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Santa Ángela de la Cruz Actos en Acción de Gracias por la Canonización Estreno
en la Catedral en Honor de Santa Ángela de la Cruz Bendición
del Relicario de la Nueva Santa Durante
la Vigilia pascual del Santo Padre con los Jóvenes, la
Hermana Ruth de Jesús, del Instituto de las Hermanas de la
Cruz, ha pedido el compromiso de los jóvenes Actos en Acción de Gracias por la CanonizaciónEl Domingo 4 de mayo de 2003, Su Santidad el Papa Juan Pablo II, proclamaba la Santidad de Sor Ángela de la Cruz. A partir del día 7 al 11 de Mayo se iniciaban una serie de actos en Acción de Gracias por la Canonización.
El traslado se realizó en silencio, con el único sonido de las oraciones e himnos que iniciaban las Hermanas de la Cruz. Durante el trayecto hasta la Catedral se produjeron 12 relevos en los portadores de las andas, en el que participaron 200 personas, pertenecientes a las mismas Hermanas de la Cruz, fieles de las parroquias de Sevilla, miembros de Hermandades de la Diócesis y devotos de Sor Ángela de otras diócesis. El mismo sistema se utilizó en el trayecto de vuelta el domingo día 11. La designación y acreditación de los 400 portadores fué realizada en coordinación con las Hermanas de la Cruz, las Parroquias, los Consejos Locales de Hermandades y Delegaciones de otras diócesis. El itinerario fué el siguiente: Sor Ángela de la Cruz, Alcázares, Plaza de la Encarnación, Laraña, Cuna, Plaza de El Salvador, Entrecárceles, Plaza de San Francisco, Hernando Colón, Alemanes, Placentines, Plaza de la Virgen de los Reyes, Puerta de Palos. Durante los días que el cuerpo de la Santa permaneció en la Catedral, fué visitada por miles de devotos que esperaban largas colas a la entrada de la Puerta de la Concepción en el Patio de los Naranjos. Los Actos que tuvieron lugar en el Altar del Jubileo fueron los siguientes:
El
día 11 de Mayo se iniciaba el traslado del cuerpo incorrupto
de Sor
Ángela a su Convento, saliendo por la Puerta de las
Asunción de la
Catedral. El itinerario fué el siguiente: Avenida de la
Constitución,
Plaza de San Francisco, Sierpes, Plaza de la Campana, Martín
Villa,
Plaza de Villasís, Laraña, Plaza de la
Encarnación, Imagen, Sor Ángela
de la Cruz. Estreno en la Catedral en Honor de Santa Ángela de la Cruz El texto es obra del Canónigo Dignidad de Chantre del Cabildo de la Catedral hispalense, D. Francisco Gil Delgado y la música ha sido compuesta por D. Manuel Castillo, Navarro-Aguilera, compositor sevillano de fama mundial. Ambos autores han dedicado su obra al Arzobispo de Sevilla y a la Congregación de las Hermanas de la Cruz. El texto de las nuevas coplas, tituladas ESPLENDOR DE LOS SANTOS, es el siguiente:
Bendición del Relicario de la Nueva Santa En el caso de las Hermanas de la Cruz se utiliza un relicario realizado por artistas de Roma y se ofrenda al Santo Padre un cáliz, un copón y un crucifijo realizados por los Talleres de Arte Granda, de Madrid. Tanto el relicario como las ofrendas han sido bendecidas por el Sr. Arzobispo el Domingo de Ramos en la Iglesia de San Juan de la Palma. El lugar se ha elegido teniendo en cuenta la devoción que Sor Ángela profesaba a la Virgen de la Amargura. Durante la Vigilia pascual del Santo Padre con los Jóvenes, la Hermana Ruth de Jesús, del Instituto de las Hermanas de la Cruz, ha pedido el compromiso de los jóvenes Querido Santo Padre: Soy la hermana Ruth de Jesús. Tengo 28 años. Pertenezco al Instituto de Hermanas de la Cruz fundado por la beata Angela de la Cruz que mañana canonizará vuestra santidad. Ingresé en él a los 20 años. Aunque soy juniora de votos temporales, estoy comprometida con Jesús para siempre con un amor indiviso en una vida de oración y de servicio a los mas pobres, enfermos y abandonados en sus propios domicilios. Les lavo la ropa, les arreglo la casa, hago la comida, curo sus llagas, los velo por las noches y, lo mas importante, les doy todo el amor que necesitan porque en la oración Jesús me lo regala. Dios es amor, y yo se lo devuelvo amando a los pobres, entregándoles mi juventud y mi vida entera. Antes de ingresar en el Instituto llevaba una vida normal. Me gustaba la música, las cosas bellas, el arte, la amistad, la aventura. Había soñado muchas veces con mi futuro, pero un día vi por la calle a dos hermanas que me llamaron la atención por su recogimiento, su paso ligero y la paz de su semblante. Eran jóvenes como yo. Me sentí vacía y en mi interior oí una voz que me decía: «¿Qué haces con tu vida?» Quise justificarme: «Estudio, saco buenas notas, tengo muchos amigos». Me quedé mirándolas hasta que desaparecieron de mi vista mientras yo me preguntaba: ¿Quienes son? ¿Adónde van? Como Nicodemo, invité a Jesús en la noche de mi inquieto corazón y en la oración entré en diálogo con Él. Con Él, sentí la llamada de tantos hermanos que me pedían mi tiempo, mi juventud, el amor que había recibido del Señor. Y busqué. Y me encontré con la mujer que estaba más cerca del misterio de la cruz de Jesús junto a María, sor Ángela de la Cruz. Ella se había configurado tanto con la cruz de Jesús que se hizo amor para los pobres que sufren. Me cautivó y quise ser de las suyas. Y aquí estoy, Santidad, consciente de lo que he dejado. He dejado todo lo que los jóvenes que están con nosotros esta tarde poseen: la libertad, el dinero, un futuro tal vez brillante, el amor humano, quizá unos hijos. Todo lo he dejado por Jesucristo, que cautivó mi corazón para hacer presente el amor de Dios a los más débiles en mi pobre naturaleza de barro. Tengo que confesarle, Santidad, que soy muy feliz y que no me cambio por nada ni por nadie. Vivo en la confianza de que quien me llamó a ser testigo me acompaña con su gracia. Gracias, Santo Padre, por su vida entregada sin reservas como testigo fiel del evangelio, por fortalecer nuestra fe, avivar nuestra esperanza y abrir nuestro corazón al amor ardiente del que sabe perder su vida para que los demás la ganen. Gracias, Santo Padre, por su vida, que a muchos de nosotros nos ha marcado. Gracias por venir a decirnos a los jóvenes de España que el mundo necesita testigos vivos del Evangelio, que cada uno de nosotros podemos ser uno de esos valientes que se arriesguen a construir la nueva civilización del amor, porque lo que nosotros no hagamos por los pobres, contemplando en ellos el rostro de Cristo se quedará sin hacer. Gracias de nuevo, Santo Padre. |
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