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Formación > Vivir de la Palabra de Dios. Vol I. El Antiguo Testamento

Vivir de la Palabra de Dios

Plan de formación para Hermandades y Cofradías

de la Diócesis de Sevilla

Vol. I. El Antiguo Testamento

 

Tema I: ACERCARSE A LA PALABRA ES ACERCARSE A DIOS.

Tema II: LA HISTORIA HUMANA, UNA HISTORIA DE SALVACIÓN.

Tema III: PROFETIZA, HIJO DE HOMBRE.

Tema IV: DAME, SEÑOR, LA SABIDURÍA ASISTENTE DE TU TRONO.

Tema V: TODO ESTO ERA SOMBRA DE LO QUE TENÍA QUE VENIR.

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Tema III: Profetiza, hijo de hombre.

3.1. Motivación del Tema.

3.2. Iluminación del Tema.

3.3. Referencia Doctrinal.

3.4. Nuestro acercamiento a la Palabra.

3.5. Nos preguntamos.

3.6. Tomamos algún compromiso.


 

Ir al inicio de la página 3.1.- Motivación del Tema

3.1.1. Adivinos, agoreros, nigromantes, futurólogos, magos, hechiceros, videntes, astrólogos, visionarios, han existido en todos los tiempos y en todos los pueblos, incluso en los más cultos y desarrollados: también en los nuestros, y por millares...

3.1.2. Son hombres y mujeres que tienen la pretensión de predecir el futuro, (cercano o lejano), de los demás, se valen de medios mecánicos (las cartas, la bola de cristal, las tijeras..) para interpretar signos, sueños, acontecimientos favorables o adversos de los humanos.

3.1.3. Pero, además de los adivinos, echadores de cartas .... han existido siempre y existen también hoy 'profetas': es decir, personas que con sus gestos o palabras anuncian o predicen desde una perspectiva religiosa (pro‑femí = pre‑decir) lo que va a suceder.

3.1.4. En el Antiguo Testamento se encuentra ya una pléyade de profetas; aparecen efectivamente, y con una importancia nada indiferente, hombres y mujeres llamados 'profetas': unos verdaderos, otros falsos.

3.1.5. También en el Nuevo Testamento está presente la realidad del profetismo comenzando por Jesús, que fue proclamado como, el gran Profeta' (Lc 7,16). Más aún, se llegará a afirmar (Hch 2,16‑18) que todos los bautizados participan de la condición profética de Cristo. No se excluye, por otra parte, la posibilidad de que se introduzcan entre ellos profetas falsos (Mt 7,15).

3.1.6. En nuestros propios tiempos somos testigos de la presencia de 'profetas': entre ellos recordamos a Juan XXIII: él, (que en el Discurso de Apertura del Concilio Vaticano II [11 octubre 1962] habló de 'profetas de calamidades’) fue con sus palabras, con sus gestos y sobre todo con sus actuaciones, un verdadero profeta en pleno siglo XX.

3.1.7. Es importante, por consiguiente, acercarse a la realidad del profetismo bíblico Tenemos además todo el derecho y hasta la obligación de preguntamos: ¿qué valor tiene el profetismo que encontramos en la Biblia? ¿cómo hay que acercarse y valorar esos escritos? ¿qué mensaje fundamental tienen? ¿hay que tomar en serio a los profetas? ¿siempre? ¿a todos? ¿en todo lo que digan? ¿puede tener el mensaje de los profetas valor y vigencia para el creyente del siglo XXI?

3.1.8. Estamos, pues, ante un Tema importante y actual: tanto desde el punto de vista sociológico (fenómeno actualísimo y masivo), como desde el punto de vista cristiano el Profetismo es un hecho que sobrecoge al hombre (deseoso de conocer el misterio del futuro), y en el que le va la posibilidad de conocer el proyecto de Dios en la historia y responder a él.

3.2.1. En el Antiguo Testamento aparecen desde muy pronto personas calificadas como 'profetas': Abrahán, Moisés, Aarón, María, Débora...


Ir al inicio de la página3.2.- Iluminación del Tema

3.2.2. Es a finales del s.XI a.C., en tiempos de Samuel (1 Sam 10,540), cuando surgen las corporaciones de los profetas profesionales. Un profetismo (profesional u oficial) que se desarrolla a partir del siglo VIII (Amós, Jonás, Oseas, Isaías, Miqueas), prosigue en los siglos VII‑VI Jeremías, Sofonías, Nahún, Abacuc, Ezequiel, Daniel), y culmina en el siglo V (Ageo, Zacarías, Abdías, Malaquías, Joel).

3.2.3. Los Profetas han sido clasificados como: anteriores al Destierro (Amós, Oseas, Isaías, Miqueas, jeremías, Sofonías, Nahum y Habacuc), en tiempos del Destierro (Ezequiel, el Segundo Isaías), Profetas de la reconstrucción (Tercer Isaías, Ageo, Zacarías) y últimos Profetas (Malaquías, Abdías, Joel, Jonás y Daniel).

3.2.4. El verdadero profeta es un hombre o mujer llamado y enviado por Dios; tiene confiada una misión pública; su instrumento es fundamentalmente la palabra; su mensaje se mueve en una doble dirección: crítica arrancar y destruir en el área religiosa, social, política económica, y esperanzada edificar y plantar') de conversión, de cambio, de construcción del futuro, de actitud positiva frente a la salvación de Dios. Es alguien comprometido al mismo tiempo con el Señor de la historia, y con el pueblo que camina con él. Situado en el presente, está siempre proyectado al futuro. No añora el pasado; si alguna vez lo recuerda es para mejor proyectar el futuro.

3.2.5. El Mensaje de los Profetas del AT es múltiple:

1) Proclaman incansablemente el monoteismo, al que llegaron no a través de puros razonamientos, sino a partir de su propia y personal experiencia religiosa. Denuncian y fustigan, por eso mismo, con toda su fuerza, cualquier forma de idolatría

2) Dios, el único Dios, está seria y definitivamente comprometido con el hombre mediante un pacto inquebrantable: berît = Alianza. Un pacto que no se cambiará jamás.

3) Como «centinela de la Alianza» (Os 9,8; Ezq 3,16‑21), como «servidor de Dios y del pueblo» (Am 3,7; Jer 25,4; 26,5), como «mensajero de Dios» (Ag 1,13), como«examinador» (Jer 6,27), el verdadero profeta habla siempre de forma concreta y realista para anunciar con diversas formas o símbolos‑ el amor apasionado de Dios a la humanidad.

4) Dios es el único salvador: no hay otro que pueda salvar: Is 45,18‑25.

5) Denuncian con fuerza el culto ampuloso (abundancia de incienso, ofrendas, holocaustos) pero vacío, hueco, falso, de apariencias, no sincero: ese culto resulta desagradable e intolerable a Dios, que busca un culto verdadero y auténtico a partir de la autenticidad del corazón Os 1,10‑17; 58,1‑10; Am 5,14‑15‑21; Mi 3,4; Jer 2,34).

6) Denuncian igualmente, en nombre de Dios, las situaciones de injusticia y defienden con toda contundencia los derechos de los pobres y desvalidos frente a los abusos de la clase dominante.

7) Predican incansablemente la utopía: la venida de los tiempos nuevos; el florecimiento de una nueva era de paz con Dios y de armonía profunda entre todos los hombres por diversos que sean.

8) Predicen reiteradamente la venida de un rey davídico redivivo, gracias al cual se escribirá en el corazón de los hombres una Nueva Alianza (Os, Miq, Jer, Ezq, Zac).


Ir al inicio de la página3.3.- Referencia Doctrinal.

3.3.1. Concilio Vaticano II:

Constitución Lumen Gentium: «El Pueblo santo de Dios participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad y ofreciendo a Dios el sacrificio de alabanza, que es fruto de los labios que confiesan su nombre» (LG 12).

Constitución Lumen Gentium: «Cristo, el gran Profeta, que proclamó el reino del Padre con el testimonio de la vida y con el poder de la palabra, cumple su misión profética hasta la plena manifestación de la gloria, no sólo a través de la jerarquía, que enseña en su nombre y con su poder, sino también por medio de los laicos, a quienes, consiguientemente, constituye en testigos y les dota del sentido de la fe y de la gracia de la palabra para que la virtud del Evangelio brille en la vida diaria, familiar y social» (LG 35).

Constitución Lumen Gentium. «Los laicos quedan constituidos en poderosos pregoneros de la fe en las cosas que esperamos cuando, sin vacilación, unen a la vida según la fe la profesión de esa fe. Tal evangelización, es decir, el anuncio de Cristo pregonado por el testimonio de la vida y por la palabra, adquiere una característica específica y una eficacia singular por el hecho de que se lleva a cabo en las condiciones comunes del mundo» (LG 35).

Constitución Dei Verbum «Deseando Dios con su gran amor preparar la salvación de toda la humanidad, escogió a un pueblo en particular a quien confiar sus promesas. Hizo primero una alianza con Abrahán; después, por medio de Moisés, la hizo con el pueblo de Israel, y así se fue revelando a su pueblo, con obras y palabras, como único Dios vivo y verdadero. De este modo Israel fue experimentando la manera de obrar de Dios con los hombres, la fue comprendiendo cada vez mejor al hablar Dios por medio de los profetas, y fue difundiendo este conocimiento entre las naciones» (DV 14).

Constitución Dei Verbum: «Toda la predicación de la iglesia, como toda la religión cristiana, se ha de alimentar y regir con la Sagrada Escritura. En los Libros sagrados, el Padre, que está en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos. Y es tan grande el poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual» (DV 21).

3.3.2. Autores Varios:

«Los profetas fueron auténticos forjadores de esperanzas, que abrieron la historia y los horizontes de su pueblo hacia un futuro de salvación y plenitud. Basados en las grandes verdades y experiencias del éxodo, de la alianza, de la elección de Jerusalén como ciudad santa y de la elección de la casa de David como dinastía eterna, los profetas anuncian y esperan un nuevo éxodo, una nueva alianza, una nueva Jerusalén, y un nuevo David que instaure sobre la tierra el reino de Dios (mesianismo). Estas, junto con las promesas de un nuevo pueblo e incluso de una nueva creación, son las esperanzas que constituyen los grandes ejes de la utopía o escatología profética» (AA.VV., La Biblia, La Casa de la Biblia, Madrid 1992, p.703).

«Son muchas las ocasiones en que los profetas denuncian las prácticas culturales en sus más diversas formas (fiestas, peregrinaciones, ofrendas, sacrificios, rezos), porque se han convertido en un tranquilizante de las conciencias, al mismo tiempo que introducen una falsa idea de Dios. Las mismas personas que oprimen a los pobres o contemplan indiferentes los sufrimientos del pueblo tienen la desfachatez de ser las primeras en acudir a los templos y santuarios pensando que el Señor se complace más en los actos de culto que en la práctica de la justicia y de la misericordia» (J.L.Sicres, Profetismo en Israel, Estella 1992, p.413).

«La historia del profetismo parece ser la de un fracaso. Durante más de tres siglos, los profetas lucharán con todas sus fuerzas para orientar la política interior y exterior de los reinos de Samaría y de Judá en el sentido de la elección de Israel... Al anunciar el fin de la antigua alianza, los últimos grandes profetas abrieron la esperanza de una alianza nueva, inscrita en el corazón de los fieles. Después de este mensaje esencial, el profetismo no tendrá ya nada que decir, podrá desaparecer del escenario» (E. Beaucamp, Los profetas de Israel, Estella 1988, p.22).

 


Ir al inicio de la página3.4.- Nuestro acercamiento a la Palabra.

Isaías: «Yo soy el Señor y no hay otro: artífice de la luz, creador de las tinieblas, autor de la paz, creador de la desgracia: yo, el Señor, hago todo esto.... ¿Quién anunció esto desde antiguo, quién lo predijo entonces? ¿No fui yo, el Señor? No hay otro Dios fuera de mí. Yo soy un Dios justo y salvador, y no hay ninguno más. Volveos hacia mí para salvaros, confines de la tierra, pues yo soy Dios y no hay otro» (45, 6‑8.18.21‑26).

Jeremías: «En tiempo de Josías, recibí esta palabra del Señor: Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré. Te nombre profeta de los gentiles. Yo repuse: ¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho. El Señor me contestó: No digas 'soy un muchacho', que a donde yo te envíe irás, y lo que yo te mande, lo dirás. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte. El Señor extendió la mano y me tocó la boca; y me dijo: Mira: yo pongo mis palabras en tu boca; hoy te establezco sobre pueblos y reyes, para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para edificar y plantar» (1,4‑10).

Números: «Un muchacho corrió a anunciar a Moisés: 'Eldad y Medad están profetizando en el campamento'. Josué, hijo de Nun, que estaba al servicio de Moisés desde su mocedad, respondió y dijo: 'Mi señor Moisés, prohíbeselo (profetizar)'. Le respondió Moisés: ¿Es que estás tú celoso por mi? Ojalá que todo el pueblo de Yahvéh profetizara porque Yahvéh les daba su espíritu» (11,27‑29).

Joel: «En los últimos días ‑dice Dios‑ derramaré mi Espíritu sobre todo hombre: Profetizarán vuestros hijos e hijas, vuestros jóvenes tendrán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños; y sobre mis siervos y siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días y profetizarán» (3,1‑2).

Isaías: «¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios? Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada ¿Por qué entráis a visitarme? ¿Quién pide algo de vuestras manos cuando pisáis mis atrios? No me traigáis más dones vacíos, más incienso execrable. Novilunios, sábados, asambleas, no los aguanto. Vuestras solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones; cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad la justicia, defended al oprimido; sed abogados del huérfano, defensores de la viuda» (1,11‑17).

Ezequiel «En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mí, y con su Espíritu el Señor me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me preguntó: Hombre mortal, ¿podrán revivir estos huesos? Yo respondí: Señor, tú lo sabes. El me dijo: pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: Huesos secos, escuchad la Palabra del Señor'. Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable. Y me dijo el Señor: Profetiza y diles: Así dice el Señor: yo mismo abriré vuestros sepulcros y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Os infundiré mi espíritu y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago» (37,1‑14).

Isaías: «Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor. Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados; de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven; caminemos a la luz del Señor» (2,2‑5).


Ir al inicio de la página3.5.- Nos preguntamos.

‑ ¿Qué preguntas ha suscitado en nosotros el estudio de este Tema?

 

Anota aquí:

 

 

 

 

 

CÁNTICO DE TOBÍAS

 

Bendito sea Dios, que vive eternamente, y

cuyo reinado dura por los siglos:

Él azota y se compadece;

hunde en el abismo y saca de él,

y no hay quien pueda escapar de su mano.

Dadle gracias, Israelitas, ante los gentiles,

porque Él nos dispersó entre ellos.

Proclamad allí su grandeza,

ensalzadlo ante todos los vivientes, porque Él es

nuestro Dios y Señor:

nuestro Padre y Dios por todos los siglos.

Si volvéis a Él de todo corazón y con toda el alma,

siendo sinceros con Él,

Él volverá a vosotros y no os ocultará su rostro.

Veréis lo que hará con vosotros, le daréis gracias

a boca llena,

bendeciréis al Señor de la justicia, y ensalzaréis

al rey de los siglos.

 


Ir al inicio de la página3.6.- Tomamos algún compromiso.

 

3.6.1. A nivel de Hermandad

 

3.6.2. A nivel personal

 

Nota bibliográfica.

• J.L.Sicre, Profetismo en Israel, Ed.Verbo Divino, Estella 1992.

 • Ver los correspondientes Artículos en los Diccionarios citados en el Tema I.

 

 

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