El Pregón >
Textos
de Pregones
> Pregón de las Glorias 2009
![]()
Francisco Javier Segura Márquez
Sevilla 16 de Mayo de 2009
- ENTRE DOS AGUAS POR LA REINA DE REYES. SALUDO Y HOMENAJE A JUAN MARTÍNEZ ALCALDE
- LA PROCESIÓN CHICA DE LA SALUD
- LA GLORIA DE LOS SANTOS. LA REINA DE TODOS LOS SANTOS DE LAS GLORIAS DE SEVILLA
- LOS JÓVENES DE GLORIA, CON VALVANERA
- AUXILIO Y ALEGRÍA PARA EL POLÍGONO SUR
- AMAR A MARÍA A LA FORMA ROCIERA
- DEFENDIENDO EL DOGMA DE TU PUREZA
- EL SOL Y LA VIRGEN DEL AMPARO
- EL ROSARIO DE LOS NIÑOS DEL ROSARIO DE SEVILLA
- EL NIÑO Y LA VIRGEN DEL CARMEN, DEFENSORA DE LA VIDA
- LA VIRGEN QUE VINO DE LEJOS
- UN BESO PARA MI PASTORA
- CONCLUSIÓN: ANTE EL CORAZÓN DE JESÚS
A todos los que me han ayudado en la vida y confiaron en mí
A los fotógrafos que me han prestado sus ojos para enseñaros a través de ellos las Glorias de Sevilla
ENTRE DOS AGUAS POR LA REINA DE REYES. SALUDO Y HOMENAJE A JUAN MARTÍNEZ ALCALDE
Dicen que el Rey San Fernando
pensó con cuál se quedara.
Dicen que el Rey las miró
y se quedó entre dos aguas.
Así viene el pregonero,
también la duda le embarga.
Yo se que nuestra Patrona
tiene un trono en cada casa.
Yo se que nuestra Patrona,
desde que sale a su Plaza,
convierte el quince de agosto
en fiesta que no se acaba,
y yo la llevo en los ojos,
hasta que el tiempo se para,
mientras bendice a sus hijos
la Asunción de Cantillana.
Yo se que nuestra Patrona
tiene un espejo de plata,
donde se mira triunfante
como Asunción de las Gradas.
Yo se que tú eres muy grande,
que tú das sin pedir nada,
torre de marfil bellísima,
firme como las murallas,
dentro de la catedral
el más admirable alcázar.
Yo se que tienes, María,
cetro de amor que se canta,
yo me entrego a tu esplendor,
yo soy tuyo, lo que pasa,
que al igual que San Fernando,
las dudas de amor me alcanzan,
y en tal grandioso dilema
sigo estando entre dos aguas.
Yo no me puedo olvidar
de aquella imagen sagrada,
que en la Iglesia Colegial
del Salvador nos aguarda.
De esa Virgen que el Rey Santo,
viéndola tan acertada,
puso en la segunda iglesia
de su Híspalis Cristiana.
Allí ganó devociones,
allí recibió plegarias,
y fue por su devoción
y fue por tanta alabanza,
por lo que vemos ahora
iglesia tan bien plantada.
La duda del Santo Rey
nos sirvió para advocarla.
No dejaré que te olviden,
mi Señora de las Aguas.
Por eso estaba dudando,
por eso yo suspiraba,
por la Reina de los Reyes
y la Virgen de las Aguas.
Reyes y Aguas, las dos,
las imágenes hermanas.
La duda del Santo Rey
hoy en mis versos no cambia.
Yo no se con cual quedarme
entre las dos Soberanas.
La Virgen del Salvador
yo la nombro y me arrebata.
A la Virgen de los Reyes
yo la nombro y se me escapan
los suspiros en presea
para otra vez coronarla.
Bendice, Reina de Reyes,
esta tarde mis palabras.
Váleme, Virgen bendita,
Fuente de preciosas Aguas.
Yo vengo con un Pregón
escrito con toda el alma.
Mas aunque yo no trajera,
ni un verso, ni una palabra,
si yo me quedara en blanco,
si en un momento dudara,
haría como el Rey Santo,
cuando quedó entre dos Aguas,que vio un Pregón de la Gloria
en tu sonrisa enigmática.
Por eso, Reina de Reyes,
hoy mi corazón te llama.
Para que pueda mirarte
y me inspires confianza.
Si yo fuera Pregonero
y nada escrito llevara,
podría dar el Pregón
mirándote, Soberana.
¡Y es que hay un Pregón de Glorias
de Sevilla que no acaba!
¡Hay un Pregón de las Glorias
en la gloria de tu cara!Quiero leer en tus ojos el Pregón, Señora de los Reyes. Sólo de esa manera podré calmar el nerviosismo que me atenaza. Yo le pido al Niño de mi Virgen de las Aguas me alcance su consuelo. Tengo un amigo que se acuerda de aquel Cristo del camarín que decían le habló a San Juan de Ávila, que a mí me daba miedo que me hablase.
Hoy le pido a aquel Cristo que no me habló, que inspire mis palabras. Aquí, Señora de las Aguas, aquí Reina de los Reyes, pongo vuestro sillón, junto al Señor Cardenal, al Delegado Diocesano de Hermandades y Cofradías, a la Ilma. Sra. Delegada de Fiestas Mayores, a quien agradezco su presentación, al Presidente del Consejo y su Junta Superior. Reciban todos un respetuoso saludo. También vosotros, cofrades que ocupáis en esta mañana la Santa Iglesia Catedral.
Debo agradecer antes que nada el nombramiento de Pregonero de las Glorias de Sevilla. Si me quitaran todos los honores con los que me han presentado, aún me quedaría el ser un cofrade de gloria. Yo os conozco, hermanos de las Glorias, y os apellido con el nombre de vuestra Hermandad. Veo las caras de los que siempre nos reunimos delante de los pasos de gloria. Por eso, con confianza, viene Francis hoy a dar el Pregón, y yo quiero que os quedéis conmigo. Quiero que le enseñemos a Sevilla lo que somos capaces de hacer. Que vea cómo la Virgen de los Reyes de los Sastres, que lleva los recuerdos de su hija Lola cerquita del corazón, a pesar de los problemas, viste de fiesta su parroquia el día de la Función Principal.
Vamos, amigos y hermanos, que tienen que ver el suelo de oro de su capilla y el cielo marrón y blanco en calle Santa Ana y Arte delaSeda para elCarmende Calatrava. Vamos, que veanlas calles Antonio Machín y Divina Pastora adornadas para Ella. Para un día de fiesta ¡cuánto pasamos! Yo he aprendido a trabajar con las Glorias, la mejor universidad de cofrades. Igual que en la Hispalense, hay teoría y práctica. La práctica se aprende con elpaso deltiempo, y para la teoría yo podría recetaros un temario genial.
Un temario del que tenéis una muestra en las manos,la Guía de las Glorias, con la cual, sin duda, gracias el pretexto del "dame una, que no la tengo", muchos leyeron y comprendieron la grandeza de las hermandades letíficas. Pues esta Guía tiene un espíritu hacedor que merece un sitio. Yo sé que no quiere, pero merece este amigo nuestro un reconocimiento por tantos años dedicados a dar a conocer nuestras Hermandades.
Todos sabéis ya quien es
y no es preciso nombrarle.
Mas que hablar de él,
yo hablo de su trabajo incansable,
de un libro de pastas blandas
que el Consejo le editase
que llevaba en la portada
la foto de nuestra Madre.
Porque yo pienso en tu vida
y me acuerdo que llegaste
a ser cronista de lujo
-como tú siempre lo haces-
de aquella coronación
que apadrinó el propio alcalde,
la de la Hiniesta Gloriosa,
en aquel altar gigante.
De su retama de plata
fuiste el mentor, ya lo sabes,
y añadiste aquellas flores
a la medalla y las llaves.
Yo pienso en ti, y se me viene
a la mente incomparable,
esa Virgen de las Nieves
blanca, tímida y suave.
Cuando atraviesa la ojiva
Octubre, aunque no se sabe
de que manera y por qué,
a Roma ventanas abre,
mientras bajo los jazmines
de marfil la Virgen sale.
Esa Virgen diferente
a esa que nos enseñaste,
la Virgen de aquel grabado
sobre peana de ángeles,
que "Santa María la Blanca"
a todos decía llamarse.
Yo pienso en ti, yo recuerdo
en el día en que llegaste
al mundo aquel dieciocho
de diciembre, ¡más no cabe
de marianismo ese día
de la Virgen expectante!
Aquel año, la Esperanza
Divina Enfermera, ¡Salve!
en el sol de su cintura,
fue a Sevilla a regalarle
un cofrade que no tuvo
mejor ilusión, ¡fijarse!
que esperar que hasta su casa
año por año llegase,
la Señora del Pilar,
siendo chiquita tan grande,
la bandera rojigualda
de su paso por delante.
Nuestro amigo le encantaba
con su hacheta colocarse,
en el tramo de los niños
¡qué manera de formarse!
Todo eso lo leí
en tu libro, y es bastante
para que al nombrar tu obra
te nombre, y así te ensalce.
Mi libro de cabecera,
mi vademécum cofrade,
el libro con que aprendí
a ser de Gloria. Lo saben
muchos de los que aquí están,
y entienden que yo no calle.
Por eso pongo en mis versos
este sencillo homenaje,
a ese libro de las Glorias
de Juan Martínez Alcalde!
LA PROCESIÓN CHICA DE LA SALUD
En ese mismo libro de Juan Martínez, la primera foto en color era la de la Virgen de la Salud. Ella no ha podido esperar este año al Pregón, que siempre sirve de bando a su procesión exquisita. Seis días hace ya que dejó el barrio sumido en la Esclavitud de su belleza. Hoy ha esperado al pregonero en besamanos.
De allí vengo, y he dejado en un beso ofrecido mi Pregón a sus plantas. Vengo de allí con el dulce recuerdo de una de las experiencias más hermosas que he vivido. Yo puedo decir a boca llena, que he visto nacer a Dios. Lo ví nacer en Nochebuena en San Isidoro, en una procesión chica como la del mes de Mayo, la que hace la Salud la víspera de su día y que recomiendo no se pierda nadie el año que viene antes de escuchar el Pregón de las Glorias.
Yo ví nacer a Dios en Nochebuena, pero llevo viéndolo renacer toda la vida en esa procesión chica que es otra Nochebuena, donde no faltan los ángeles que cantan gloria escoltando la peana de la Virgen, y nos convocan para que adoremos al Chato como en Belén, mientras renacen las Glorias de Sevilla. Aquel 24 de diciembre que yo viví, se confundieron Diciembre y Mayo con las dos procesiones chicas del Niño Jesús de la Salud. Aquella tarde, las palabras del Profeta sonaron de forma distinta en la Costanilla.
En tinieblas caminaba
hasta que una luz brilló.
Tu manita me guió
por la senda que pasaba.
Todo se transfiguraba
en esa hora precisa.
Antes que en la propia Misa
del Gallo naciste en mí.
Yo me arrodillé ante ti,
mi Jesús de la Sonrisa.
Yo arrodillé el corazón
y arrodillé el sentimiento
aquella tarde en Diciembre
en que fuimos a tu encuentro.
Lo levantamos del trono
donde lo habían dispuesto,
y lo dejamos dormido
en cuna de blancos lienzos.
¡Qué hermosa procesión chica
la que organizamos prestos!
Fuimos como los pastores
y lo encontramos despierto,
dándonos la bendición
con la cruz puesta en sus dedos.
El día de Nochebuena
naces para el mundo entero,
mas yo te he visto nacer
-mira qué buen privilegio-
cuando Mayo despereza
sus flores y sus requiebros.
Abres tus ojos al barrio,
ese domingo primero.
El triduo se nos parece
a la espera del adviento.
Y termina y llega el sábado,
y llega el gozo supremo,
y vuelve a nacer el Chato
y trae las Glorias de estreno.
Y si nació en Nochebuena
y una procesión le hicieron,
Mayo no se queda atrás
y organiza, por supuesto,
la hermosa procesión chica
que es el alfa y el comienzo,
que es una forma especial,
de llamar al retranqueo.
¡Ya no os la podéis perder!
¡De verdad os la recomiendo!
¡Vayamos todos a ver
cómo nace Dios teniendo
una peana de gloria
por trono y por aposento!
¡Vayamos todos a ver
cómo nace Dios teniendo
tres arcángeles guardando
las esquinas de su lecho,
y detrás al de la Guarda,
que nos lleva ¡ay contento!
dormidos como aquel seise,
dormidos sobre su pecho!
¡Vayamos todos a ver
cómo nace Dios de nuevo,
como renacen las Glorias
y renacen nuestros sueños.
Los hermanos de las Glorias
como pastores seremos.
Ante este anuncio del ángel
cumpliremos nuestro sueño:
¡Venid ante la Salud,
a esa procesión por dentro!
¡Va a celebrar que ha nacido
nuestro Niño y nuestro tiempo!
¡El Chato os está esperando!
¡Hacedme caso, os lo ruego!
¡En esa procesión chica
se ve la gloria del cielo!
LA GLORIA DE LOS SANTOS. LA REINA DE TODOS LOS SANTOS DE LAS GLORIAS DE SEVILLA.
El cielo… ¡Palabra tan pequeña para concepto tan grande! El cielo debe ser como una calle Sol cuando vuelve María Auxiliadora, una calle Imperial llena de la Virgen de la Luz, una calle Vidrio que roza los guardabrisas de la Alegría, una Plaza de Rull enjalbegada con nardos de los Humeros, una Catedral entera para la Virgen del Rosario del Dos de Mayo.
Yo imagino el cielo parecido a la peana de la Reina de Todos los Santos, y en esa peana subidos Todos los Santos de las Glorias de Sevilla. Por eso yo pongo sobre las nubes sostenidas por tres ángeles atlantes, a San José Obrero y Santa Lucía, por lo que sus dos hermandades representan.
San José Obrero, porque merece un lugar especial, porque hay que agradecerle a los Padres Mínimos lo que han hecho por esa feligresía. Santa Lucía, porque lo han pasado muy mal por culpa de los amigos de lo ajeno, porque esa mirada alzada al Señor vale un imperio, porque "el cuchillo y la llama" no han podido con esta Hermandad Primitiva llena de gente tan buena y entregada.
A ellos dos voy a subirlos en la peana de la Reina de Todos los Santos en el cielo. San José y Santa Lucía abrirán el camino a Todos los Santos titulares de las Glorias de Sevilla, ofrecidos por sus Hermandades para ocupar tan privilegiado lugar. La Gloria de los Santos, allí arriba, debe ser como la peana de la Reina que regaló aquel carpintero.
El cielo debe de ser
igualito a tu peana.
Todo de rayos de sol
y asientos de nubes blancas.
Ángeles de tres en tres
custodiando las entradas,
con guirnaldas de luceros
que lo adornan y engalanan.
El cielo debe de ser
similar a la magnánima
obra de aquel carpintero
humilde que la ofrendara.
Y es que yo imagino el cielo,
mi Reina, puesto a tus plantas,
y tú dando bendiciones
con esa mirada baja,
con la finura exquisita
de esas tus manos de nácar.
Yo imagino que la luz
de tus mantos se derrama,
atardece sobre el rojo
y en el rosa se levanta
y en el celeste da lumbre
a la gloria allí encumbrada,
y en el verde se mantiene
de los santos la Esperanza.
Yo imagino los luceros
que se enredan y se alargan,
y hacen de tus candelabros
constelaciones tan altas.
Así debe ser la gloria,
lo mismo que tu peana.
Y siendo la gloria así,
es normal que en ella haya
sitio para nuestros Santos
cual lo hay en tu peana.
Lorenzo, Basilio, Pedro,
José, Catalina, anda,
dejadme libre las nubes
que tiene Ella a sus plantas.
Se queda Santo Domingo
el que el Rosario rezara,
San Román y San Julián
lo veneran y lo ensalzan.
En vuestro sitio pondré
otra vez al Patriarca.
Pongo a mi amigo y vecino,
al protector de mi casa,
pondré a mi San José Obrero,
que desde siempre me guarda.
Doy las gracias por los años
de azul y blanca medalla,
de llevarle en esa ofrenda,
sólo, sólo, flores blancas.
Doy las gracias por los años,
que en la procesión sacaba
las Reglas y la Bandera
de María Inmaculada.
Los años que la Velá
San José Obrero cruzaba,
y el son de los cacharritos
se fundía con las marchas.
Gracias por verlo en Jabugo
entre el verdor de las ramas,
y verlo por Filpo Rojas
cuando de noche alumbraban
aquellas velas azules
en candelabros de plata.
Esos recuerdos de niño
de mi mente no se apartan.
Por eso viene el primero
a subirse a la peana.
Detrás traigo aquella Virgen
y Mártir que siempre estaba
esperando cada lunes
la devoción entregada.
Junto al cuarto de jarrones
Concha salía y entraba,
y vendía en la mesita
con los rezos las estampas,
dedicadas a la luz
de Cristo, Lucía santa.
A José y Santa Lucía
voy a sumar, lista larga,
los santos cotitulares
de las Glorias sevillanas.
Pongo ante ti a San Onofre
y a Juan XXIII el Papa,
San Benito y San Fernando
con su oración y su espada,
San Leandro y San Ignacio,
y la virtud de Santa Ángela,
y el ayuno y el retiro
de San Francisco de Paula.
Beato Manuel González
y Spínola te regalan,
arzobispos en el cielo,
la púrpura de sus capas.
San Mateo, de los Sastres,
y San Juan, querido en tantas,
van a escribir su Evangelio
inspirándose en tu cara;
vendrá abrazado al Pilar
Santiago, Patrón de España.
Va a tener, Madre, tu Niño
quien lo atienda ¡más faltaba!
Estará la Magdalena
de la Hiniesta Coronada,
y entregada a sus labores,
de Lázaro allí la hermana,
que la Virgen de Araceli
me pide que en la peana,
ponga el amable servicio
de su amiga Santa Marta.
Va también Santa Marina
por mi Pastora decana,
Juan Bautista de la Salle
viene a darnos su enseñanza,
San Juan Bosco trae el empuje
de la casa Salesiana,
Antonio María Claret
cambia el corazón en llamas
Inmaculado por éste,
de la Medianera plácida,
y para cerrar la escena,
de la Antigua y Torreblanca,
pongo a tus pies la humildad
de San Antonio de Padua.
¡En el cielo no hay medida!
¡Así es la gloria ensoñada!
Está la Reina en un trono
igualito a su peana!
San Miguel y San Gabriel,
el manto de cielo abrazan,
y hay ángeles que sostienen
letanías de alabanza.
¡Yo no lo imagino más!
¡Yo voy a verlo en tu casa!
¡Yo soñaré con tus hijos,
que el día en que te crearan,
se asomó Roque Balduque
al Edén una mañana!
Y te hizo porque vio
lo que a mi vista entusiasma:
¡Todos los Santos del cielo
de rodillas te rezaban!
Y aquel carpintero pobre
vio lo mismo, luz de mi alma,
cuando con sus pobres gubias
hizo el cielo en que descansas.
¡Bendito aquel carpintero
que trajo a la calle Ancha
un trozo de paraíso
para tallar tu peana!
LOS JÓVENES DE GLORIA, CON VALVANERA
Mis palabras han sido capaces de convertir la peana de la Reina en trono celestial para nuestros Santos. Yo me atrevo a cambiar otro misterio de Gloria y para ello debo remontarme a mis primeros años dentro del Grupo Joven de la Pastora, que asistía incansable a los actos que organizaban juventudes como la del Carmen de San Leandro o la Pastora de Triana. Aquí seguimos, dando guerra los jóvenes, en San José Obrero, Rocío del Cerro, Guadalupe Franciscana o Rosario de San Julián, por poner ejemplos.
Aprovecho este atril para animarnos, porque soy uno más entre vosotros. Hay que darlo todo por nuestras Hermandades. Nosotros no somos el futuro, somos el presente. Nosotros, todos esos amigos, sabemos del esfuerzo, de gastar nuestros ahorros para la procesión, de buscar pétalos y cohetes para nuestra Madre. Todo eso lo sabe muy bien la gente de Valvanera.
Con esos hombres y mujeres, que en menos de veinte años, han puesto a su Hermandad entre lo más esperado de las Glorias. Escuela de mujeres cofrades es la Hermandad de Gloria de la parroquia de San Benito. De ellas ha salido este año la Pregonera Universitaria, amiga desde la infancia, miembro de aquel "grupo de locos" que luchamos tanto por las Juventudes de Gloria.
Por eso, Virgen de Valvanera, a tus pies pongo la Juventud de las Hermandades de Gloria. Te has quedado un poco sola en tu altar mayor, porque ya no te acompañan durante el año el Padre Domingo de Brieva y Nuño, el salteador arrepentido. Te han dejado sola en el día a día. Eso lo vamos a arreglar ahora mismo.
Voy a traerte, María,
otras dos figuras nuevas,
distintas de las que llevas
siempre en tu iconografía,
que te encuentren cada día
igual que Nuño y el cura.
Que miren en tu hermosura
de su esfuerzo la razón.
Que no pierdan la ilusión
del trabajo en la espesura.
Figuras que no se queden
quietas sin saber qué hacer.
Figuras que puedan ver
lo que otros ojos no pueden.
Figuras que le conceden
al que dio su vida entera
el sueño que tanto espera.
Esas figuras te doy
y pongo en el día de hoy
a tus plantas, Valvanera.
Dile a tu Niño que escriba
en el libro que nos muestra,
los nombres de tantos jóvenes
que todo su esfuerzo entregan.
Los jóvenes de las Glorias,
como aquellos que antes eran,
como lo fuimos nosotros
y lo serán, Dios lo quiera,
los que vengan desde ahora
llenos de ilusiones nuevas.
Todos esos te los pongo
Riojana, de ti cerca.
De San Alberto a tus plantas
van buscando tu presencia.
Te entrego a la juventud
¡no encuentro mejor ofrenda!
Verás tú que bien compone
el Misterio en que presentas
tu corazón florecido
al que su amor te encomienda.
Verás tú lo bien que va
la Juventud a tu vera.
Dejadle, Nuño y Domingo,
sitio a los niños que llegan.
Irán a partir de ahora
-verás tú lo bien que quedanlos
jóvenes de las Glorias
a los pies de Valvanera!
AUXILIO Y ALEGRÍA PARA EL POLÍGONO SUR
Ahí seguiremos estando los jóvenes, para lo que haga falta. Sin embargo, la fuerza que tenemos no podemos echarla solo en querer a nuestra Virgen, porque hay formas de querer que a lo mejor no comprendamos que son más importantes. Hemos de tomar ejemplo de la Hermandad de la Antigua, sin vida casi por dar su vida a las religiosas de clausura.
Yo canto a la obra social que hacen hermandades como la de la Virgen de los Desamparados en el Parque Alcosa, que llora por los que están como ella al pie de la Cruz de la desidia y la depresión. Yo canto a la Candelaria, que da esperanza a su Barrio de los Pajaritos. Yo canto a San Antonio y al Corazón de María, que no dejan que el mundo venza a Dios en Torreblanca. Canto el ejemplo que dan con su trabajo caritativo los hermanos de Madre de Dios del Dulce Nombre de la Salle. El Pregón de las Glorias es la convocatoria que os llama para que dejéis que Dios viva en vosotros, y su Amor os impulse a los carismas mejores.
En el Pregón de la Caridad yo pongo a María Auxiliadora y pongo a la Virgen de la Alegría. Traigo a tan arraigadas devociones porque sus nombres son los que nos hacen falta en esa idea preciosa que os he contado. Yo vengo a pediros a todos, jóvenes y mayores, un esfuerzo para una idea preciosa. Yo también escuchaba al principio aquello de Fraternitas algo lejano. Pero me involucraron, y no supe decir que no a tan gratificante experiencia. Hace falta ayuda, porque esta el Polígono Sur lleno de Niños Cautivos como el de la Puerta Real, esperando la corona de Mercedes y favores que podemos hacer para que vivan mejor. Hacen falta muchas Auxiliadoras y mucha Alegría para llevar adelante el proyecto. Yo quiero que estas dos advocaciones sean las que inspiren iniciativa tan humana.
Yo quiero cantar, Señora,
tu nombre a toda Sevilla,
porque hay algunos hermanos,
en la estrecha Judería
del mundo que nos aprieta
que no dan con tu capilla.
La crisis y el desempleo
van retorciendo su vida,
y entre callejas y adarves
que entrelazan sus esquinas,
te sienten cerca de ellos,
más no encuentran la salida.
Ellos precisan que seas
Auxiliadora bendita,
que sueltes corona y cetro
y seas su faro y su guía,
y los lleves de la mano,
y le entregues tu sonrisa,
con esa forma de ser
que el ser salesiano obliga.
Yo quiero cantar, Señora,
tu nombre a toda Sevilla,
y quiero llevar tu gloria,
donde la tristeza habita,
y todo el cubre el velo
morado de la desdicha.
Yo quiero llevar, Señora,
tu nombre a toda Sevilla.
Ir al Polígono Sur
con tu nombre por consigna,
con el Proyecto Fraternitas
de todas las cofradías.
Aquel que no lo conozca,
le invito a que cualquier día,
se suba en el 32
y llegue al barrio y no siga
sin ir a ver esos niños
que están en la guardería,
esperando cada tarde
"la Providencia" divina.
Estando allí se verá
por qué mi Pregón repica
el nombre que son dos nombres,
que siendo el mismo duplica
su fuerza y capacidad
de darnos gloria bendita.
El nombre de aquella Virgen
que por Pascua resucita.
Yo quiero cantar, Señora,
tus dos nombres por Sevilla.
Para que ningún cofrade
"No puedo ayudar" me diga.
Nos hace falta dinero,
es verdad, pero hay cositas
que solo con la intención
se arreglan. Por eso, mira,
yo quiero cantar, Señora,
tus dos nombres por Sevilla.
Voy buscando Auxiliadoras
para aquellas criaturitas,
que tornen cetro en cuchara,
para darles la comida.
Busco mujeres y hombres
que lleven el alma henchida,
de esperanza, de humildad,
de efusión y de energía,
a ese Polígono Sur,
que tanto lo necesita.
¡Yo voy buscando tu nombre
voy buscando tu sonrisa,
viendo que ayudamos todos
en esta causa magnífica!
¡Yo quiero, Reina y Señora,
yo quiero, Virgen bonita,
que sea el Proyecto Fraternitas
la causa de tu Alegría!
AMAR A MARÍA A LA FORMA ROCIERA
¡Qué alegría saber que te agradan los esfuerzos de querer a los demás! ¡Los agradeces más que las flores, que se secan y olvidan! La sonrisa que le entreguemos a un hermano que sufre no la olvidará. Por eso, tenemos que ser portadores de Alegría.
Y si alguien tiene que enseñarnos a eso, yo pido que sean las Hermandades del Rocío. Cinco maestras de sana convivencia, de fraternidad y entrega al hermano, de acción solidaria con los que lo precisan. Y lo más grande… todo lo hacen por amor a la Virgen.
Lo hacen porque tienen una forma de querer a la Emperatriz de los Cielos que aúna todo eso y hacen de todo más cariño para la Blanca Paloma. Para esa Virgen que se refleja en el Simpecado, y que yo especialmente venero en la Virgen pequeñita de la casa hermandad del Rocío del Cerro. Yo quiero entregarme a la Virgen, quiero hacerle un sitio más grande en el corazón, pero me hace falta alguien que me lleve por esta senda en la que soy peregrino incansable. Por eso iré a buscarte, para escuchar de tus labios la lección que necesito para aprender tu manera de amar a la Madre de Dios, se llame como se llame.
Rociero, amigo mío,
enséñame, tú que puedes,
a querer a nuestra Madre,
María, tú que la tienes,
prendida en el Simpecado
que veneras con tu gente.
Quiero llevar a la Virgen
en tu medalla pendiente.
Triana: ¡Di cualquier cosa!,
que la Chiquitita tiene,
tus palabras escondidas
repujadas de quereres.
Rociero, amigo mío,
ven aquí, dime que siente
la Colegial sin Sevilla
aunque la Virgen se quede.
Rociero, amigo mío,
el Salvador blanco y verde,
¿es más Rocío por mayo
o es más Rocío en diciembre,
al sacar la procesión
más sencilla y sonriente?
Rociero, amigo mío,
dicen que aquellos que pueden
hacer el primer camino
con el Cerro, se convierten
en parientes, en hermanos,
se unen en lazo fuerte,
y no hay quien pueda partir
de grande la fe que tienen.
Rociero, amigo mío,
mi humildad llega y aprende
que estar en Sevilla Sur
es ver tierra con simiente,
que en San Carlos Borromeo
Rodríguez Baena abriese,
y ahora San Juan de Ávila
recoge en frutos y bienes.
Rociero, amigo mío,
¿ese amor donde se aprende?
¡el amor que hizo en San Gil
un Simpecado como ese!
¡Cuánto amor la Macarena
cincuenta días retiene!
¡Cuánta luz de lucernario!
¡Cuántas Salves se le ofrecen!
Rociero, amigo mío,
enséñame, tú que puedes,
a querer a la Paloma
que veneras con tu gente.
La Virgen del Simpecado
se va donde tú la lleves.
Por eso los Simpecados
vinieron con Él el viernes.
Porque hemos aprendido,
que Ella nunca estará ausente,
si puesta en el Simpecado,
nos preside tan alegre.
Catorce veces lo digo
¡ole tu arte y tu duende!
que no dejas que la Virgen
encerraíta se quede.
Yo quiero ser rociero
para eso a ti parecerme.
Que no pase por sendero
por donde María no entre.
Rociero, amigo mío,
enséñame, que es tan fuerte
la devoción que le tengo
a la Virgen, que me quiere
predicando su esperanza
allá donde yo estuviese.
Que hable con el tamboril,
con la flauta y los cohetes,
que hablando yo en rociero,
que es idioma que convence,
convenza a los que no crean
y en ti crean y en ti esperen.
Y que después de la lucha,
cansado de los vaivenes,
me quede un poco de fuerza,
para mirarla de frente,
a la Virgen, a la Madre,
sea cual fuera, sea cual fuese.
Yo le diré suspirando
palabras que al aire recen:
" Yo no fui solo, María,
mi voz a otra voz se debe.
Yo tuve un maestro bueno
que mil lecciones me diese.
Me enseñó que un Simpecado
es un altar diferente.
Un monumento de amores,
ya sea antiguo o sea reciente,
liso, bordado, o de plata,
es la Virgen que tú quieres.
¡Es una forma de amar
que sólo al amar se entiende!
Prendida en un Simpecado
¡Rocío, qué buena suerte!
¡me enseñó aquel rociero
su manera de quererte!
DEFENDIENDO EL DOGMA DE TU PUREZA
Me han enseñado a quererte, pero tu amor exige mucho, y tú sola no puedes con el mundo que vuelve la cara ante tu ejemplo. Se parece el mundo a aquella Sevilla de 1615, en la que algunos atacaban tu Pureza. Nosotros tenemos que salir cantando las coplas de Miguel Cid. Tenemos que ir a Santa Ana para que la Purísima del Corpus vea que no le estamos fallando, que somos fieles a ella. Si nos hace falta, Castilleja nos prestará las banderas celestes de su calle Real para engalanar Sevilla con los colores de la Virgen.
No podemos quedarnos callados. Por esa Inmaculada Concepción vino Dios a redimirnos, hecho Niño en las manos de la Virgen del antiguo convento del Valle. Por ella se nos dio ese Rey que nos bendice en los brazos de la Cabeza Gloriosa de San Vicente. Ante ella pediremos prestada su oración a San Juan Damasceno para darle las gracias a María: "Su carne fue hecha de tu carne, su sangre de tu sangre; Dios se alimentó con tu leche, y tus labios tocaron los labios de Dios."
Tus labios. De ellos salieron, Señora de la Encarnación, las palabras que inspiraron la creación de tu Esclavitud en la Iglesia de los Terceros, esa misma que aumentada en amores por la Cofradía de la Cena, consiguió recuperar tu anual procesión. En tus labios parece poder leerse el salmo: "Para hacer tu voluntad".
Para hacer la voluntad del Señor, Ella aceptó la misiva del ángel, como lo sigue haciendo en Juan XXIII. Gabriel le anuncia que será Madre de Jesús. Ella pronuncia el "sí" que cambia las puertas opacas del pecado original por la reja de la gracia, porque viéramos para siempre en ella el ejemplo mejor de la entrega a Dios.
Cuando la Virgen aceptó ser madre de Cristo, se expuso a que le aplicaran la muerte a golpes de piedra. Mira que han pasado siglos. Todavía hay algunos que están dispuestos a hacerte daño. Y no es que yo lo suponga, es que he visto como han intentado tres veces romper el cristal de la capilla de la Pura y Limpia.
Todos tenemos que ser guardianes del Postigo, donde la Virgen siempre tiene una mirada de refugio para nosotros. Yo no se quiénes rompieron el cristal de tu capilla. Pero yo quiero que olvides la pena de la ofensa con los versos que vengo yo a ofrecerte. Quédate, Pura y Limpia, que nadie te esconda a nuestros ojos.
Tres veces vino a negarte
el mundo que no te quiere.
Será que el mundo prefiere
antes de amar olvidarte.
Hoy mi voz con alabarte
desagravia tal torpeza.
Quiero romper la tibieza
del que tu puerta quebrara.
¡Qué pena que no rezara
"Bendita sea tu pureza"!
¡Qué pena que no rindiera
su amor ante los cristales!
¡Que pena que por metales
tu reja de amor rompiera!
Frente a él yo me pusiera
… y en silencio quedaría.
Por un rato dejaría
que a sus ojos le miraras.
Seguro estoy que lograras
que dijese "Ave María".
¡Qué no vas a lograr tú,
Inmaculada admirable!
Quizá no creyera en Ti,
quizá volviera a negarte.
Quizá te vuelva a la cara
cuando por tu puerta pase.
Tú vas a seguir ahí,
para que puedan mirarte,
y en una breve oración,
ante tu retablo paren,
y dejen su devoción
para un trabajo loable.
Lo tengo en mi voluntad,
haré, para resguardarte,
fundiendo mil corazones
una reja imperturbable,
que nadie la pueda abrir
de tu amor sin tener llave.
Tú vas a seguir ahí,
con tus manitas orantes,
y tu pequeñez que es
el signo de ser tan grande.
"Morena, sal al balcón"
dice la tuna en sus cantes.
¡El Postigo es como el Triunfo
pero al nivel de la calle!
¡Con el 8 de diciembre
y ese canto de la salve
desmiento a aquel que quisiera
a lo oculto relegarte!
Ese trozo del Postigo
es tuyo, y no puede nadie,
por más cristales que rompa,
por más cosas que te dañen,
esconderte en una iglesia
que se cierre cada tarde.
¡De tu iglesia chiquitita,
tras la reja y los cristales,
Pura y Limpia del Postigo
ninguno podrá quitarte!
Nadie podrá jamás cerrar la ventana de la Virgen de las Mercedes, nadie podrá secar el pozo de salvación que es el azulejo del Carmen de Calatrava; nadie podrá bajar de su hornacina a la Virgen del Rosario de la fachada de los Humeros. No pudieron dejar de lado a aquella Virgen de la hornacina que se tornó en Luz de la Puerta Carmona. Inmaculada en su Simpecado, en el celeste de su manto, Inmaculada Virgen de la luz, elegida por el Sol.
El sol que hace resplandecer las joyas de la Salud cuando baja la Costanilla, el sol que centellea en las carretas rocieras cuando parten a la Ermita, el sol que alumbró la cara de mi Virgen de Araceli cuando iba buscando la calle Orfila, el sol que llena de vida la Plaza de San Antonio cuando vuelve al convento la Divina Pastora tras su Rosario de la Aurora.
Ese es el sol de las Glorias. El sol que entra por las vidrieras mientras que, siempre igual y diferente, la Función Principal de Instituto renueva el compromiso de nuestra fe. A una función voy ahora. Y no me toca representar, sino embelesarme con lo que ven mis ojos cada año. El marco no puede ser mejor. Ese día la iglesia, que siempre me resulta oscura y triste, se envuelve de claridad. Ese día el sol encuentra el más hermoso sitial para derramar su lumbre.
Veo aparecer sus rayos bajo la Virgen de las Fiebres. En rápida ascensión, comienzan a rozar los candelabros y el grandioso mural de Lucas Valdés. Y en un instante que no puede medirse con ningún reloj, se ve el prodigio. El sol abrazando a la Virgen del Amparo.
El sol postrado a sus plantas, encendiendo la orfebrería, tornando de miel los ojos de la Madre. Lleva el pregonero nueve años con la promesa de acudir a la misa del Patrocinio cada segundo domingo de noviembre, cuando también la celebran en San Bernardo y en la hermandad hermana del Cachorro. Nueve años viendo el sol besando su mano. Como si de un antiguo milagro se tratara, declaro que es cierto. Yo soy testigo emocionado.
Lo contemplaron mis ojos,
yo lo ví, por eso hablo.
He visto al sol de tu Niño
tus ojos de sol mirando,
he visto el sol en tu ráfaga
de rocallas cincelado.
Es una luz que se asoma
te abraza y sigue sus pasos,
penetra por la vidriera
y sola te va buscando.
Es la función principal,
es el día en que te honramos,
no quiere faltar el sol
y coge sitio a tu lado.
Coge sitio y se acomoda,
amiga del sol, brillando.
Y hay un instante sublime,
que es el que os cuento y relato.
Ese momento en que brilla
más la Virgen que los astros,
más la Virgen que la luna
que va a sus plantas rezando.
Ese momento en que brilla
más que brilla plateado
el singular y precioso
farol sobre el candelabro.
más que el blancor de las cintas
y los cordones de hermanos,
oro viejo junto al oro
que en la medalla miramos.
Ese momento en que brilla
la Virgen más que los nardos,
que perdieron su blancura
cuando a Ella se acercaron.
En ese instante sublime
ya no hay lecturas ni cantos,
ni aleluya que no lleve
ese albor semitonado.
En ese instante sublime
no hay ojos para el retablo,
no hay ojos que aprecien bien
los ornamentos bordados,
porque está la luz tejida,
con agujas de mil rayos,
hilos de gloria en Noviembre,
sobre el sueño de tu manto.
En ese instante sublime,
sólo un instante, yo gano
la indulgencia que me ofrece
entregarme a tu regazo.
En ese instante sublime
viene el corazón alado,
y nos llena de alegría
a los que mudos miramos
ese instante celestial
que recuerdo en arrebato.
¡En tu función principal,
algo para lo que estamos,
siempre esperando el momento
cuando se termina el salmo,
he visto al sol de Sevilla
cautivo sobre tus manos!
¡He visto al sol de Sevilla
el sol de tu amor buscando!
¡Lo contemplaron mis ojos!
¡Yo lo ví, por eso hablo!
¡El sol en la Magdalena,
postrado bajo tu Amparo!
EL ROSARIO DE LOS NIÑOS DEL ROSARIO DE SEVILLA
Allí se queda el sol, pero el corazón sigue andando para llegar a la Función que sigue su curso en Omnium Sanctorum, donde la Reina repite su fiesta del uno de noviembre. En la tarde de este día grandioso Octubre nos regala el último primor prendido en la paloma del manto de la Virgen del Rosario de Santa Catalina.
El pregonero empieza aquí un camino por sus devociones y abrazo entre mis dedos el Rosario porque en él caben todos los nombres de la Virgen. Por eso, esa forma de amar que nos enseñaron los rocieros vamos a ejercitarla con la corona de rosas. Hoy vamos a rezar bien alto lo mismo que el doce de octubre por la mañana. Vamos a rezar igual que si lleváramos a la Virgen del Rosario de San Julián a casa de Sor Cristina, vamos a rezar un Rosario… como nunca antes lo hemos hecho.
Vamos a ver componerse un cortejo infantil. Lo ha pedido el Niño del Rosario de la Macarena. Nos lo ha contado a todos; yo lo escuché una noche que estuve velando entre las manos de la Esperanza. Él estaba dormido, y así lo sigo mirando mientas sueña algo increíble. Quiere que salgan los Niños del Rosario de Sevilla. Pero resulta que van a buscar al último y encuentran su iglesia cerrada, y dentro, encerrada, gran parte de la vida del pregonero. Por eso, tan tierno, yo sé lo que está soñando el pequeño Jesús Macareno.
Yo se lo que está soñando
el Niño de la Basílica.
Soñando está una locura,
sin que lo sepa María.
Quiere organizar Jesús,
el Niño de la Basílica,
el Rosario de los Niños
del Rosario de Sevilla.
Piensa que habrá de anunciarlo
cartel de categoría,
Agustín Martín de Soto,
nuestro joven cartelista,
ha pintado sin saber
lo que el Niño pediría.
Que sea el cartel de las Glorias
convocatoria precisa
del Rosario de los Niños
del Rosario de Sevilla.
No lo ha puesto en el cartel,
toda la ciudad lo mira,
el Niño de San Vicente
viene también y se alista.
Se le escapa de los brazos
a su Madre preciosísima.
El Niño pide permiso
porque le llama y convida,
el Rosario de los Niños
del Rosario de Sevilla.
Mientras van llegando al atrio,
cogen velitas e insignias.
Ha aparecido el primero,
rozando la amanecida.
El Niño de los Humeros,
fiel a su iconografía,
en el Rosario de niños
va a llevar la cruz de guía.
Y para no venir solo,
al coro –no se me olvidaba
a pedir que le acompañe
cantando la campanilla.
También a la Magdalena
llegó el aviso y la cita.
El Niño quiere asistir,
que fue su hermandad antigua,
con el nombre del Rosario
entre todas Primitiva.
Y sigue cumpliendo el sueño
el Niño de la Basílica.
Se van hasta el Dos de Mayo,
y se incorpora a la fila
el Patrón del Arenal.
Triana su gracia envía.
Madre de Dios manda al Niño,
que cruza hasta la otra orilla
con el del Barrio León,
un nene que es cosa linda,
una cabeza de rizos
de los ángeles envidia,
unos ojos y una boca
que al que lo mira conquista.
Se persignan en el Carmen,
que les esperan y animan
en el Rosario los Niños
del Rosario de Sevilla.
Salió de la Macarena
¿pero esto adónde termina?
se preguntan entre ellos
las felices criaturitas.
El Niño de San Julián
viene a ponerle la guinda
al Rosario de los Niños
del Rosario de Sevilla.
Hoy no se puede jugar,
aunque te guste, mi vida,
con los corales del cetro
de tu bendita María,
con la cadena que lleva
la medalla asuncionista.
Hoy vas con tu sacristán,
cogido de la manita,
al Rosario de los niños
del Rosario de Sevilla.
¿Ya están todos? ¡No, señor!
Falta uno, poesía.
Falta el niño regordete
que yo en mis brazos cogía,
como un niño de verdad,
con esa misma medida.
Los niños van a buscarlo,
donde saben que él vivía.
Llegan y encuentran la puerta
cerrada, triste y marchita.
¿Donde está el Niño que falta?
-preguntan por la rendija-.
¿Sabéis quien va y le responde?
Pues va mi infancia, la mía,
la del mismo pregonero
de las Glorias de Sevilla.
Como en un cuento infantil,
cerraron, y adormecida,
mi infancia allí se quedó
presa de nostalgias limpias.
Soñando el cancel antiguo,
y aquel arco de mezquita,
soñando el panel de exvotos
que tuvo Santa Lucía.
El retablo de Santa Ana,
con la Virgen chiquitita,
y el retablo de mi Carmen,
con San Judas y el Bautista,
el Breve de León XIII,
y azules las estampitas.
La capilla del Sagrario,
sin la promesa eucarística,
el monaguillo de Olot
sin euros en la alcancía,
la Virgen de la Saleta
en silencio aparecida.
La capilla del Rosario,
siempre amenazando ruina,
la simpecadera blanca,
y la lápida proscrita
por aquel Ramiro Franco
que tanto hizo en sus días.
Todos vosotros sabéis
que está mi infancia perdida,
en la iglesia de la torre
mudéjar que no repica,
ni se viste por verano
con banderas pontificias.
En esa iglesia preciosa,
quiere terminar la vía
del Rosario de los Niños
del Rosario de Sevilla.
Ese Rosario es un sueño,
y un sueño también el día,
en que volverán a abrirse
las puertas de aquella ojiva,
para que entre gozoso,
rezando las letanías,
el Rosario de los Niños
del Rosario de Sevilla.
El Rosario de los Niños
yo lo sacaré algún día.
Lo llevaré por las calles
del centro a la amanecida.
Yo lo llevaré el Rosario
para que llegue a su cita,
el día en que vuelva a abrirse
la iglesia donde camina,
con pantaloncitos cortos
mi corazón todavía.
Yo sacaré este Rosario
de Niños de alferecía,
el Rosario de los Niños
del Rosario de Sevilla.
Y yo llamaré a la puerta,
mirando entre las rendijas.
Allí veré yo mi infancia,
preguntando sin medida,
ilusionada con ver
que el triste encierro termina.
A los Niños del Rosario
lo pido entre Avemarías,
y coplas de los Humeros,
y flores que no marchitan.
¡Yo me quedaré tranquilo,
cuando mi infancia perdida,
vea al despertar del sueño
en que la tienen sumida,
que estás puesta en besamanos
con tu niño en la sillita,
que estás donde te recuerdo,
elegante y desprendida,
con ese manto cereza
terciando tu cinturita!
¡Sueño verte en tu parroquia!
¡Qué ansia con ese día!
¡Sueño, Reina del Rosario,
verte en Santa Catalina!
EL NIÑO Y LA VIRGEN DEL CARMEN, DEFENSORA DE LA VIDA
Quiero verte en tu capilla, Virgen del Rosario, porque así los dos estaremos en casa. La iglesia será lo único que nos quede de aquellos años, porque hasta la casa hermandad pretenden arrebatarnos. Quieren quitarnos el almacén, el bar y el soberao, donde todo era posible. Yo tengo en la mente tantas vivencias, que he tenido que preguntarle a mis hermanos del Carmen de Santa Catalina desde cuándo estuve dando gladiolos a los floristas, llevando el libro de Reglas, cuándo empecé a preguntarlo todo y guardarlo todo en mi corazón.
Sólo hay un recuerdo al que pongo fecha. La Virgen estaba en besamanos aquel 14 de julio de 1998. Todo el país alzaba manos blancas por el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Doce años eran los míos, y yo no era capaz de entender lo que pasaba. Yo colgué de mi ventana el paño blanco y el crespón pero aquello no era bastante. Por eso robé cinco claveles de aquel jarrón, y compuse con ellos una cruz, y les puse un crespón de luto. Le pedí a mi tía Rosi que me llevara al Besamanos de la Virgen del Carmen de Santa Catalina.
En aquel momento en que entré, los ojos negros de mi Virgen eran los del Carmen de San Gil, las manos tendidas, las de la Reina de San Leandro, la pequeñez tan tierna de su imagen era la del Carmen de Calatrava, su escapulario era el que nos tiende al salir de Triana la Virgen del Carmen del Puente y su candor era el mismo que el del Carmen del Santo Ángel. Todas estaban allí, todas eran mi Virgen del Carmen, locura de quien la mira. Todas me vieron llegar con tantas preguntas, con tanta pena por tanta maldad y por tantas personas en contra de la vida.
Yo os aseguro que aquella tarde la Virgen deseó con todas sus fuerzas que la amargura del terrorismo terminara. Que ningún niño tuviera que llevarle más una cruz de claveles como aquella. Que nadie tuviera que llorar más nunca una vida perdida por cualquier clase de terrorismo, por culpa de un atentado contra el ser humano.
Me lo dijo, Marinera,
esa Carmela chiquita.
No escucharla, tan bonita,
casi imposible me fuera.
Dijo que más no quisiera
cruz como ésa de flores.
Quiere cruces de dolores,
de ausencias y de flaqueza,
mas no una cruz de tristeza
por culpa de malhechores.
Yo sé que Ella querría
poner coto a esta locura.
Yo sé que con su finura
ese mal radicaría.
Yo se que no dejaría
que un solo hombre sufriera.
Que ningún padre pidiera
justicia por una muerte.
Que nadie pena tan fuerte
sin esperarlo viviera.
Yo no pude soportar
que nadie explicar pudiese,
por qué el de Ermua perdiese
la vida en la cuenta atrás.
Yo no podía hacer más
que una cruz con cinco flores.
La hice, y no hubo mejores
gritos que aquellos claveles.
España bebió las hieles
por esos pocos traidores.
Yo se que tú estás luchando
porque esta lacra termine
y a nuestra gente ilumine
la paz que estamos buscando.
Yo se que estamos pensando
contigo, Carmen, lo mismo.
¡Que acabe tanto cinismo!
¡Ni un ramo más como aquel!
¡No quieres más ni un clavel
por culpa del terrorismo!
Tú no quieres que la muerte
se imponga con su malicia.
La muerte con que los hombres
entre ellos se castigan.
La muerte que Dios no quiere,
que entre nosotros exista.
Tú quieres vernos felices,
Virgen del Carmen Santísima,
tú quieres vernos unidos
en contra de la injusticia.
Hoy no te traigo claveles
que lloren almas perdidas.
Aquel niño vuelve hoy
con otras flores distintas
¡Te traigo flores de amor
para luchar por la vida!
Fueron aquellos años de infancia cruciales para que otra de mis vertientes letíficas pudiera desarrollarse. Un día, en la casa hermandad del Carmen, empezaron a hablar de la Hermandad de Montemayor de San Juan de la Palma, una hermandad filial de la Patrona de Moguer. Yo seguí preguntando y busqué en los libros y me di de bruces con una hermosa realidad. Había varias hermandades formadas por hombres y mujeres que daban culto a una Virgen que intentaba imitar la del pueblo que los vio partir un día.
Yo sabía que aquellos caballeros trajeron de Zaragoza la devoción del Pilar a San Pedro, yo guardaba en la memoria la hermosa leyenda de la Virgen catalana de la Hiniesta, yo recordaba lo del cura del Juncal, que había copiado el nombre de su Virgen viendo la televisión, pero fue por Montemayor, por quien descubrí el mundo peculiar de las hermandades filiales
Fue por aquellos años, de altar de Glorias del Corpus, cuando aprendí el himno de la Cabeza para cantarlo a las puertas de la Pastora. Fue en aquellos años cuando empecé a vivir la hermosa historia que tenía escrita para mí la Virgen de Araceli, devoción mantenida gracias al esfuerzo de Araceli Escudero. ¡Cómo sonríe esa mujer hablando de su Virgen!
Tanto quiero a las Hermandades filiales, que las traigo a mi Pregón, pero evitando el tópico fácil o la mención de pasada. Yo me quedo con vosotros porque siempre tuvisteis conmigo una palabra de cariño y amistad. Por eso quiero que todos os conozcan.
¡Cuántas maneras de amar,
de querer tan diferentes!
¡Cuántos cariños ausentes
a los pies de cada altar!
Yo no me puedo olvidar
de estas Glorias peculiares.
No quiero que las compares,
Sevilla, con las de aquí.
Ellas son de aquí y de allí
solemnes y populares.
San Juan de la Palma es
un Cabezo de Amargura.
Andújar baja a esta altura
para ponerse a tus pies.
Porque mil besos le des,
tan graciosa y tan chiquita,
tan aceituna bendita
y barro santo también,
como un tesoro Jaén
nos dejó a la Morenita.
Tan generosa largueza
aunque esté ausente te aguarda:
¡Cuántas bendiciones guarda
la Virgen de la Cabeza!
Tú no lo querrás creer,
igual que yo no lo creo.
¡Qué poca distancia veo
entre Andújar y Moguer!
Dirás que no puede ser,
mas no hay milagro mejor.
¡Yo lo canto con fervor,
Virgencita pinturera!
¡Mi palabrita postrera
debe ser Montemayor!
Mientras pido que me ampares
te rezo desde Sevilla
con Pérez de la Rasilla,
mi Reina de los Pinares!
Desde Moguer yo subiera
para en tu pueblo encontrarte.
Hoy también quiero cantarte,
dulce Patrona de Higuera.
La Colegial toda entera
la entrego a tu devoción.
Celebro tu Encarnación.
Como un clavel encarnado,
brotó Jesús en tu Prado
por la humana redención.
Naranjos guardan tu sueño,
tu mirada en un fanal.
¡Qué consuelo sin igual
sevillano e higuereño!
San Roque tiene un altar
que es un Picacho elevado.
Picacho que está adornado
de tu presencia simpar.
Yo quiero peregrinar
para gozar la blancura
donde Bobi te procura
más amor y más cariño.
De la mano de tu Niño
ando por senda segura.
Contigo venzo al temor
y a los llantos de la tierra
¡Madre amada de la Sierra
no me niegues tu favor!
Guadalupe ¡vaya suerte
de ubetenses con ahínco!
¡Contando de cinco en cinco
los años por más quererte!
¡Haz que sepan ofrecerte
octubres de fe rendida!
¡Haz que te ofrezcan su vida!
¡Llena el mar de su ilusión!
¡Dejo hoy mi petición
sobre tu saya prendida!
La Plaza de Zurbarán
se mira siempre en tu espejo.
¡Guadalupe, en tu azulejo
mis ojos rezando están!
Guadalupe, tu me acercas
en tu casa franciscana,
la seráfica y serrana
iglesia de las Villuercas.
Tú nos buscas, tú nos cercas,
nos atrapa tu bondad.
Te pregona tu Hermandad,
humilde, pobre y pequeña,
Santa Virgen Cacereña,
Reina de la Hispanidad.
Venero tu piel oscura,
signo de antiguos amores,
mientras que te rinde honores
la casa de Extremadura.
Y entre todas, por razones
que el pecho no necesita,
pongo a la Virgen bendita,
velón de mil corazones.
Araceli en mis canciones
siempre Madre Dulce y Buena.
Araceli, Gracia Plena
Araceli porque es
la Rosa de San Andrés
y el orgullo de Lucena.
Araceli porque vivo
porque Araceli no muera.
Araceli porque espera
estos versos que le escribo.
Araceli, no concibo
vivir si tú no me "avías".
De mis llantos y alegrías
contigo seré santero.
Tu Niño es el manijero
Tú, la horquilla de mis días.
Araceli, tú me amparas,
Araceli, tú me elevas,
Araceli, tú me llevas
hasta tu Sierra de Aras.
Tú en sonrisas no reparas,
tú das fuerza a mi ilusión.
Quiero vivir la emoción
de verte a la luz del día.
Quiero verte, Madre mía,
cada año en procesión.
Yo quiero a las filiales,
por sencillas, por honestas,
porque sus pocos hermanos
lo apuestan todo y se arriesgan,
porque el amor a la Virgen
dentro del pecho les quema.
Los nombres de vuestras Vírgenes
a muchos solo le suenan.
Preguntan de dónde son
esas Vírgenes viajeras.
Las Vírgenes que vinieron
de sus hijos a estar cerca.
Ellas dejaron su pueblo
y encontraron patria nueva,
una casa y un altar,
y aquí las hicimos nuestras.
Así, misterio grandioso
de su bendita presencia,
estando en nuestra ciudad
y en el pueblo donde reina,
¡la Virgen vino de lejos
para quedarse en su tierra!
Este camino de amor a la Madre no puede tener mejor descanso que el Risco de la Pastora. Nueve Pregones de las Glorias a los pies de la Pastora de Santa Marina. En mi hermandad he aprendido a ser como soy, por ella soy lo que soy y sin ella no entiendo mi vida. He encontrado amigos y maestros, he vivido alegrías y decepciones, y he ganado una Madre del Cielo que me vuelve loco, la mejor Pastora Asunta.
Me faltan líneas y tiempo para decirte todo lo que guardo en el corazón. Cierro los ojos y puedo recordar cada detalle de tu estampa. Siento en mis manos todas tus cosas, siento tus ojos sobre mi vida, siento entre mis dedos la suave maravilla de tus manos protectoras. Yo te miro en cada momento, en cada dificultad, y tú me respondes siempre. Por eso me gusta tanto cuando bajas para que bese tus manos en el día grandioso del ocho de diciembre.
Porque tus manos llevaron al Padre Isidoro a fundar la Hermandad de San Lorenzo, porque tu nombre guió a los Capuchinos de tu convento en sus misiones, porque tus hijos dieron fuerza a los que levantaron la Hermandad de esa Pastora que me abrió su corazón aquel jueves de salve en Triana. Porque tus manos y tu cara y tu cuerpo y tus rodillas y tus pies y tus labios y tu cuello y tu regazo fueron y son razón de tantos milagros que conozco.
Yo te pido, Pastora, por mis hermanos, por tus hijos, para que no nos perdamos en la senda de la crítica vacía, de la vana ostentación, del ser por quitarle sitio a otra persona. Yo te pido muchas cosas que sabes que van guardadas en estas pastas. No puedo decirte más, porque me harían falta muchos Pregones de Glorias dedicados por completo a la pasión que te tengo. Por eso, para no decir ni más ni menos, déjame que te hable con un signo de cariño, con un beso como el que ofrezco cada vez que me encuentro contigo en la capilla. Yo quisiera tenerte cerca mía…
Yo con mis manos quisiera
acariciarte, Pastora.
Cruzar la línea, Señora,
dejar atrás mi frontera.
Yo en estas manos pusiera
el amor que te profeso.
Amor, simplemente eso,
simplemente amor te doy.
Deja que en el día de hoy
con ellas te mande un beso.
Yo se que mi beso llega
por el aire hasta tu brisa.
Cruza tu puerta y la prisa
a incomodarle se niega.
Yo se que mi beso riega
las rosas de tus corderos.
Yo lo se, son mis "tequieros"
las granadas clavellinas.
Mi beso no tiene espinas
por tus ojos jardineros.
Mi beso es el primerizo
de Isidoro y de Tovar,
mi beso es como el tallar
del Ruiz Gijón que te hizo.
Mi beso es mi propio hechizo
cuando a tus plantas te rezo.
Mirarte es como el tropiezo
bello que Farnesio dio,
cuando a ese fraile entregó
tu distintivo aderezo.
Besarte es besar la luna
besando la luz del día,
besarte como lo haría
soñando el Duque de Osuna.
Besarte desde la cuna
como aquel niño perdido,
que en tu Novena escondido
dejaron en un rincón.
Besarte es la bendición
que Dios nos ha concedido.
Besarte sin descansar,
como hizo el Padre Verita,
el que nos dejara escrita
la letra de mi cantar.
Tú me lo vas a prestar,
Pastora, por este día.
Tú sabes bien, Madre mía,
que en mi teclado viajero,
hay un sitio postinero
para el "Pastora María".
Besarte, Madre, besarte,
dando brincos de alegría,
besarte como lo hacía
Manuel del Real. Mirarte
y soñar para adornarte
en uno solo tres mantos.
No me faltará entre tantos,
en olvido no se queda.
El gran Rodríguez Ojeda
bordó en oro tus encantos.
Quiero con mi voz besante
besarte con la emoción
que al Voto de la Asunción
le puso Pedro Morante.
Yo quiero un beso que cante
como el zagal con sombrero.
Yo quiero el beso guerrero
del Barrau que te salvara.
Un beso que te entregara
tu barrio humilde y sincero.
Quiero el beso que te dio
la calle Amparo, bonita,
cuando en la parihuelita
contenta llegar te vio.
Yo quiero el beso que habló
en las décimas de Caro.
Yo quiero el beso, declaro,
que más te gustara a Ti,
te lo mando desde aquí,
de mi tiniebla a tu faro.
Te mando un beso, lo mando
por mi añoranza a través.
Aquel año dos mil tres
voy con gozo recordando.
El día de San Fernando,
y aquel Septiembre genial.
Esa Misa Estacional
que con mis versos bendigo,
en que el Arzobispo Amigo
salió hecho Cardenal.
Ese beso es el que quiero,
un beso de corazón,
el beso tuyo, Ascensión
Rodríguez y Berraquero.
Ese beso del esmero
que Antonio Asenjo apoyaba.
Ese beso que le dabas
Ascensión, no me lo niegues,
mientras poniendo tres pliegues
de vestirla terminabas.
A tantos besos añado
el más pobre y chiquitito.
El beso que dejo escrito
en este verso y legado.
Tres siglos me han enseñado
a quererte hora tras hora.
Por eso Reina y Señora,
haré como cada día,
cuando a tus plantas, María,
entro y rezo y te lo doy.
No debe ser menos hoy,
por eso yo cumplo ahora.
Desde mi pecho a tu altar,
te mando un beso, Pastora.
CONCLUSIÓN: ANTE EL CORAZÓN DE JESÚS.
Como expuesto en este altar de plata, me estás esperando, Señor, para abrazarme. Con esos brazos abiertos en los que cabe un mundo. Con esos brazos abiertos que son los mismos que, suspendidos sobre el sepulcro, nos regalaron la mejor Aurora, la del día de tu Resurrección. Con un pie adelantado para salir a buscarme. No me da miedo poderme pinchar con las espinas de tu Corazón herido. No tengo miedo de nada, porque sé que tú vas conmigo. ¡Qué suerte, Corazón Sagrado de Jesús, poder terminar este Pregón entre tus manos llagadas por el amor que nos tuviste!
Has venido, Señor, a llamarnos uno a uno. A despertarnos en el Huerto y a pedirnos que velemos contigo, que no nos distraigamos en parafernalias vacías. Que defendamos lo justo y lo bueno, y que no nos volquemos más en criticar a nuestros hermanos. Tú eres el mismo Dios que me abrazó aquel día de la Candelaria en la Magdalena, tú eres el mismo Dios que nos espera en el Sagrario, tú eres Jesús del Poder, Cristo de la Redención, de la Paz y del Amparo. Tú eres nuestro Salvador y Redentor. Por eso, Señor, repito con toda el alma: "Corazón de Jesús, en Ti confío". Confío en tu Corazón, espejo en que se miró el Corazón Inmaculado de tu Madre, devoción entregada del barrio de Heliópolis y alegría romera de Torreblanca.
Confío, Señor, en que Tú no nos vas a abandonar y vas a estar con nosotros en los momentos de alegría y de tristeza. Yo te tendré para siempre muy cerca, y podré mirar tu estampa que me hace recordar esa certeza: "Corazón de Jesús, en Ti confío". Confío en que tú vas a seguir iluminando a las Hermandades de Gloria para que sigan en su camino del día a día. Confío en que Tú no vas a dejar que nos hundamos en la desesperación cuando pensemos que todo sale mal, que no nos llega el dinero, que nos faltan hermanos...Tú nos tienes preparada la mejor recompensa que imaginarse puede.
Recompensa que yo ya sé que está viviendo ella, que se fue para celebrar tu fiesta en el cielo. Una de las últimas alegrías que me dio fue saber decir que "su Niño era de Hermandades de Gloria". Ella no era de ninguna Hermandad, pero muchos de vosotros la conocisteis por teléfono o por referencia mía. Ella era fuerza de mi vida, ella era motivo de mi esfuerzo y dedicación, y una mañana se me fue, se me fue a la Gloria que estamos pregonando y que ella me ha ayudado a entender desde que se marchó.
He reservado para ella el mejor sitio, el sitio del corazón, el sitio del Sagrado Corazón de Jesús. A Él vengo a pedirle que la siga cuidando como yo lo hice, porque ella allí seguirá viendo como entrego mi trabajo por mis Hermandades, y seguirá apoyándome y escuchándome como lo hizo siempre.
Hace un año que se fue
y hoy la siento yo aquí mismo.
Cada cosa que yo hago
ella lo hace fructífero,
vivo para recoger los frutos
de su esfuerzo y sacrificio.
Yo no te pido por ella,
porque se que está en buen sitio,
yo no te pido, Señor,
porque eres bueno conmigo
tú me entregas cada día,
todo lo que necesito.
Por eso, no pido nada,
por eso, mi Dios altísimo,
por eso sigo diciendo:
"Corazón, en ti confío".
Yo confío en la mirada
de tus ojos a los míos,
que me gritan "Adelante"
desde el silencio eucarístico,
y si no escucho tu voz,
por este mundo y sus gritos
sólo me sale decirte:
"Corazón, en ti confío".
Yo no me quiero perder
en terrenales litigios,
porque yo sé que tú tienes
un mundo nuevo y distinto,
donde lo tendremos todo
en el cielo prometido.
Allí, cada mes de Junio,
cuando Nervión encendido,
vuelva a poner en la iglesia
la rampa para su Cristo,
y tras la misa se abran
las puertas frente al bullicio,
allí, en el cielo esperado,
haremos tu recorrido.
¿Tú sabes cómo lo haremos?
No vamos a llevar cirios,
ni estandartes ni banderas,
va a ser todo más sencillo.
Haremos de las estrellas
singulares farolitos,
que se enciendan por la noche
con celestiales pabilos.
¡Será la Gloria en la Gloria
un cortejo tan bonito!
Si me apuras, Padre Santo,
eso sí que te lo pido.
En ese cielo tan grande
dame solo un rinconcito.
Un rinconcito en que entren
dos almas, eso es muy chico.
Un sitio donde yo pueda
recuperar lo perdido,
recuperar ese abrazo
y esas manos y ese espíritu,
que un día antes de tu día
le enviaste tú el oficio,
porque cogiera un farol
de esos que yo me imagino.
En ese rincón de gloria
que estoy soñando, yo digo
que estaremos para siempre
abuela y nieto juntitos.
Por eso, no pido nada,
por eso, mi Dios altísimo,
por eso sigo diciendo:
"Corazón, en ti confío".
Porque yo se que el final
de la vida es el principio,
y cuando cierre los ojos,
y cuando yo vuelva a abrirlos,
seré como recordáis,
yo volveré a ser un niño.
Y en esa regla de tres,
de dos términos distintos,
si yo vuelvo a ser pequeño,
si yo vuelvo a ser un niño,
ella volverá a llevarme
de su mano a todos sitios,
y la muerte no podrá
separar nuestros caminos.
Por eso, Dios de Nervión,
por eso yo te lo pido,
te lo pido sin pedir,
porque yo en tu Amor confío.
Yo lo pienso y solo rezo
"Corazón en ti confío",
yo lo pienso y tú me miras
"Corazón, en ti confío",
yo te miro y rezo a un tiempo,
"Corazón, en ti confío".
Tú no me vas a fallar,
por eso vivo tranquilo.
Por eso puede el Pregón
poner en tu nombre epílogo.
Tú ya sabes lo que quiero,
"Corazón, en ti confío".
Yo quiero el cielo, y en él
quiero lo que ya te he dicho.
Un sitio para dos almas
junto a tu Amor infinito.
¡Un sitio junto a mi abuela
para quedarnos contigo!
HE DICHO
©
Consejo General de HH. y CC.
de la Ciudad de Sevilla
C/ San Gregorio, 26 - Telf. (+34) 954 21 59 27
41004 - SEVILLA