Seminario Metropolitano, culminada con el nacimiento de la Facultad de Teología San Isidoro.

Poco a poco, D. Juan José se ha ido adentrando en el tesoro de religiosidad popular que guardan las Hermandades de Sevilla, de las que siempre se ha preocupado para que cada día vayan creciendo en amor, conocimiento y caridad hacia Dios y todas las personas, a fin de que todas y cada una de ellas contribuya de forma decisiva a la edificación del Reino.

Como Presidente del Consejo General de H. H. y C. C., haciéndome eco del sentir de los Hermanos Mayores y de mis predecesores, debo agradecer a nuestro querido Arzobispo su acogida siempre afectuosa, su comprensión ilimitada y su entrañable afecto, más fraternal que paternal. Sin duda, los frutos del pontificado de Monseñor Asenjo dejarán una profunda y perdurable huella en esa parcela del Pueblo de Dios que es la Archidiócesis de Sevilla.

Al mismo tiempo expreso la más filial bienvenida a D. José Ángel Saiz Meneses, a quien S. S. el Papa Francisco ha designado como Pastor de la Archidiócesis hispalense. Desde este mismo instante nos ponemos a su completa disposición, en la seguridad de que sabrá reconocer e impulsar la importante labor cultual, asistencial, formativa, social y cultural que desarrollan las hermandades sevillanas, uno de los movimientos laicales más importantes de España; al tiempo que rogamos al Señor, por mediación de Nuestra Señora de los Reyes, para que le conceda un fructífero y dilatado pontificado.