Hermandades y Cofradías de Sevilla

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Orígenes y Evolución de las Hermandades y Cofradías

 

LA EVOLUCIÓN DE LAS HERMANDADES Y COFRADÍAS DESDE SUS MOMENTOS FUNDACIONALES A NUESTROS DÍAS

 

Hermandades y Cofradías de Sevilla

Introducción.

1. Aclarando conceptos.

2. Las cofradías de Semana Santa o de Pasión.

    A. Cofradías de Semana Santa o de Pasión y cofradías de Disciplina.

    B. Orígenes y Antecedentes.

3. El desarrollo de las cofradías, especialmente de Semana Santa, desde el siglo XII a nuestros días.

NOTAS.

Hermandades y Cofradías de Sevilla

 

Ir al inicio de la página Introducción

Muchos son los trabajos que han aparecido estudiando las hermandades y cofradías, bien en general: estudios de las cofradías de una diócesis, estudios de una cofradía; bien en particular: estudios de uno de los miles de aspectos que se pueden investigar y conocer dentro de cada cofradía y en su devenir histórico.

Pero una vez más hemos de usar el ya tópico dicho: A veces los árboles nos impiden ver el bosque y las casas la ciudad. Y esto es lo que intentamos en este estudio: Tratar de conocer las hermandades y cofradías hispanas en sus líneas generales, en sus características más determinantes: devocionales y cronológicas, intrínsecas y extrínsecas, pero sin tocar para nada su inmenso patrimonio artístico. Saber, en sus líneas generales, cómo, cuándo y para qué fines surgieron; cómo han evolucionado desde su fundación hasta hoy. Trabajo arduo y difícil que nos ha obligado a estudiar y repasar algo de lo mucho publicado sobre cofradías en general y sobre muchas de ellas en particular, 1, y tratar de resumir y sintetizar en unos trazos claros, aunque, necesariamente, hemos tenido que dejar fuera muchos matices. Se trata de ver este bosque, de contemplar esta ciudad que hemos titulado como las hermandades y cofradías hispanas.

Hermandades y Cofradías de Sevilla

Ir al inicio de la página1. Aclarando conceptos

Muchas cuestiones se nos plantean antes de estudiar el desarrollo histórico de las hermandades y cofradías desde sus comienzos a nuestros días. Intentaremos simplificar y ser lo más completos y objetivos posible.

- La primera cuestión que se plantea es ¿por qué dos palabras para una misma realidad: hermandad y cofradía? Etimológicamente significan lo mismo: hermandad viene de germanus (hermano carnal) y cofradía viene de cum fratre (con el hermano). Pero una distinción se puede establecer, se ha establecido de hecho en Andalucía, y establecía ya el Código de Derecho Canónico, promulgado en 1917 cc. 700-725, no el actual que las define en el canon 298. "Las asociaciones de fieles, (decía aquel Código de Derecho Canónico, c. 707. l.) que han sido erigidas para ejercer alguna obra de piedad o de caridad, se denominan pías uniones; las cuales, si están constituidas a modo de cuerpo orgánico, se llaman hermandades". Canon 707.2. "Y las hermandades que han sido erigidas además para el incremento de] culto público, reciben el nombre particular de cofradías". Nosotros, para no ser repetitivos, utilizaremos solamente un término, el de cofradía, que nos parece históricamente más justo, aunque lo entendemos comprendiendo el doble significado de hermandad y cofradía y nunca reducido a simbolizar, exclusivamente, actos de culto.

- Hablamos de cofradías cristianas o, más concretamente, de cofradías católicas, es decir, de asociaciones de clérigos y laicos, o sólo de clérigos, o sólo de laicos, hombres y/o mujeres, dentro de la Iglesia Católica, no de las asociaciones que hayan creado otras iglesias cristianas, otras religiones, los poderes políticos o los poderes económicos.

- Estas cofradías cristianas han existido siempre en el cristianismo. No nacen en el siglo XIII o en el XV, ni terminan en el siglo XV o en el XIX, nacen con Jesús y sus apóstoles y discípulos, o con María y los apóstoles reunidos en el cenáculo después de la muerte y resurrección de Jesús, y llegan hasta hoy.

- Pero estas cofradías son muchas y diferentes, no una sola, y todas, en general, y cada una en su concreción particular han evolucionado con el paso del tiempo. Queremos decir, para llamar la atención sobre el hecho más en alza, que no sólo han existido y existen cofradías de Semana Santa o de Pasión, éstas son más bien tardías, de finales del siglo XV o del siglo XVI, sino que las cofradías han sido de muchas clases, fines o tipos, y cada una ha evolucionado de manera distinta.

- Las cofradías tienen una apoyatura humana, natural, sicológica, precristiana: existe en el hombre una tendencia natural a asociarse, a realizarse en y a través de la comunidad, y, más aún, hay una necesidad de asociarse, si lo que se persigue es algo individualmente imposible o muy difícil de conseguir o si se persigue la fuerza, bien para defenderse o para atacar. Un gran conjunto de afirmaciones populares nos lo confirman: cuatro pueden más que dos, cuatro ojos ven más que dos, la unión hace la fuerza, etc.

- Las cofradías son y han sido a lo largo de toda su historia las instituciones eclesiásticas más auténticamente laicales y de laicos. En ellas los laicos, desde los siglos medievales, no solamente han tenido la obligación de callar y pagar, sino que han actuado como Iglesia o como Pueblo de Dios. Queremos, en este sentido, incorporar una cita de André Vauchez, relativamente reciente. Valorando este autor la obra de investigación y las publicaciones del P. Gilles Gerard Meersseman, 2 afirma: "En effet, Delaruelle et Meersseman, ont operé sur la plan historique la méme "revolution copernicienne" qu'avait effectuée a l'époque sur le plan théologique un pére Congar par exemple, c'est-a-dire la redécouverte de l'Eglise comme peuple de Dieu, et non pas sculement comme organisme hiérarchique structuré. Cette intuition devait déboucher sur une prise de conscience de la place et du rôle des laïcs dans l'Eglise et dans son histoire, et je pense que ce n'est pas un hasard si le Dossier de I'ordre de la penitence au XIlle siécle, qui est 1'oeuvre majeure, a mon avis, du pére Meersseman, a suivi de peu la publication des Jalons pour une théologie du laïcat. Ce qui me frappait le plus á la époque dans les travaux de pére Meersseman, c'était d'abord la nouveauté de la matiére. Un monde inconnu accédait, gráce a lui, á notre connaissance, ce monde des pénitens laics et des confréries de dévotion sur lequel on ne disposait guère jusque-lá de travaux valables. Toute une partie insoupçonnée de notre histoire remontait ainsi á la surface". 3

Repetimos, pues, porque nos parece muy conveniente, que las cofradías han sido y son de laicos (menos aquéllas que fueron exclusivamente de clérigos, que también han existido), han nacido entre ellos y se quieren mantener de laicos. En su nacimiento encontramos casi siempre un grupo de laicos fervorosos, frecuentemente dirigidos y movidos por alguno en particular que, en algunos casos, pudo ser el monje, el fraile, el sacerdote o el párroco de la parroquia donde nació la cofradía. De todos modos es bien sabido que en algunos momentos las cofradías se han mostrado anticlericales, como es también cierto la existencia de clérigos seculares y regulares que se han manifestado abiertamente anticofradieros.

- Es hora ya de preguntarnos: ¿qué son o qué han sido las cofradías? Una primera respuesta se nos antoja que debe ser la que da el actual Código de Derecho Canónico en el canon 298. "Existen, afirma, en la Iglesia asociaciones ... en las que los fieles, clérigos o laicos, o clérigos junto con laicos, trabajando unidos, buscan fomentar una vida más perfecta, promover el culto público o la doctrina cristiana, o realizar otras actividades de apostolado, a saber, iniciativas para la evangelización, el ejercicio de obras de piedad o de caridad y la animación con espíritu cristiano del orden temporal Definición que completa en otros cánones, como cuando afirma en el canon 305: "Todas las asociaciones de fieles están bajo la vigilancia de la autoridad eclesiástica competente".

Ésta es una definición dada por la Jerarquía Eclesiástica actual, verdaderamente muy amplia. Pero desde una perspectiva histórica ¿cómo definiríamos a las cofradías? No tenemos que cambiar mucho la definición dada por el Código de Derecho Canónico actual: "Son asociaciones de fieles cristianos, laicos (hombres y mujeres) y clérigos o laicos solos y clérigos solos que se han unido para fines cristianos muy diversos, de donde se deduce la diversidad de las cofradías, de los que señalaríamos como más comunes: el culto en sus múltiples manifestaciones, las muchas y diversas obras benéfico- asistenciales, el entierro y sufragio por los difuntos y la penitencia de los cofrades, que se establecieron sin la aprobación de la autoridad eclesiástica, con la necesaria y exigida aprobación de la autoridad eclesiástica (del siglo XVI en adelante), o con la necesaria y exigida aprobación de la autoridad real o de la Cámara de Castilla (segunda mitad del siglo XVIII)".

La diversidad de estas cofradías procede de sus diferentes fines, señalaremos algunos:

- la devoción, el culto (cofradías cultuales), el culto a los santos, las más antiguas y más numerosas en la Época Medieval (siglos XI, XII y XIII y que han continuado), el culto a María, constantes estas cofradías desde el siglo XII en adelante, el culto a Cristo, propio de la Baja Edad Media, siglos XIV y XV, en adelante, especialmente desde que aparecen las cofradías de Semana Santa o de Pasión a finales del siglo XV o a lo largo del siglo XVI, las cofradías del Cuerpo de Cristo o del Cuerpo de Dios en los siglos XIV y XV y las cofradías Sacramentales desde 1516, las cofradías del Sagrado Corazón de Jesús del siglo XVIII, etc., etc.,, el culto al Espíritu Santo y a La Santísima Trinidad, pocas e intercaladas a lo largo de los siglos, el culto a las Ánimas Benditas del Purgatorio que, al menos en Andalucía, son del siglo XVI en adelante;

- el entierro de los difuntos, han existido cofradías parroquiales y no parroquiales fundadas con este único fin (cofradías de la Caridad o de la Santa Caridad en Andalucía) y todas las cofradías han incluido como uno de sus fines asistenciales la atención a los enfermos cofrades y el entierro de los cofrades difuntos, de sus familiares o de las personas que murieran en sus casas;

- la atención de un hospital (cofradías hospitalarias), bien que la cofradía se determina a fundar y atender un hospital (general o para una enfermedad determinada: los lazaretos), un asilo, bien que existiera un hospital y para su mejor atención se fundó una cofradía;

- las acciones benéfico- asistenciales. Todas las cofradías o casi todas han incluido entre sus fines los benéfico-asistenciales, que han sido diversos conforme a las posibilidades económicas de las cofradías y conforme a las necesidades de los tiempos: en los siglos XII y XIII se atendía en el trabajo a los cofrades enfermos, se remediaba a las viudas; a finales del siglo XV y durante el siglo XVI la mayoría de las cofradías incluyeron entre sus fines: la dotación de doncellas para el matrimonio o la vida religiosa (alguna se fundó con este único fin), la redención de los cautivos, la recogida de trigo para poder donarlo en tiempos de escasez, la atención a los presos, etc., durante el siglo XIX en que las cofradías languidecieron no pudieron mantener acción benéfico- asistencial alguna; a partir de los años setenta vuelve la acción benéfico-asistencial; ignoro en qué medida Caritas es o no es una cofradía actual o las ONG cristianas son manifestaciones de cofradías actuales, una y otras intentan cumplir lo que ciertas cofradías de hasta 1950 realizaron;

- La difusión de la doctrina cristiana: cofradías de conversos, cofradías de la doctrina cristiana.,

La construcción: de la iglesia catedral, de otras iglesias y centros nacionales, de puentes y caminos como los del Camino de Santiago, etc.

La defensa de una agrupación o de un oficio humano, podemos enumerar:

• agrupación de personas de una misma etnia: cofradías de negros, negritos, morenos o mulatos (en Andalucía).

• agrupación de personas de una misma región: los aragoneses bajo la Virgen de Pilar, los catalanes bajo la Virgen de Montserrat (en Sevilla).

• agrupación de personas del mismo grupo social: cofradías de caballeros, cofradías de escuderos, cofradías de hidalgos, cofradías de pecheros.

• agrupación de personas del mismo oficio.

• de un mismo oficio clerical: cofradías de clérigos, cofradías de canónigos, cofradías de beneficiados, cofradías de racioneros.

• de un mismo oficio laical: cofradías de gentes de una misma profesión u oficio: sastres, zapateros, carreteros, panaderos, sombrereros, carpinteros, médicos, cirujanos, etc., cada una bajo la devoción de su santo patrón; muy abundantes durante los siglos medievales XII, XIII, XIV, XV, cuando se transforman en gremios e intentadas mantener hasta nuestros días.

• de un mismo oficio mixto: laical y clerical que se encuentra en crisis y por medio de la fundación de una cofradía se autodefiende, por ejemplo, la institución de la Inquisición española cuando en el siglo XVII pasa por una etapa menos brillante, se autodefiende fundando una cofradía, la cofradía de san Pedro mártir, de la que forman parte todos las personas que integran la institución de la Inquisición;

- Para la acción política o el mantenimiento del orden temporal: en la Edad Media existieron las que hemos llamado cofradías militares (similares a las órdenes militares), se trataba de las gentes de un lugar recientemente conquistado y fronterizo donde se fundaba una cofradía en la que sus miembros estaban dispuestos a salir en defensa del lugar, en caso de ataque del musulmán, con las armas que pudieran reunir. La primera noticia que tenemos de este tipo de cofradías es la de Belchite, 1118, fundada por el rey de Aragón Alfonso I el Batallador, después fundó Alfonso VII el emperador la del Pendón de San Isidoro de León en 1147, en el siglo XV existían en todos lugares fronterizos con el reino nazarí de Granada. En estos últimos tiempos la Acción Católica, ya desaparecida, nunca quiso llamarse cofradía, pero era, ciertamente, un tipo de esas cofradías para la acción temporal.

- Se han fundado cofradías para los fines más diversos y difíciles de conseguir: por ejemplo, en 1127 se fundó una cofradía para restablecer la silla arzobispal de Tarragona.

Hermandades y Cofradías de Sevilla

Ir al inicio de la página2. Las cofradías de Semana Santa o de Pasión.

        A. Cofradías de Semana Santa o de Pasión y cofradías de disciplina.

Hoy día en España entera, más en Andalucía, más en Sevilla, la tierra donde nos encontramos, las cofradías de Semana Santa o de Pasión han tomado un protagonismo casi único. Tan es así que las otras cofradías, las llamadas cofradías "de gloria": las cofradías de los santos, de María, las Sacramentales, las de las Ánimas Benditas, o han desaparecido o han terminado por fundirse con la cofradía de Semana Santa más cercana, especialmente en los casos parroquiales (claro es que en algunos casos los respectivos párrocos se han opuesto a estas fusiones, ellos sabrán por qué). Afirmamos, pues, que las cofradías de Semana Santa han tomado tal auge que vienen a ser las protagonistas casi únicas, desarrollando no sólo una actividad cultual, sino múltiple, pero especialmente benéfico-asistencial y hoy hasta cultural. Por todo ello merecen que nos detengamos un poco más en ellas.

Comenzaremos por intentar dar de ellas una definición para no confundirlas ni mezclarlas con otros tipos de cofradías de los muchos a que nos hemos referido.

Entendemos que una "cofradía de Semana Santa o de Pasión es la asociación de fieles, en la mayoría de los casos exclusivamente laicos, que une dos elementos: en primer lugar la contemplación de la Pasión y Muerte de Cristo y, en segundo lugar, la imitación de los dolores de Cristo en su Pasión y Muerte por medio de una penitencia pública que se concreta en la autoflagelación (y se pudo concretar también en otros tipos de penitencia) llevada a cabo durante la realización de la procesión o "Estación de Penitencia" efectuada en uno de los días de la Semana Santa". Éstos tres nos parecen que fueron los elementos constitutivos de este tipo de cofradías en su aparición durante el primer cuarto del siglo XVI.

El auge de estas cofradías fue tan grande en el siglo XVI que afectó a las otras cofradías no de Semana Santa o de Pasión, que terminaron por convertirse en cofradías de disciplina, la que definimos como "aquella cofradía de gloria, asociación de fieles, en la mayoría de los casos exclusivamente laicos, que teniendo como advocación a Jesucristo, María, los santos y hasta las Ánimas del Purgatorio o teniendo otros fines artesanales o benéfico-asistenciales, deciden practicar la penitencia pública: autoflagelación u otro tipo de penitencia, durante los días de la Semana Santa en una procesión o "Estación de Penitencia pública". Este tipo de cofradías también surgió en el siglo XVI y siguientes.

La definición dada incluye, por lo tanto: 1) la existencia de una asociación, 2) la contemplación de la Pasión y Muerte de Cristo, y 3) la imitación pública del dolor mediante la penitencia pública: autoflagelación u otro tipo de penitencia.

Puede o ha podido, por lo tanto, existir contemplación e imitación y no estar constituidos sus miembros como asociación y no habría cofradía de Semana Santa o de Pasión. Y puede y pudo existir un grupo de gentes que contemplaban la Pasión y Muerte de Cristo, pero que no practicaban la penitencia pública y tampoco hubo cofradía de Semana Santa o de Pasión.

Lo dicho nos explica que las cofradías de Semana Santa o de Pasión no nacieron en el primer cuarto del siglo XVI porque sí, como flores exóticas o por generación espontánea, sino dentro de un contexto que permitió su nacimiento. Desde el siglo XIII en adelante la teología, la mística, las devociones se centran más en Jesús hombre (sin negar nunca la divinidad) que en Jesús Dios, lo que permitirá la contemplación de toda la vida humana de Jesús y, también y más y más, durante los siglos XIV y XV, de su cruel y acerba Pasión y Muerte.

Las cofradías de Semana Santa o de Pasión nacieron para contemplar la Pasión y Muerte de Cristo e imitarla mediante actos penitenciales, éstas son sus características más importantes o, mejor, exclusivas. Fíjense que estos mismos sentimientos los encontramos en la Liturgia, al menos desde el siglo XI al Concilio Vaticano II. El Viernes Santo era día de luto y luto rigurosísimo. No se celebraba la Eucaristía, no se daba la paz en los Oficios Litúrgicos, se comulgaba de lo presantificado, el color litúrgico era el negro, rigurosamente negro, no se tocaban los instrumentos musicales en las ceremonias litúrgicas, los Oficios Litúrgicos comenzaban en riguroso silencio, de rodillas todos los fieles y postrados los celebrantes ante el altar. Sólo con posterioridad a la celebración del Vaticano II se ha comenzado a dar al Viernes Santo el sentido de una fiesta de triunfo de Cristo sobre la Cruz y la liturgia se ha vestido de rojo.

Las cofradías de Semana Santa o de Pasión no es que negaran la Resurrección de Jesús, pero no la contemplaban. La Pascua de Resurrección era la fiesta mayor de la Cristiandad desde el siglo I al siglo XVI, 4, cuando aparecen las cofradías de Semana Santa, y se celebraba ese día y los dos días siguientes con toda solemnidad, pero no durante los días de Semana Santa. Por eso, las cofradías de Semana Santa o de Pasión nacieron y se desarrollaron durante el siglo XVI bajo el sentido del dolor, de la aflicción, de la penitencia. No llevaban flores, ni palios, ni bandas de música, los clérigos entonaban algún canto litúrgico o de penitencia y una "trompeta de dolor" abría el cortejo. Ahora (no sabemos decir desde cuándo), al menos en Sevilla, la celebración de la Semana Santa es festiva, jubilosa, triunfal. Se ha dado como explicación que los sevillanos nunca celebramos sólo la Pasión y Muerte de Cristo, sino siempre Pasión, Muerte y Resurrección. A nosotros nos parece un parche, un remiendo para explicar unos hechos indebidos, pero preferimos no enjuiciarlo.

¿Las cofradías de Semana Santa o de Pasión nacieron para practicar la caridad, para realizar acciones benéfico-asistenciales, para cumplir las Obras de Misericordia? Respondemos no, aunque no las excluyeron. Las cofradías de Semana Santa o Pasión, no las que hemos llamado de disciplina, nacieron, como ya hemos dicho, para contemplar e imitar el misterio de la Pasión y Muerte de Jesús. Ahora bien, también estas cofradías se preocuparon de la vida espiritual, y a veces de la temporal, de sus hermanos y cofrades. En este sentido las cofradías de Semana Santa querían que sus hermanos y cofrades estuvieran confesados y comulgados antes de la celebración de la Estación de Penitencia, se preocupaban por los hermanos enfermos a los que visitaban para que comulgaran, recibieran los últimos sacramentos e hicieran testamento, de manera especial cuidaban todo lo relacionado con el entierro de los cofrades difuntos, de sus padres, hijos, servidores de sus casas, apaniaguados, de cualquiera, especialmente de los pobres, que muriera dentro de sus casas, (aunque nunca enterraban esclavos) y de sus honras fúnebres. En alguna regla de cofradía de Semana Santa hallamos la preocupación por dotar doncellas pobres para el matrimonio, por la redención de cautivos o por los presos de la cárcel.

¿Nacieron las cofradías como movimientos comprometidos por la fe y la defensa de la Iglesia, sus dogmas y sus fines, lucha contra el hereje, actuación política, etc.? Debemos de distinguir el momento en que nacieron y los otros momentos por los que han tenido que pasar a lo largo de su historia. De todos modos afirmamos que las cofradías nacieron y se han mantenido como confesoras de la fe expuesta en los dogmas de la Iglesia, más que como defensoras de los mismos, y en comunión con la Jerarquía Eclesiástica. Las cofradías de Semana Santa no tuvieron en el siglo XVI como fin la lucha contra el hereje, esto ya lo hacía la Santa Inquisición; las cofradías se contentaban con no admitir a quienes no fueran limpios de sangre o cristianos viejos. Creemos que las cofradías de Semana Santa jamás han realizado, mantenido ni intentado una acción militante católica, su campo ha sido el cultual dentro y fuera de sus templos y en ocasiones el benéfico-asistencial. Otra cosa es lo que pueda estar ocurriendo en estos últimos años.

La mayoría de las cofradías de Semana Santa ha nacido en medio del pueblo sencillo y llano, en ocasiones agrupando gente marginal: mulatos y negros. Después, conforme a sus intereses, se han subido al carro de la cofradías de Semana Santa las clases altas y los políticos.

Un último punto que no queremos olvidar. Hay que tener mucho cuidado con los mitos y leyendas que los cofrades cuentan de sus propias cofradías y sobre todo de las "de mi pueblo", de la "de mi barrio" o de la "mía". Ellas son las mejores y, sobre todo, las más antiguas y puede ser que para ellos sea verdad todo ello, pero que no haya ocurrido.

Ir al inicio de la página        B. Orígenes y antecedentes.

En otros trabajos nos hemos preocupado de este tema, 5, por lo que en este punto vamos a intentar ser lo más concisos y resumidos posibles, a excepción de aquellas cuestiones que supongamos una novedad.

Hemos de distinguir entre los antecedentes y orígenes de las definidas como cofradías de Semana Santa o de Pasión, y de las definidas como cofradías de disciplina.

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         a) Las cofradías de Semana Santa o de Pasión.

    Podemos hablar de varios grupos de antecedentes:

Ir al inicio de la página                El Contexto teológico y devocional.

Como ya hemos afirmado en estas mismas líneas las cofradías de Semana Santa no nacen como flores exóticas y por generación espontánea, sino que necesitaron de un clima teológico y devocional propicio. ¿Cuál fue éste?

También ya hemos dicho que en la historia de la contemplación y devoción de la persona de Jesús podemos trazar como una raya que la corta a comienzos del siglo XIII. Con anterioridad la especulación teológica, la contemplación, la devoción se fijó más (sin negar la humanidad de Jesús) en la divinidad. En cambio a partir de comienzos del siglo XIII y, en concreto, a partir de san Francisco de Asís (1182-1226), se origina un nuevo camino: el de la especulación, de la contemplación y de la devoción (sin negar para nada su divinidad) de la humanidad de Jesús. La humanidad de Jesús completa, desde su nacimiento de una mujer hasta su Pasión y Muerte sobre una Cruz. Su humanidad completa igual y semejante a la nuestra en todo menos en el pecado (San Pablo Hech 2,17-18; 4,15). Su humanidad, por lo tanto, que nace, crece y se desarrolla, que tiene necesidades que ha de satisfacer y que sufre, puede sufrir el dolor, y muere.

Este hecho será el que permitirá que, a partir de san Francisco y su influencia, y a lo largo de los siglos XIV y XV, se llegue a contemplar de una manera especial por teólogos, contemplativos y místicos y, bajo su influencia, por el pueblo fiel la Pasión y Muerte dolorosa, acerba, dolorosísima de Jesús. Se estudian y se contemplan, por todas las escuelas religiosas y místicas: franciscanos, dominicos, agustinos, cartujos, la llamada "devoción moderna", los dolores morales, espirituales, internos y los materiales y externos de la Pasión de Jesús: La afrenta moral, el abandono de los suyos, de sus amigos, de sus apóstoles, de sus íntimos, los puñetazos, los escupitajos, las bofetadas, los golpes y empellones, los latigazos, la coronación de espinas, la condena por los tribunales y las masas, las caídas a lo largo de toda la Pasión y durante el caminar hacia el Calvario, la desnudez, la crucifixión, la exaltación de la cruz, la agonía de Jesús crucificado en lo alto de una cruz, desnudo, abandonado de los suyos e improperiado por sus adversarios, la muerte, la lanzada, la entrega del cuerpo, la conducción al sepulcro y el entierro. Toda la Pasión y Muerte y todo pormenorizadarnente. No es ya extraño que dentro de este contexto, que se alarga durante los siglos XIV y XV, pudieran formarse asociaciones que se dedicasen exclusivamente a la contemplación de la Pasión y Muerte de Jesús.

Algunos elementos o algunos motivos fueron objeto de mayor contemplación y devoción:

- La Cruz. La Verdadera Cruz de Jesús que Santa Elena hallaría en Jerusalén hacia el 335. La Cruz sola y verdadera, gloriosa y triunfante donde Cristo había vencido y nos había redimido, cuya fiesta se celebraba en tiempo de Pascua de Resurrección, el tres de mayo. Sólo a finales del siglo XV se va a producir un cambio, y de Cruz gloriosa y victoriosa va a pasar ser considerada como Cruz suplicio donde Cristo ha muerto invitándonos a cada uno a llevar nuestra cruz, a sacrificarnos, a mortificarnos.

- La Sangre, la Preciosa Sangre de Cristo. Junto a la Cruz, creemos que fue la Sangre de Cristo otro de los grandes motivos de devoción durante los siglos bajomedievales. Devoción a la Sangre de Cristo ya afirmada en el Nuevo Testamento: "Bebed todos, que ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón de los pecados" (Mt 26,28) lo que se repite en otros textos similares como 1 Cor 11,25; Ef 1,4; Col 1,15; Heb 9,14. Pero, especialmente, el texto de Jn 19,32-34: "Fueron los soldados y le quebraron las piernas primero a un crucificado y luego al otro; pero al llegar a Jesús viendo que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, en cambio, un soldado le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua". Nos hallamos ante un milagro que revela, al mismo tiempo, la realidad del sacrificio y la divinidad de Jesús.

La exégesis llamó pronto la importancia de este pasaje confiriéndole una interpretación sacramental, interpretando la salida de la sangre como símbolo de la Eucaristía y la del agua como símbolo del Bautismo.

Para que no hubiera duda sobre el valor de la sangre y agua se asocia el suceso de Longinos (la lanzada) al del soldado, normalmente denominado Estéfaton, quien, antes de morir Jesús, cogió una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, se la dio a beber a Jesús (Mt 27,48-49). Una versión reformada del Evangelio de san Mateo, parece que procedente de Irlanda, interpoló el episodio de la lanzada (narrado por san Juan) entre el episodio del vinagre y la muerte de Jesús narradas por san Mateo (Mt 27, 49-50). Se quiere mantener así la significación sacramental que los Padres de la Iglesia conceden al episodio de la lanzada y tenía por resultado demostrar que Cristo continuaba estando vivo aún después de muerto, en la medida que la salida de sangre y agua manifiesta su fuerza vital.

El verdadero paso hacia la contemplación de la Sangre de Cristo, como de toda su humanidad se produce desde san Francisco de Asís en adelante, a lo largo de los siglos XIV y XV.

Su influencia en las manifestaciones artísticas es muy considerable. La tipología gira en torno al Crucificado de cuyas llagas mana abundante sangre recogida por ángeles, versión que se simplifica con un solo cáliz colocado a los pies del Salvador. Por extensión, en algunas representaciones de la Piedad, aparece también el cáliz junto a Jesús en brazos de su Madre. Una fórmula iconográfica importante será la fuente de la vida. Su fundamentación teológica se basa en la significación del agua como símbolo del Bautismo y la Sangre de la Eucaristía. Dos son las versiones principales de la Fuente de la Vida: en la primera, aparece Jesús crucificado, en la segunda, abrazado a la cruz. Pero la novedad consiste en la referencia a los sacramentos de la Iglesia que entroncan con la Sangre redentora. La Fuente de la Vida alcanza su iconografía más característica en la representación de un gran vaso en cuyo centro se eleva la cruz o aparece Jesús con el madero abrazado exprimiendo la llaga de su costado. A finales del siglo XV, por toda España se esculpía o pintaba el Cristo de la Sangre, como el de la famosa Capilla Dorada de la catedral nueva de Salamanca (1513-1525), que mana sangre de sus cinco llagas y es recogida en cálices sostenidos por cuatro ángeles, o los de Sevilla: el primitivo Crucificado que se encontraba en el Hospital de la Sangre de Triana al que se le vino a denominar, no sabemos por qué, el Cristo de las Aguas ¿Por las sequías o por la sangre y agua que brotaron del costado de Cristo?; el Cristo de la Sangre de la actual cofradía de San Benito; o el Cristo de la extinguida cofradía de los Clavos en cuya imagen salían unos hijos rojos de cada una de las llagas que se unían en las de los pies, símbolo de la Sangre derramada, que la Magdalena recogía en un cáliz.

La influencia de la Sangre o del Cristo de la Sangre fue muy grande en la iconografía cristiana de finales del siglo XV y siglo XVI.

No nos cabe la menor duda de que la devoción a la Sangre de Cristo es la que produjo el cambio de la devoción de la Verdadera Cruz gloriosa a la Verdadera Cruz pasionaria donde Cristo había sufrido su Pasión, de manera que la mayoría de las cofradías de la Santa Vera Cruz y sus Crucificados, tan extendidas durante el siglo XVI, aparecen como cofradías de la Santa Vera Cruz y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

- Otras devociones similares, también difundidas durante los siglos XIII al XV, y muy entroncadas con la de la Sangre, influyeron en la aparición de las cofradías de Semana Santa o de Pasión. Se trata de las devociones, que no podemos más que indicar, de las Cinco Llagas, de los Clavos, de la Corona de Espinas, de la Santa Faz que Cristo dejara grabada en el paño con que lo secó una mujer cuando caminaba hacia el Calvario y las caídas, las que sufrió Cristo a la largo de toda su Pasión, o las que en particular sufrió cuando cargaba con su Cruz camino del Calvario.

Ir al inicio de la página            Los actos extralitúrgicos.

A lo largo de los siglos bajomedievales durante la Semana Santa no se celebraron más que los actos litúrgicos: La Misa, los Oficios Divinos, los Maitines o Tinieblas, la adoración de la Eucaristía reservada en los Monumentos de las diferentes iglesias, y la veneración y ofrenda a la Cruz.

Sin embargo, podemos contemplar la aparición de ciertos actos extralitúrgicos o paralitúrgicos que también señalamos como posibles antecedentes de las cofradías de Semana Santa o de Pasión. Fueron algunos de éstos los siguientes:

- La representación entera de la Pasión que se efectuaba en el pórtico de alguna iglesia o en la plaza contigua el Domingo de Ramos, en cuya misa ya se lee la Pasión según San Mateo, desde finales del siglo XIII, como está documentado para la catedral de Zamora.

- El Sermón de Pasión. El Sermón de Pasión puede tener su origen en el sermón que Jesús pronunciara en la noche de la Cena, después de haber cenado y lavado los pies a sus discípulos, el sermón en que Jesús les encomienda un mandamiento nuevo (Jn 13, 33-26, especialmente 33-35). A partir de este sermón se desarrollaron ya en los siglos XIV y XV tres formas distintas de sermón:

- El sermón del mandato, que tenía lugar en la tarde del Jueves Santo en una ceremonia, separada de la Misa, que se celebraba por la mañana, en la que se procedía a lavar los pies a doce personas, pobres u otras personas.

- En algunos lugares hemos hallado un sermón del Prendimiento, pero creemos que es una invención de los siglos XVII ó XVIII.

- El sermón de la Pasión que tenía lugar el Viernes Santo o Viernes de la Cruz, como entonces se decía, y que adquirió dos formas distintas:

- El sermón de la Pasión predicado por la mañana temprano, como parece se celebraba en Jaén en torno 1460, sin que sepamos si iba o no unido a alguna ceremonia litúrgica o extralitúrgica.

- El sermón de la Pasión predicado por la tarde del Viernes Santo, del que tenemos más información. De éste conocemos los célebres y largos sermones que predicara san Vicente Ferrer por los años 1411 a 1416, cuyo texto ha llegado hasta nosotros, pronunciados en Valencia, en Murcia o en Toulouse (Francia). 6

Pero más interesante es el que hemos hallado documentado en la ciudad de León hacia 1450 que tenía lugar en la Catedral, lo pronunciaba el obispo y llevaba unida a la predicación del sermón el desarrollo de la acción de desclavar y descender el cuerpo de Jesús de la Cruz (un crucificado articulado) y su colocación en el sepulcro. 7

Ir al inicio de la página            Los disciplinantes.

¿Desde cuándo existieron disciplinantes públicos en la Península Ibérica?. Quizás hoy tenemos la posibilidad de contestar documentadamente a esta pregunta. Los disciplinantes, la práctica de la disciplina o autoflagelación pública, aparecieron en la Península Ibérica de la mano de san Vicente Ferrer en sus campañas de predicación de 1411-1412.

En sus sermones San Vicente habla de la penitencia como parte de la conversión interior del hombre hacia Dios, como penitencia sacramental por la que se nos perdonan los pecados y como medio de ascésis externa, en concreto la práctica de la flagelación:

"E, por ende, buena gente, dexat la mala vida e los pecados e faced penitencia, dando de comer a la ánima, vestiendo çiliçio e çiñendo una cuerda sobre la carne y azontándovos con desçiplinas, e ayunar e dormir en tierra e andar descalços, non vestir camisas". 8

Sabemos que San Vicente Ferrer viajó por Castilla de pueblo en pueblo, junto a una "compañía". Veamos cómo llegó y fue recibido en Toledo el día 30 de junio de 1411, después de haber comido en Nambrona:

"E entró encima de un pobre asno e [con] un sombrero pobre de palma en la cabeça, e santiguando e bendeziendo a unos e a otros. E todos nosotros asaz avíamos que fazer en defender que los omes e mugieres non llegasen a él a le besar las manos e ropas. E delante dél venían en proçesión fasta trezientos omes vestidos de pardo de su compañía e fasta dozientas mugieres, todas faziendo muchas oraçiones'. 9

El programa de un día completo en un pueblo o ciudad de san Vicente Ferrer y su compañía se terminaba con una procesión de penitencia por el pueblo en la que sus participantes practicaba la autodisciplina o se autoflagelaban. Así lo testifica el mismo santo cuando comenta en algunas ocasiones sus propias experiencias durante la procesión de penitencia. Las cadenas, los látigos y otros objetos de castigo ocupaban el escenario cuando caía la tarde y la sangre derramada provocaba la contrición tan buscada por el dominico:

"No trobareu en degun libre que jamés Déus mogués la gent a peniténcia pública com fara ara. Es hun senyal del món que és vell, que deu fallir tost, e ben tost. ¿Quantes lágrimes gitats vosaltres e quants crits de misericordia e lágrimes, no solament de aygua, mas de sanch, tots vespres en les professons que féts los huns ab diciplines punxants, altres ab açots, altres ab cadenes? Jamés fon fet sinó ara. Axí se résusciten homens e dones envellits en peccats. Yo vol~ ria que los preveres obrissen los huylls. Qué entén a fer nostre senyor Déus per aquesta obra? Que jamés fon feta tal penitencia. Pensat què deu fer nostre senyor Déus e què deu ésser del món. Veus: aquesta és la manera de fer penitència als envellits e endurits en peccats''. 10

Estas compañías de disciplinantes lanzadas por san Vicente Ferrer, en la segunda decena del siglo XV, debieron llegar a su máximo auge a mediados del mismo siglo, entrando después en crisis, de manera que no volverán a reaparecer sino unidas a las cofradías de la Santa Vera Cruz y Sangre de Jesucristo hacia 1520-1525, obra, en gran parte, no de los dominicos, sino de los franciscanos.

Ir al inicio de la página            Los diferentes tipos de cofradías de Semana Santa.

Dentro de las, diremos, más auténticas cofradías de Semana Santa podemos distinguir diferentes tipos:

- Las cofradías del Crucificado. Distinguimos dentro de este apartado, como un grupo primero cronológicamente y muy amplio, a las cofradías de la Vera Cruz.

No tenemos, al presente, duda alguna de que las cofradías de la Santa Vera Cruz, influenciadas, contagiadas y unidas a las de la Sangre de Cristo, son las primeras auténticas cofradías de Semana Santa o de Pasión, ya definidas. Creemos que las cofradías de la Vera Cruz y las cofradías de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y sus respectivos crucificados o son las mismas o arrancan de un tronco común. Nacieron en la segunda mitad o finales del siglo XV y se extendieron por toda Andalucía y por toda España después de la famosa carta del doctor Ortiz con el vivae vocis oraculo del Papa Paulo 111 a la Cofradía de la Vera Cruz de Toledo de 1536. Realizaban su estación de penitencia en la noche del Jueves al Viernes Santo. No llevaban más que un Crucificado pequeño que era portado a mano, al que con posterioridad se añadió una imagen de Nuestra Señora de los Dolores sobre unas parihuelas. Sus cofrades eran de luz y de sangre, los que se autoflagelaban durante la estación de penitencia. No llevaban ningún adorno o música, más que un tambor destemplado o una trompeta que "tocase de dolor". Así han perdurado las cofradías de la Santa Vera Cruz, y si han dejado de salir el Jueves Santo por la noche, practicar la disciplina o han incluido algún ornato, se debe al cambio y evolución de los tiempos. La mayoría de las cofradías de la Vera Cruz de los pueblos poseía su capilla propia en las afueras del lugar. Algunas de ellas tuvieron, al menos durante el siglo XVI, hospital propio. Creemos que estas cofradías de la Vera Cruz, fundadas en el siglo XVI, eran, si no ricas, al menos riquillas, por lo que la desamortización les afectó mucho más que a aquéllas que habían vivido siempre y exclusivamente de la limosna. De todos modos, desde el siglo XVIII en adelante apenas si se han vuelto a fundar nuevas cofradías de la Vera Cruz. En algunos casos se ha intentado resucitar la vieja cofradía de la Vera Cruz, fundada en el siglo XVI y presente en la mayoría de los pueblos. En algunos pueblos al no existir más que una cofradía de crucificado y ser ésta la de la Vera Cruz, este crucificado podía salir en procesión el Jueves y el Viernes Santo por la tarde y en esta segunda ocasión practicar con este crucificado la ceremonia del descendimiento.

El resto de las cofradías de crucificados han sido fundadas por diferentes causas. Muchas procesionan el Viernes Santo, algunas por la mañana y la mayoría por la tarde. El Viernes Santo por la tarde tenía lugar la ceremonia del descendimiento. Mientras que un sacerdote predicaba un sermón, con el cual dirigía la ceremonia, se desclavaba y descendía de la cruz una imagen de Cristo con los brazos articulados, que se depositaba en el sepulcro. Hoy esta ceremonia aún permanece en algunas ciudades y pueblos.

La confección de crucificados durante el siglo XVI fue tan grande que algunas cofradías de crucificados fundadas en los siglos XIX y XX han podido tomar un crucificado del siglo XVI.

En la ciudad de Sevilla, ya desde el siglo XVI, procesionaron las cofradías el Domingo de Ramos, el Miércoles, el Jueves y el Viernes Santo. En el siglo XIX se inventó el Martes Santo y en el siglo XX el Lunes Santo y el Sábado Santo. Algo semejante ha ocurrido en otras ciudades hispanas. En los pueblos hasta nuestros días no hubo procesiones más que el Jueves y Viernes Santo, solamente en los últimos 50 años han aparecido o se han trasladado al resto de los días de Semana Santa por imitación de las ciudades.

Las cofradías de crucificados surgen con toda fuerza en el siglo XVI, se mantienen sus fundaciones, pero muy decaídas, durante los siglos XVII, XVIII y XIX, y vuelven a resurgir con mucho ímpetu en el siglo XX, con posterioridad a la Guerra Civil.

- Las cofradías de Jesús Nazareno o Jesús llevando su cruz a cuestas. Existe un hecho sobre el que queremos llamar la atención en primer lugar: la existencia de unas cofradías de la Cruz unidas a la imagen y cofradías de Jesús Nazareno, las cofradías de la Santa Cruz de Jerusalén. La mayoría de estas cofradías dan culto a una imagen de Jesús llevando su cruz a cuestas, algunas han recibido en determinados lugares algunas advocaciones propias, como es el caso de las cofradías del Gran Poder en la ciudad de Sevilla y algunos de sus pueblos. Existe otro grupo, pequeño, cuya advocación e imagen son las diferentes caídas de Jesús bajo el peso de la cruz. Queremos destacar dentro de este grupo la evolución que sufrió una cofradía de Jesús caído de la ciudad de Osuna. En ella existía, desde el siglo XVII o XVIII una cofradía de nuestro Padre Jesús Caído, cuya imagen representaba el momento en que Cristo, tras ser azotado, era desatado de la columna y caía junto a ella. En la Semana Santa de 1963 se varió -no sin polémica interna- la iconografía del paso de misterio y desde entonces Jesús aparece en una de las caídas con la Cruz a cuestas en la calle de la Amargura.

Las cofradías de Jesús Nazareno son, también, del siglo XVI, el siglo de la explosión de cofradías de Semana Santa, aunque no llegan a un tercio de las cofradías de crucificados. Sin embargo, en los siglos XVII y XVIII las cofradías del Nazareno toman un auge, se desarrollan y se fundan en mayor número que las cofradías del crucificado. El siglo XIX es crítico para todas las cofradías. En el siglo XX, después de 1936, resurgen y se fundan casi tantas como en el siglo XVI.

Las cofradías del Nazareno en sus orígenes procesionaban en la madrugada del Viernes Santo, procediéndose al encuentro entre las imágenes del Nazareno y de María, su madre, con otros acontecimientos ocurridos en la calle de la Amargura y teniendo lugar un famoso sermón cantado y escenificado. 11

Tras los pregones se rememoraban los hechos que acontecieron en la calle de la Amargura: San Juan corriendo buscaba a María para llevarla ante su Hijo, quien tras darle las espaldas para que ésta no sufriera, comenzaba a andar simulando las Tres Caídas. Tras las caídas aparecía la mujer Verónica para limpiar el rostro a Jesús que, posteriormente, lo mostraba al público asistente. Finalizaba la ceremonia con la bendición de Nuestro Padre Jesús a todos cuantos se congregaban en la procesión.

En algunos lugares la misma imagen del Nazareno sale en procesión en dos ocasiones: una en la tarde del Jueves Santo, sin la cruz y con las manos atadas, como Jesús Cautivo, y otra en la mañana del Viernes Santo con la Cruz a cuestas.

- La Sagrada Entrada de Jesús en Jerusalén. Esta cofradía que se fundó, también, en el siglo XVI, se encuentra hoy presente en muchas ciudades y pueblos

- La Oración de Jesús en el Huerto. Se fundó esta cofradía en la ciudad de Sevilla en 1560. En la actualidad está presente en algunas otras ciudades y pueblos

- Jesús Cautivo. Es un tipo de cofradía de fundación reciente. En 1956 se fundó la cofradía en la ciudad de Sevilla. En la actualidad existe en otras ciudades y pueblos. En algunos lugares, la imagen del Nazareno procesiona sin la Cruz y con las manos atadas como Jesús Cautivo.

- Constituimos un grupo con un conjunto de cofradías que giran, más o menos, en torno al mismo misterio:

- Santo Entierro. Las primeras cofradías de este tipo se fundaron en el siglo XVI junto con la ceremonia del descendimiento del cuerpo muerto de Jesús de la cruz que ya se practicaba en la catedral de León a mediados del siglo XV. Está muy extendida por toda España.

- Nuestra Señora de los Dolores. Nos referimos a cofradías autónomas de María, no a imágenes que acompañan a otra de Cristo. Se presenta bajo diferentes advocaciones, la más común es la de Nuestra Señora de los Dolores, pero también de las Angustias, de la Quinta Angustia, de las espadas, del Traspaso, del Mayor Dolor y Traspaso, de la Piedad. Es muy frecuente en toda España.

- Nuestra Señora de la Soledad. Es también muy común. Existe una cofradía con cierta difusión que dudamos si unirla al grupo de Nuestra Señora de los Dolores o de la Soledad, es la cofradía de los servitas, fundada en Italia por los siete nobles florentinos en 1233, pero difundida en Castilla a partir de 1567, cuando se fundó en Madrid.

- Resucitado. En Castilla pensamos que tiene una antigüedad y una raigambre mucho mayor. Existe la cofradía y se celebra la fiesta y la procesión "del encuentro" con entusiasmo y aparato en las ciudades y en los pueblos. En Andalucía hemos de confesar que es una fiesta y una cofradía olvidada. Sólo después del Sínodo de Sevilla de 1972 se ha intentado introducir en la ciudad y los pueblos, seamos sinceros, con poca respuesta por parte del pueblo.

En algunas ciudades y pueblos las cofradías de Semana Santa de los días Jueves Santo por la tarde, Viernes Santo por la mañana y por la tarde reúnen, en una sola cofradía, todos los "pasos" que rememoran los hechos que ocurrieron en esas horas. En algunas ciudades se celebra una procesión magna o completa el Viernes Santo por la tarde.

Ir al inicio de la página            b) Las cofradías de disciplina.

Hemos definido estas cofradías como "aquellas cofradías de gloria, asociaciones de fieles, por lo general exclusivamente laicos, que teniendo como advocación a Jesucristo (pero no en su Pasión y Muerte), María (pero no asociada a la Pasión y muerte de Jesús), los santos y hasta las Ánimas Benditas del Purgatorio, o teniendo otros fines artesanales o benéfico-asistenciales, deciden practicar la penitencia pública: autoflagelación u otro tipo de penitencia durante los días de Semana Santa en una procesión o "Estación de Penitencia pública".

Pues bien, los orígenes de estas cofradías que hemos llamado de disciplina y no de Semana Santa pudieron ser muchos y diferentes. Se trata de las cofradías asociación de personas de un mismo oficio, cofradías hospitalarias, cofradías marianas, cofradías de la Santa Caridad, cofradías de la Misericordia, cofradías fundadas en una parroquia para enterrar a los difuntos de la parroquia, cofradías de las Ánimas Benditas de Purgatorio, cofradías Sacramentales (en los últimos años), etc., que en un momento dado incluyeron la "Estación de Penitencia" en una de los días de Semana Santa o se unieron y fusionaron con una de las cofradías de Semana Santa o de pasión.

Hermandades y Cofradías de Sevilla

Ir al inicio de la página3. El desarrollo de las cofradías, especialmente de Semana Santa, desde el siglo XII a nuestros días.

        1) La plenitud medieval, siglos XII y XIII.

Fueron unos siglos eminentemente cofradieros con la fundación y desarrollo de las cofradías de santos, las cofradías de María bajo múltiples advocaciones tanto en relación con sus misterios, sus gracias y favores, como en relación con los lugares donde estaba la imagen y, muy pocas, por no decir ninguna, cofradías bajo la advocación de Cristo.

Dos tipos podríamos destacar: Las cofradías de devoción a los santos protectores, patronos, abogados, defensores, y los hubo de todo y para todo; y las cofradías que reunían a las gentes de un mismo oficio o profesión bajo la advocación del santo protector del oficio: zapateros, médicos, cirujanos, correeros, peliteros (o pellejeros), mercaderes, sastres, laneros (es la opinión más común que en el seno de estas cofradías se originaron lo que después se denominarían gremios). Alguna de estas cofradías tuvo como abogada y patrona a María en sus diferentes advocaciones. Ambos tipos de cofradías, en muchos casos, poseyeron un hospital, es decir, son los siglos de las cofradías hospitalarias que más que un hospital no poseían sino los que hemos llamado hospitalitos que servía, a la vez, de hospital, asilo y refugio de pobres, peregrinos y transeúntes

Durante estos siglos se desarrollaron, también, las cofradías que agrupaban las gentes del mismo estamento social: caballeros, hidalgos, escuderos, pecheros, gentes de la misma región.

A caballo entre profesión y estamento social el orden de los clérigos, la aparición y desarrollo de las cofradías de clérigos, de canónigos, de beneficiados, de racioneros y otras denominaciones, por ejemplo, de los ciento, en este caso por razón del número.

Ir al inicio de la página        2) La Baja Edad Media, los siglos XIV y XV. El cambio del sentimiento religioso. Jesucristo en el horizonte devocional.

Perdurando los tipos y modos de cofradías anteriores se produce una gran novedad: Jesucristo, su vida de Belén al Calvario, su Pasión y Muerte, llena la vida devocional. Durante estos dos siglos creemos aún no se funda cofradía alguna de las que hemos denominado como cofradías de Semana Santa, pero son los siglos durante los cuales, como ya hemos explicado, se gesta esta nueva devoción. Sí se fundan, y en este caso por expreso deseo de la Jerarquía Eclesiástica, después de la celebración del Concilio de Vienne, 1311-1317 (XV Concilio Ecuménico), las cofradías del Corpus Christi, del Cuerpo de Cristo o del Cuerpo de Dios, van unidas a la celebración de la misma fiesta que obtiene su difusión pública en la Iglesia en el citado concilio.

Otras cofradías del siglo XV serán las que se fundaron para el entierro de los difuntos: cofradías de Santa María en algunas parroquias, cofradías de la Caridad o Santa Caridad para el entierro de los muertos y cadáveres abandonados. También aparecen las cofradías de la Misericordia para ayudar a los diferentes necesitados y a los enfermos.

Ir al inicio de la página        3) El siglo XVI como el siglo de la aparición y expansión de las cofradías de Semana Santa o de Pasión.

Son fruto de todo el movimiento pasionista de los siglos XIII, XIV y XV ya expuesto. Son el resultado del movimiento reformista que busca un cristianismo más auténtico desde comienzos del siglo XVI y que llega a diferentes partes de España, también a Andalucía. Más en concreto son fruto de la presencia del mensaje erasmíano (Erasmo de Rotterdan, 1467-1536) que según J.L. Abellán: "se resume en un predominio de las virtudes de sencillez, intimidad, humildad, caridad y amor, y, en definitiva, vuelta al espíritu evangélico, rechazando todo lo que se le opone", 12. Son el efecto de las predicaciones de los grandes predicadores que recorren España y Andalucía durante aquella centuria: San Juan de Ávila o el maestro Ávila, Fernando de Contreras, Agustín de Esbarroya O.P., Domingo de Valtanás O.P. y de tantos otros que siguieron predicando en la segunda mitad del siglo XVI. Son la consecuencia de la carta del Dr. Ortiz que contenía el vivac vocis oraculo del Papa Paulo III a la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Toledo en 1536. Son fruto, finalmente, del final del Concilio de Trento (1545-1564). No es extraño que el siglo XVI se convirtiera en el del gran movimiento de fundación y auge de las cofradías de Crucificado.

Numerosos grupos de laicos devotos se reúnen y fundan una cofradía o hermandad en honor a una imagen del Crucificado en el deseo sencillo, austero, íntimo, de imitar a Jesús e imitarle en su Pasión y Muerte.

Nunca más como en el siglo XVI se volverán a fundar cofradías en torno al Crucificado, su Sangre, los Misterios de su Pasión y Muerte. El siglo XVI es el siglo de la fundación de las cofradías en torno a la Pasión y Muerte de Cristo, de manera que los siglos siguientes vivirán para mantener aquella gran explosión de cofradías cristíferas, cuya vida se prolongará por la influencia de diferentes motivos intrínsecos y extrínsecos a la misma religiosidad cristiana. 13

Sólo el actual siglo XX, después de la Guerra Civil de 1936 a 1939, cobra un ímpetu fundador o refundador de cofradías de Sernana Santa o de Pasión, explicable por otras razones que ya no las del siglo XVI.

Durante el siglo XVI, además de estas cofradías cristíferas de Semana Santa, se mantuvieron los tipos anteriormente expuestos, especialmente las de Santa Caridad y Misericordia y se fundaron otras nuevas. Hemos de destacar de manera especial la aparición de las cofradías del Santísimo Sacramento (ya habían existido las del Cuerpo de Cristo) que tuvieron como gran inspiradora a Teresa Enríquez (+1529), 14. También surgen las cofradías del Rosario, pero el gran movimiento rosariano será de los siglos XVII y XVIII. 15

Ir al inicio de la página        4) El siglo XVII. El cambio producido por la llegada de la época barroca. El siglo del Nazareno.

Durante el siglo XVII varios hechos nos llaman la atención de manera especial. En primer lugar y más importante, se detiene el ímpetu fundador de cofradías cristíferas, quizás habían llegado a ser excesivas. En Sevilla el sínodo del cardenal don Fernando Niño de Guevara de 1604 trató de poner un poco de orden. Intentó reducirlas, cosa que no consiguió, pero la obligación de que todas hicieran estación en la catedral contribuyó mucho a regular sus desfiles. De todos modos, comienza una época de fusiones y reorganizaciones de cofradías que hace a veces difícil seguirles la pista. En segundo lugar, mientras que la fundación de cofradías en torno al Crucificado decae, la fundación de cofradías en torno al Nazareno, que había sido ya relativamente alta durante el siglo XVI, se mantiene o cobra un cierto auge, de tal manera que llamaríamos al siglo XVII el siglo del Nazareno. Todo lo que hemos dicho al hablar de este tipo de cofradías se desarrolla durante los siglos XVII y XVIII.

Pero un hecho dañino invade la religiosidad en general y, también, la religiosidad de las cofradías de Semana Santa o de Pasión, es lo que llamamos el barroco y el barroquismo. Es el triunfo de un modo de vivir brillante y ostentoso, es el triunfo de la forma, de lo externo, es un modo de vivir resultante y en consecuencia con el poder de los grandes monarcas, con la fluyente riqueza de los Estados, con la próspera situación del Cristianismo que obtiene una vida pujante a partir del triunfo de Trento y la Contrarreforma. Es un modo de vivir que se manifiesta en todos los aspectos de la vida, que lo apreciamos claramente en el arte, pero que influye en la religiosidad y, por ello, también, en las cofradías. En general, pensamos, que la cofradía barroca es la misma cofradía penitencial, de disciplina o de sangre del siglo XVI, que pierde austeridad, que avanza por el camino del boato y de la esplendidez y deriva hacia situaciones festivas, no muy en consonancia con la contemplación e imitación de la Pasión de Cristo.

Otras devociones, populares y elitistas, pudieron llenar los huecos religiosos del pueblo al que comenzaban a no satisfacer las cofradías en torno a la Pasión y Muerte de Cristo. A nivel popular durante el siglo XVII se configuró de modo definitivo la vertiente mariana de la piedad hispana. Primero, en la primera mitad del siglo, con la explosión concepcionista; más tarde, con el auge de los rosarios públicos. Todo ello dejó, también, su impronta en las cofradías de Semana Santa que acentuaron su devoción mariana y la presencia de las imágenes de María en ellas. A nivel elitista, la introducción de la Escuela de Cristo, congregación de sacerdotes y seglares con rasgos muy típicos de la piedad barroca.

Un último hecho hemos de recordar para esta décima séptima centuria. La crisis general de la España de la segunda mitad del siglo XVII pudo influir en las cofradías de Semana Santa que entraron en una cierta crisis material.

Ir al inicio de la página        5) Una continuación de lo anterior con una cierta recuperación, al menos, formal, exterior y material de las cofradías de Semana Santa durante los primeros 75 años del siglo XVIII.

La piedad, en general, sigue siendo barroca y sentimental y dentro de estos cauces se propaga con fuerza irresistible, precisamente cuando los estudios serios de Teología acusaban una progresiva decadencia.

Las cofradías de Semana Santa tienen una vida irregular dependiendo de su situación material que pudo durante estos años mejorar. En general, prosigue la tendencia anotada para el siglo XVII, con un auge en las cofradías de Jesús Nazareno. Ahora las devociones pasionales se tendrán que enfrentar con nuevas devociones. En 1703 predica el capuchino fray Isidoro de Sevilla la devoción a la Divina Pastora. Acogida al principio con sorpresa y algunas protestas, alcanzó luego bastante popularidad, aunque no la universalidad de las marianas del siglo XVII. Pero surgieron otras nuevas o se renovaron en toda España en la misma línea barroca y sentimental: la devoción a las Ánimas del Purgatorio, al Corazón de Jesús, a San José, a San Antonio de Padua.

Ir al inicio de la página        6) El siglo de las crisis en las cofradías de Semana Santa, 1768-1874.

Desde la llegada del reinado de Carlos III (1759-1783) hasta la restauración borbónica de Alfonso XII en 1874, vivieron las cofradías en general y, especialmente, las de Semana Santa una serie de crisis, que aunque no fueron permanentes, de manera que podemos observar diferentes dientes de sierra en la evolución de las cofradías, sí que fueron repetidas y algunas muy duras.

La primera fue la que hemos llamado crisis institucional, 16. En Sevilla comenzó con la llegada del asistente Pablo de Olavide (1767-1775), quien en 1768 determinó que las cofradías sevillanas no volvieran de noche, por lo que algunas de las que pensaban hacer su estación de penitencia no la realizaron.

Claro es que al obrar así seguía los criterios y órdenes del Gobierno que pidió una relación de las hermandades y cofradías y demás congregaciones y gremios. Por ella sabemos, por poner un ejemplo que nos es conocido, que en el Reino de Sevilla había 426 hermandades, 374 cofradías, 50 congregaciones y 21 órdenes terceras.

El asistente Olavide se asustó y, no saliendo de su asombro, propuso severas medidas para suprimir unas y reducir otras a la Jurisdicción civil, intentando hacer revertir los bienes de las cofradías y hermandades suprimidas en una obra más útil: la creación de un hospicio para recoger a los pobres enfermos de la ciudad. Ni los intentos de supresión de cofradías y hermandades, ni los proyectos de creación del hospicio se hicieron realidad.

Pero las disposiciones del Gobierno tuvieron sus efectos. Se suprimieron muchos excesos y todas las cofradías, si querían que continuase su existencia, se vieron en la obligación de renovar sus reglas y presentarlas a la aprobación del Consejo Supremo de Castilla. La política de Carlos III se continuaría durante el reinado de Carlos IV (1788-1808) bajo cuyo gobierno comenzaría una política desamortizadora.

La segunda crisis coincide con la presencia francesa y la guerra de la independencia (1808-1814). Una sola palabra define estos años: los saqueos efectuados por los franceses.

La tercera crisis se alarga durante los reinados de Fernando VII (1814-1833) e Isabel II (1833-1874) con momentos de auge y de crisis intensa, según que el país fuera gobernado por los liberales o los conservadores. De 1814 a 1820, período de restauración absolutista radical, las hermandades y cofradías comenzaron a recuperarse. De 1820 a 1823 se extiende el Trienio Liberal y Constitucional, las autoridades locales prohibieron la salida procesional de las cofradías durante seis años, de 1820 a 1825. La década de 1823 a 1833 fue moderada, los desfiles procesionales de las cofradías de Semana Santa aumentan considerablemente con excepción de un año, 1831.

Cuando Isabel II llegó al trono en 1833 era una niña de tres años. Comienza, pues, su reinado con un período de regencia que duró diez años (hasta 1843) en los que volvió la revolución liberal-burguesa. Se disuelven las órdenes Religiosas y se las despoja de sus bienes, en 1835, con lo que se cierran muchas iglesias. Se avanza en el proceso desamortizador hispano. Fueron años duros para las cofradías. En mayo de 1844, con Narváez en el poder, comenzaba la gran época moderada, 17, período de veinticinco años muy favorable para la vida de las cofradías.

De 1868 a 1874, el Sexenio Revolucionario, la Historia de España se vive de prisa en un torbellino de acontecimientos: expatriación de Isabel II, Amadeo I rey de España, la primera república, hasta que el 29 de diciembre de 1874 era proclamado rey Alfonso XII. Para el mundo cofradiero fueron aquéllos unos años difíciles con momentos muy duros y otros pintorescos. Por primera vez en su historia, las cofradías de Semana Santa de la ciudad de Sevilla fueron subvencionadas por orden del Gobierno de la Nación, que no quería que Sevilla se quedara sin sus desfiles cofradieros. La política comenzaba a preocuparse por las cofradías, desde el punto de vista de la religión y del cristianismo todo un mal síntoma. Las cofradías dejaban de ser la manifestación de la religiosidad de un pueblo para comenzar a ser una de las o la manifestación cultural de ese mismo pueblo.

Ir al inicio de la página        7) El desarrollo creciente de las cofradías románticas, 1875-1930. 18.

Para un observador superficial o que no le dé importancia al elemento primordial de las cofradías y de las cofradías de Semana Santa que es o debe ser su religiosidad cristiana, la contemplación e imitación de la Pasión y Muerte de Jesús, este período que hemos acotado fue, ciertamente, un período brillante para la vida de las cofradías.

Las cofradías se identifican con el pueblo, con el barrio de la ciudad y comienzan a sentirse más expresión cultural de ese pueblo de gusto refinado, amante de lo estéticamente bello, que manifestación religiosa de un pueblo que contempla e imita y, de este modo, celebra la Pasión y Muerte de Jesús, el Hijo de Dios. Son los años en que se desatan la música, las flores, el palio, los bordados. Son las cofradías de Sevilla que describiera Eugenio Noel, periodista madrileño, en marzo de 1916. No compartimos las tesis de Noel, pero sí hemos de decir algo: Si Noel es sincero y cuenta lo que eran las cofradías, sus estaciones de penitencia y el modo como las gentes presenciaban su paso, aquello tenía muy poco, por no decir "nada" de cristiano. 19

Si a esto le añadimos la situación político-social, se nos aclararan muchas preguntas sobre lo que pasó pocos años después. En la España de aquellos años el caciquismo era muy grande, el republicanismo carecía de fuerza, el socialismo no conseguiría sacar candidatos hasta 1919, pero la inmensa mayoría de los jornaleros profesaban el credo anarquista y no participaban en el juego electoral. En general, el régimen político de la Restauración benefició a las clases dirigentes.

Por último nos preguntamos: ¿Qué repercusión tuvo la encíclica Rerum Novarum de León XIII de 1891 ? En general, en España ninguno, hubo clérigos que rezaron por la conversión del Papa. ¿Qué repercusión tuvieron los Círculos Católicos de Obreros que fray Ceferino González, obispo de Córdoba de 1875 a 1883, y arzobispo de Sevilla de 1883 a 1885 y de 1886 a 1889, había fundado abundantemente en Córdoba? Nos atrevemos a contestar que en Sevilla ninguna, ni el mismo fray Ceferino González, que tanto se había movido como obispo de Córdoba, realizó algo, en el mismo sentido, en Sevilla.

La etapa romántica con toda su exultante restauración cofradiera no fue sino la puerta mejor abierta para la catástrofe que llegó inmediatamente después.

Ir al inicio de la página        8) La catástrofe cofradiera de los años treinta.

Los sucesos en los que se vio envuelta la Iglesia Hispana en general y, en concreto, sus hermandades y cofradías, durante los años de la Segunda República y la Guerra Civil de 1936 a 1939, no se nos ocurre denominarlos de otro modo que de verdadera catástrofe religiosa y eclesiástica.

Conocemos los hechos, que unos autores amplían y que otros reducen o reinterpretan desde su mentalidad y desde su punto de vista. Se necesitaría un estudio más profundo y objetivo de ellos y, sobre todo, de sus causas, de las que hemos intentado atisbar en el apartado anterior. ¿Cómo en España, en Andalucía, en la patria de las cofradías y hermandades exultantes, se pudo llegar a cometer los actos que aquí se cometieron?.

Los sucesos de la ciudad de Sevilla (hemos de referirnos a un hecho concreto) de los años 1932 y julio de 1936 nos son bien conocidos, 20. Para los pueblos citamos exclusivamente el nombre de aquéllos donde, a través de las obras por nosotros dirigidas, 21, o se quemaron las imágenes, o se quemó la iglesia con todas sus pertenencias, o se salvaron las imágenes a pesar de ser quemada la iglesia o la ermita porque se ocultaron, o se intentó quemar la iglesia y las imágenes pero fueron defendidas por algún valiente mosquetón en mano, el menor de los casos. Estos pueblos fueron: Aguadulce, Alanís, Alcalá de Guadaira, Alcolea del Río, Algámitas, Arahal, Aznalcázar, Aznalcóllar, Brenes, Casariche, Castilblanco de los Arroyos, Cazalla de la Sierra, Constantina, Coria del Río, Los Corrales, Dos Hermanas, Guadalcanal, Herrera, Lora de Estepa, Lora del Río, Mairena del Alcor, Marinaleda, Marchena, Morón, Paradas, Pruna, La Puebla de Cazalla, El Rubio, El Suacejo, Tocina, El Viso del Alcor. Treinta y un pueblo de los 86 donde hemos hallado cofradías de Semana Santa (36%).

Ir al inicio de la página        9) La reacción de la post-guerra, 1940-1970.

En la diócesis de Sevilla (otra vez hemos de referirnos al caso que mejor conocemos) de 1937 a 1968 (32 años) se fundaron 35 cofradías (58,33 ó 54,68%) Fue una verdadera reacción a los sucesos de los años treinta, pero diremos que una reacción manejada. No todo fue una justa reacción religiosa, la política o el gobierno entonces en el poder supo meter su mano y hacerse muy presente en este resurgir cofradiero. Podemos afirmar que con el impulso gubernamental -populista y el auténticamente cristiano todas las cofradías y hermandades y, especialmente, las de Semana Santa, lograron un auge de fundaciones como no lo habían tenido desde el siglo XVI.

Ir al inicio de la página        10) El parón conciliar, 1970-1980.

Es bien sabido que las líneas orientativas del Concilio Vaticano II, 1962-1965, ni nacieron del pensamiento teológico o pastoralista hispano (que no lo había), ni fueron en la dirección del cristianismo que se practicaba en España y mucho menos en Andalucía.

El Concilio Vaticano II o las interpretaciones que de él se hicieron, supuso la implantación de una religiosidad intelectual, esencial, pura, despojada de elementos accesorios, preocupada por la construcción del mundo, más que por el culto público a la divinidad (un cristianismo arreligioso). Una liturgia y sus manifestaciones en el mismo sentido, con unos textos de la Sagrada Escritura y de la liturgia, traducidos a la lengua vulgar para que se entiendan y lograr, así, que desaparezca el aspecto mágico. Una Liturgia centrada en los elementos esenciales litúrgicos: Los sacramentos, la Eucaristía, despreciando los elementos o manifestaciones menos o nada litúrgicos: procesiones, romerías, cofradías. Una religiosidad y liturgia centroeuropea frente a una religiosidad y liturgia, al menos en lo popular, hispana.

Nos atrevemos a opinar que la Jerarquía Eclesiástica Hispana o buena parte de ella pensó y deseó que desaparecieran las hermandades y cofradías, también las de Semana Santa. Más aún, algunos obispos en algunas diócesis creemos que lo consiguieron. No ocurrió en Sevilla ni en aquellos lugares donde la Semana Santa y sus cofradías estaban ya incrustadas en el pueblo. A pesar de la apatía, mala cara y, en ciertos casos, oposición clara de la Jerarquía Eclesiástica o del clero, las hermandades y cofradías de Semana Santa pervivieron porque lo quiso el pueblo (suponemos que) cristiano.

En 1973 se celebró en Sevilla un Sínodo Diocesano que intentó traer a la problemática especial hispalense las doctrinas del Concilio Vaticano II. El tema de las Asociaciones de laicos se concretó en un conjunto de criterios de renovación y compromisos para procurar una mayor formación religiosa, un dinamismo evangelizador y catequético, un testimonio apostólico claro y una depuración de elementos y manifestaciones externas, como lujos y joyas, estrenos innecesarios, nombramientos honoríficos, conservando las expresiones de la religiosidad popular que no estuviesen vinculadas a errores definidos por la competente autoridad.

Ir al inicio de la página        11) La religiosidad popular, 1980 en adelante.

Un nuevo hecho tiene lugar en la España de los años 80, al margen de las reformas conciliares y sinodales y, en gran medida, fruto de la política del momento, un hecho inquietante, en cierta medida, que denominamos el despertar y aprovechamiento de la religiosidad popular. Ya el mismo Concilio Vaticano II en su Constitución sobre la Sagrada Liturgia, números 30 al 47, admite la incorporación de los elementos populares e indígenas a la liturgia. Estos elementos van a ser defendidos desde otras instancias, desde la política izquierdista hispana, que se apoyan en el pensamiento del italiano Antonio Gramsci (1891-1937).

Gramsci realizó un análisis del catolicismo, el más crítico, agudo y penetrante de todos cuantos se han hecho desde la perspectiva del ateísmo político y filosófico. Se preocupa en sus obras de los elementos populares e indígenas, sean o no religiosos, pero como integrantes de una cultura político-filosófico-religiosa, en una unidad dialéctica y en orden a edificar "una civilización total'. Esta defensa de los elementos populares y folklóricos gusta al pueblo. El pensamiento de Gramsci ha sido adoptado en España por una nueva élite de izquierdas, progresista, atea o agnóstica.

En 1982 el PSOE ganaba las elecciones generales y comenzaba a gobernar España. Sus dirigentes comprendieron que el cristianismo estaba tan arraigado entre los españoles, que no podían enfrentarse de nuevo con él, cara a cara, pues volveríamos a la situación de 1931. Era necesario, pues, dar un rodeo, minar, manipular la religión cristiana y sus instituciones, llevarla, reconducirla a sus intereses y, así, sería todo más fácil.

Con el triunfo del PSOE coincide la vuelta en España hacia la religiosidad popular. El PSOE se ha convertido en su gran defensor, no en cuanto religiosidad, sino en cuanto popular, convirtiendo la religión o la religiosidad en una cultura popular, propia del pueblo, no de la Iglesia, y menos de la Jerarquía Eclesiástica. Con ello pretende obtener puntos de ventaja sobre la misma Iglesia, o al menos sobre la Jerarquía Eclesiástica ante el pueblo amante de lo suyo y de sus tradiciones, pues la Iglesia postconciliar luchó contra las manifestaciones populares mientras que el PSOE las defiende.

A remolque del pueblo y de los defensores de lo popular y de lo religioso-popular, la Jerarquía Eclesiástica, al darse cuenta de que esa religiosidad popular se les escapa y podía ser utilizada contra la Iglesia Católica, comenzó a girar hacia ella lentamente.

En Andalucía están muy claros los pasos de vuelta de la Jerarquía Eclesiástica hacia la religión popular, lo que va a quedar manifiesto en tres documentos que marcan otros tantos momentos en este acercamiento:

Ir al inicio de la página        12) Un porvenir cristiano.

El 29 de marzo de 1991 publicamos en ABC un artículo titulado: "Reflexión de presente. Temor de futuro". En él escribíamos: "El temor es doble. Por una parte al Gobierno Socialista puede que deje de interesarle la religiosidad popular, con la que no han obtenido los frutos esperados y puede que adopte, en adelante, una actitud beligerante con la Iglesia en general. Pero grave para nosotros sería que cambiase la postura eclesial actual, que se terminara con aquel esfuerzo por profundizar las hermandades y cofradías en su vida cristiana, en los aspectos lítúrgicos, culturales, benéficos y sociales, para entregarse de nuevo y solamente al culto externo de bombo y platillo".

Nuestros temores han desaparecido por completo. El PSOE nunca volvió a posturas beligerantes. La Jerarquía Eclesiástica ha continuando trabajando por la renovación espiritual, benéfico-asistencial y cultural de las cofradías y hermandades y éstas mismas, sus dirigentes y sus hermanos y cofrades han comprendido y han entrado por los caminos señalados.

No hay una cofradía sin una preocupación social o benéfico-asistencial muy seria. No hay una hermandad o cofradía sin una bolsa de caridad, sin una obra asistencial de gran calado que se está llevado cada día adelante, sin una atención diaria a las necesidades de sus hermanos y cofrades y de todas las gentes que vienen a pedirles una ayuda.

Las hermandades y cofradías han entrado en un camino de búsqueda de una auténtica espiritualidad, la suya propia, pero proyectada a las necesidades de este siglo que agoniza y de un nuevo milenio que comienza. Y como mejor ejemplo el I Congreso Internacional de Hermandades y Religiosidad Popular.

Una última preocupación ha prendido en las hermandades y cofradías, la cultural. Las hermandades y cofradías han comenzado a preocuparse por sus papeles, por su archivo, que hay que defenderlo igual que se defienden los objetos artísticos. Celebran conferencias sobre su historia y sobre su espiritualidad, organizan semanas sobre "fe y cultura", mesas redondas, reuniones periódicas, etc. etc.

Las hermandades y cofradías se han vuelto serias, puntuales, religiosas, todas, en su procesión o estación de penitencia, sin abandonar el gusto por lo bello, por lo estéticamente bello, que constituye parte de la entraña de este pueblo hispano.

¡Que sigan así y mejor durante muchos años!

D. José Sánchez Herrero

Catedrático de Historia Medieval. Universidad de Sevilla

Licenciado en Filosofía, Universidad Pontificia de Salamanca

Licenciado en Teología, Universidad Gregoriana de Roma

Licenciado en Filosofía y Letras, Universidad Complutense de Madrid

Doctor en Filosofía y Letras (Sección de Historia) Universidad de La Laguna (Tenerife)

Presidente del Grupo de Investigación C.E.I.R.A. (Centro de Estudios e Investigación de la Religiosidad Andaluza)

 

Hermandades y Cofradías de Sevilla

Ir al inicio de la páginaNOTAS.

1 Especialmente nos hemos apoyado en varias obras de nuestra dirección:


2 Gilles Gerard MEERSSEMAN: Ordo fraternitatis. Confraternite e pietá de¡ laici nel Medioevo. In collaborazione con Gian Piero Pacini. Herder Editrice e Libreria. Roma, 1977. Tres volúmenes.


3 André VAUCHEZ: Les laics au Moyen Agc. Pratiques et expériences religieuses. Les éditions du cerf. Paris. 1987 95-96.


4 Sigue siéndolo hasta el presente, aunque en algunos lugares, a pesar de lo que se ha trabajado, apenas si se celebra.


5

  • José SÁNCHEZ HERRERO, El origen de las cofradías de Semana Santa o de Pasión en la Península Ibérica" en Temas Medievales, 6, Programa de Investigaciones Medievales. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Buenos Aires, 1996, pp. 31-79.
  • José SÁNCHEZ HERRERO, "Introducción" en Esperanza de Triana, ob. cit., pp. 13-25.
  • José SÁNCHEZ HERRERO, "La devoción a Jesús llevando a cuestas su Cruz o la devoción al Nazareno" en Nazarenos de Sevilla, ob. cit., pp.9-41. José SÁNCHEZ HERRERO, "La Cruz. El Crucificado. El desarrollo de una devoción" en Crucificados de Sevilla, ob. cit., pp.9-53.
  • José SÁNCHEZ HERRERO, Piedad y artes plásticas. La devoción a la Preciosa Sangre de Cristo durante los siglos XIII a los primeros años del XVI y su influencia en las manifestaciones artísticas" en Coloquio Internacional, Piedade Popular, sociabilidades, representaçoes, espiritualidades. Lisboa- FCSH/Unl 20 a 23 de Novembro, 1998. En prensa.

6 Pedro M. CÁTEDRA. "La predicación castellana de San Vicente Ferrer en Boletín de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona. XXXIX, 1983-1984. p. 238. M. CANAL, Sermón del Viernes de la Cruz, Salamanca, 1927. J. ZARZO y CUEVAS, "Sermón de Pasión predicado en Murcia por San Vicente Ferrer en La Ciudad de Dios, nº 148, 1927. pp. 122-147. C. BRUNEL, 1.e Sermon en langue vulgaire prononcé a Toulouse par saint Vicent Ferrer le Vendredi Saint l4l6" en Bibliotheque de l'Ecole de Chartres, CXL, 1954, pp. 5-53.


7 José SÁNCHEZ HERRERO, Las diócesis del Reino de León. Siglos XIV y XV. León, 1978, pp. 290 y 322.


8 Sermón predicado en Ayllón , durante la semana del 13 al 19 de septiembre de 1411. Pedro M. CÁTEDRA, Sermón Sociedad y Literatura en la Edad Media. San Vicente Ferrer en Castilla (1411-1412). Junta de Castilla y León, Consejería de Cultura y Turismo. 1994. Sermón 3 fol. 19r. pp, 136-139.


9 Pedro M. CÁTEDRA. "La predicación castellana de San Vicente Ferrer" apéndice 1: Relación a don Fernando de Antequera de la predicación toledana de San Vicente Ferrer, en Boletín de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, 39 (1983-1984), pp. 235-309.


10 San Vicent Ferrer: Sermons. Edición de Josep Sanchís Sivera, vol IV. Editorial Barcino. Barcelona 1988, p. 31.


11 Sería bueno reproducirlos y conservarlos para la posteridad ahora que ya no se pronuncian.


12 J.L. ABELLÁN, El erasimismo español . Madrid, 1982, p. 102.


13 José SÁNCHEZ HERRERO: "Las cofradías de Semana Santa de Sevilla durante la Modernidad. Siglos XV a XVII" en Las cofradías de Sevilla en la Modernidad, ob. cit. pp. 27-97.


14 José RODA PEÑA, Hermandades Sacramentales de Sevilla. Sevilla 1996.


15 Carlos José ROMERO MENSAQUE, El Rosario en Sevilla Religiosidad popular y hermandades de gloria. Sevilla 1990.


16 José SÁNCHEZ HERRERO: "Crisis y permanencia. Religiosidad de las Cofradías de Semana Santa de Sevilla, 1750-1874"' en Las cofradías de Sevilla en el siglo de las crisis. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1991, pp. 35-84.


17 Algunos prefieren extender el llamado siglo de las crisis solamente hasta esta fecha de 1844.


18 José SÁNCHEZ HERRERO: "Las cofradías de Semana Santa de Sevilla entre 1875 y 1990. Su evolución religiosa, benéfica, socio-económica e implicaciones políticas" en Las cofradías de Sevilla en el siglo XX. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1992, pp.45-123.


19 Eugenio NOEL: Semana Santa en Sevilla. Edición. introducción y notas de Jorge Jiménez Barrientos, Manuel J. Gómez Lara. Universidad de Sevilla, 1991, pp. 215-216, 226 y 271.


20 Leandro ÁLVAREZ REY, La derecha en Sevilla durante la II República. Sevilla, 1986, pp. 371-393. 


21 Los Nazarenos de Sevilla, Los Crucificados de Sevilla.

 

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