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Formación > Vivir de la Palabra de Dios. Vol I. El Antiguo Testamento

Vivir de la Palabra de Dios

Plan de formación para Hermandades y Cofradías

de la Diócesis de Sevilla

Vol. I. El Antiguo Testamento

 

Tema I: ACERCARSE A LA PALABRA ES ACERCARSE A DIOS.

Tema II: LA HISTORIA HUMANA, UNA HISTORIA DE SALVACIÓN.

Tema III: PROFETIZA, HIJO DE HOMBRE.

Tema IV: DAME, SEÑOR, LA SABIDURÍA ASISTENTE DE TU TRONO.

Tema V: TODO ESTO ERA SOMBRA DE LO QUE TENÍA QUE VENIR.

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Formación

Tema II: La Historia Humana, una historia de salvación.

2.1. Motivación del Tema.

2.2. Iluminación del Tema.

2.3. Referencia Doctrinal.

2.4. Nuestro acercamiento a la Palabra.

2.5. Nos preguntamos.

2.6. Tomamos algún compromiso.


 

Ir al inicio de la página 2.1.- Motivación del Tema

2.1.1. En el ámbito de la Revelación judeo‑cristiana la historia ha tenido siempre y la sigue teniendo hoy, una importancia decisiva. Efectivamente, el creyente ‑judío y cristiano‑ cree que Dios se ha revelado, se ha automanifestado, en la historia y por la historia. La Revelación cristiana, en particular, no se ha realizado simplemente en la mente o en la fantasía de una persona determinada que después ha puesto por escrito esas iluminaciones interiores. Los escritos revelados recogen fundamentalmente las experiencias 'hechas en la historia' de un pueblo (primero el judío y después el cristiano) o de una persona, que reflexionando sobre lo vivido, ha descubierto la presencia de Dios, los rasgos fundamentales de su persona, sus proyectos y designios, su voluntad salvífica, su amor inquebrantable al hombre de toda condición, de todos los tiempos, de todas las culturas

2.1.2. Entre los cuarenta y seis libros que componen el AT hay un grupo (16) que se conocen bajo el título general de 'libros históricos'.

2.1.3. Ahora bien: delante de determinadas narraciones 'históricas' que encontramos en la Biblia experimentamos, a veces, no pocas ni pequeñas dificultades. Hasta el punto de llegar a pensar en nuestro interior si estamos delante de fábulas o 'cuentos' más que de verdaderas historias.

2.1.4. Esta experiencia lleva al creyente a hacerse algunas preguntas con valentía y madurez: ¿importa realmente la historia para la fe? ¿en qué relación están Dios y la historia? ¿es la Fe la que crea las historias en la Biblia o son las historias las que fundamentan y desencadenan la Fe? ¿hasta qué punto se puede hablar de 'historia' en la Biblia? ¿en qué sentido?

 2.1.5. Podemos, sin embargo, equivocarnos si no se distingue convenientemente entre el sentido del término «historia» cuando se aplica al plano científico o al ámbito bíblico.

- en el campo científico de la historiografía, es fundamental -para poder hablar de verdadera historia- que un hecho pueda situarse en unas coordenadas de espacio y de tiempo absolutamente bien concretas y determinadas.

- en el ámbito bíblico, por el contrario, se habla de acontecimientos históricos en relación con aquellos hechos que teniendo ciertamente un fundamento histórico, han sido recreados o enriquecidos con datos y elementos de la tradición, de la cultura e incluso de la fantasía popular: basta que el hecho al que nos referimos tenga una realidad objetiva, aunque después haya sido revestido de otros adornos o datos que lo enriquecen y les dan un relieve particular.

2.1.6. La llamada historia de la salvación ¿es una historia «paralela» a la historia del mundo y del hombre? ¿tienen que ver la una con la otra? ¿son contradictorias? ¿en qué historia tiene el cristiano que encontrar la propia salvación? ¿en qué historia tiene que comprometerse para transformarla según el proyecto de Dios?


Ir al inicio de la página2.2.- Iluminación del Tema

2.2.1. El Dios revelado en la Escritura es el Dios de la historia: se presenta como señor y dueño de la historia; se revela ‑es decir, se hace conocer por el hombre‑ no sólo en la creación, sino también y muy particularmente, en la historia y por la historia concreta de los hombres. Esa historia vivida y leída desde la fe se convierte en historia de la salvación.

2.2.2. La historia de la salvación, como se narra y se presenta en el Antiguo Testamento, no corresponde al orden cronológico de los acontecimientos, sino al de la fe del pueblo de Israel que la vivió y la interpretó de esa manera. Desde esta perspectiva hay que caer en la cuenta de que las «narraciones biblicas» no son, por principio, fotografías del natural: algo así como si hubiera habido una cámara de video para ir fotografiando material y objetivamente todos los acontecimientos narrados. El conjunto de los hechos narrados son ya 'interpretación' de lo sucedido, desde una perspectiva creyente.

2.2.3. El Nuevo Testamento transforma el cuadro histórico del Antiguo Testamento al colocar a la persona de Cristo en el centro de toda la historia de la salvación. Lo ocurrido en el Antiguo Testamento era «sombra de lo futuro» (Col 2,17; Ga 4,22‑26; 1Co 10,1‑6).

2.2.4. Si la revelación que Dios hace de sí mismo al hombre, la hace en la historia, por la historia y lo largo de la historia, quiere decir que esa automanifestación está voluntariamente sometida al dinamismo de la historia: es progresiva desde sus inicios hasta llegar a su total planificación en la persona de Cristo.

2.2.5. Ese carácter histórico y dinámico, no lo ha perdido la revelación al venir Cristo y con la muerte del último de los Apóstoles: no en el sentido de aparecer verdades nuevas, sino en el sentido de que, con la fuerza y la luz del Espíritu, la comunidad cristiana va descubriendo incesantemente nuevos aspectos, perspectivas, consecuencias y compromisos que están implícitos en toda su plenitud en el mensaje revelado en Cristo.

2.2.6. La historia de la salvación tiene incluso un alcance cósmico, en cuanto que ‑como dice Pablo en la Carta a los Romanos (8,19‑22)‑ la creación lanza, hoy como ayer, un gemido universal esperando verse liberada de la esclavitud a la decadencia a la que la sometió el hombre.

2.2.7. Los libros históricos de la Biblia en el Antiguo Testamento son dieciséis:

‑ Libros de Josué, jueces, Rut, 1º y 2º de Samuel, 1º y 2º de los Reyes,

‑ Libros 1° y 2° de las Crónicas, Esdras, Nehemías, Tobías, Judit y Ester.

‑ Libros 1° y 2º de los Macabeos.

2.2.8. Totalmente peculiares son los cinco primeros libros de la Biblia que, precisamente por ser cinco y formar un bloque completamente singular, se conocen bajo el título general de Pentateuco. Estos libros son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

Génesis: es la historia de los antepasados: Adán‑Eva, Noé, Abrahán, Isaac, Jacob, Josué.

Éxodo: dos grandes temas: la liberación de Egipto (1‑15) y la Alianza del Sinaí (19‑40).

Levítico: carácter legislativo, interrumpiendo la narración de los sucesos del Éxodo.

Números: reanuda el tema de la marcha por el desierto.

Deuteronomio: código de leyes civiles y religiosas, gran discurso y muerte de Moisés.


Ir al inicio de la página2.3.- Referencia Doctrinal.

Concilio Vaticano II: «El plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; las obras que Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan; a su vez, las palabras proclaman las obras y explican su misterio. La verdad profunda de Dios y de la salvación del hombre, que transmite dicha revelación, resplande en Cristo, mediador y plenitud de toda la Revelación" (DV 2).

Concilio Vaticano II: «Las fuentes principales de la predicación serán la Sagrada Escritura y la liturgia, ya que es una proclamación de las maravillas obradas por Dios en la historia de la salvación» (SC 35).

Concilio Vaticano II: «La Tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón (cf. Lc 2,19,51), cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los Obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad. La iglesia camina a través de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumplan en ella plenamente las palabras de Dios» (DV 8).

Concilio Vaticano II: «La Iglesia tiene una finalidad escatológica y de salvación, que sólo en el siglo futuro podrá alcanzar plenamente. Está presente ya aquí en la tierra, formada por hombres, es decir, por miembros de la ciudad terrena que tienen la vocación de formar en la propia historia del género humano la familia de los hijos de Dios, que ha de ir aumentando sin cesar hasta la vanidad del Señor» (GS 40).

Concilio Vaticano II: «Por medio de la revelación, Dios quiso manifestarse a Sí mismo y sus planes de salvar al hombre, para que el hombre participe de los bienes divinos, que superan totalmente la inteligencia humana» (DV 6).

Concilio Vaticano II: «Deseando Dios con su gran amor preparar la salvación de toda la humanidad, escogió a un pueblo en particular a quien confiar sus promesas. Hizo primero una alianza con Abrahán (cf. Gen 15,18); después, por medio de Moisés (cf. Ex 24,8), la hizo con el pueblo de Israel, y así se fue revelando a su pueblo, con obras y palabras, como único Dios vivo y verdadero. De este modo Israel fue experimentando la manera de obrar de Dios con los hombres, la fue comprendiendo cada vez mejor al hablar Dios por medio de los profetas, y fue difundiendo este conocimiento entre las naciones (cf. Sal 21,2829; 95,1‑13; Is 2,1‑4; Jer 3,17)» (DV 14).

Concilio Vaticano II: «Para cumplir su misión es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas» (GS 4).

Encíclica Humani géneris (Pío XII, 1950): «La Carta de la Pontificia Comisión Bíblica (1948) abiertamente enseña que los once primeros capítulos del Génesis, si bien no convienen propiamente con los métodos de composición histórica seguidos por los eximios historiadores griegos y latinos o los eruditos de nuestro tiempo, sin embargo, en un sentido verdadero, que a los exégetas toca investigar y precisar más, pertenecen al género de la historia; y que esos capítulos contienen en estilo sencillo y figurado y acomodado a la inteligencia de un pueblo poco culto, tanto las principales verdades en que se funda la eterna salvación que debemos procurar, como una descripción popular del origen del género humano y del pueblo elegido» (DH 3898).


Ir al inicio de la página2.4.- Nuestro acercamiento a la Palabra.

Éxodo: «Dijo Yahvéh: Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado el clamor que le arrancan sus capataces, pues ya conozco sus sufrimientos.... El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí y he visto además la opresión con que los egipcios los oprimen. Ahora, pues, ve; yo te envío a Faraón, para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto» (3,7‑10).

Éxodo: «Moisés extendió su brazo sobre el mar, y Yahvéh hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del Este que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los hijos de Israel entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. ... Extendió Moisés su mano sobre el mar, y al rayar el alba volvió el mar a su lecho; de modo que los egipcios, al querer huir, se vieron frente a las aguas. Así precipitó Yahvéh a los egipcios en medio del mar» (14,21‑27).

Deuteronomio: «Hijos degenerados se portaron mal con Él, generación malvada y pervertida. ¿Así le pagas al Señor, pueblo necio e insensato? ¿No es Él tu padre y tu creador, el que te hizo y te constituyó? Acuérdate de los días remotos, considera las edades pretéritas, pregunta a tu padre y te lo contará, a los ancianos y te lo dirán: 'cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad y distribuía a los hijos de Adán, trazando las fronteras de las naciones, según el número de los hijos de Dios, la porción del Señor fue su pueblo, Jacob fue el lote de su heredad. Lo encontró en una tierra desierta, en una soledad poblada de aullidos: lo rodeó cuidando de él, lo guardó como a las niñas de su ojos. Como el águila incita a su nidada, revolando sobre los polluelos, así extendió sus alas, los tomó y los llevó sobre sus plumas. El Señor solo los condujo, no hubo dioses extraños con él» (32,3‑12).

Libro de la Sabiduría: En los capítulos 10 al 19 hace una relectura teológico‑edificante de la historia, como historia de la salvación. El Libro concluye con esta significativa expresión: «En verdad, Señor, que en todo engrandeciste a tu pueblo y le glorificaste, y no te desdeñaste de asistirle en todo tiempo y en todo lugar» (19,22).

Hechos de los Apóstoles: Discurso del Diácono Esteban, en el que hace un extenso recorrido por la historia de la salvación protagonizada por el Dios de Jesús: 7,1‑50.

Carta a los Gálatas: «También nosotros, cuando éramos menores de edad, vivíamos esclavizados por lo elemental del mundo. Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley y para que recibiéramos la condición de hijos» (4,4‑5).

Primera Carta a los Corintios: «No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar.... Estas cosas sucedieron en figura para que nosotros no codiciemos lo malo como ellos lo codiciaron. ... Todo esto les acontecía en figura y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos» (10,1‑11).

Carta a los Colosenses: «Que nadie os critique por cuestiones de comida o bebida, o a propósito de fiestas, de novilunios o de sábados. Todo esto es sombra de lo venidero; pero la realidad es el cuerpo de Cristo» (2,16‑17).

Evangelio de Mateo: «Se acercaron los fariseos y saduceos y, para ponerle a prueba, le pidieron que les mostrase una señal del cielo. Mas Él respondió: 'Al atardecer decís: va a hacer buen tiempo porque el cielo tiene un rojo de fuego, y a la mañana: hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío ¡Conque sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir las señales de los tiempos!» (16,1‑3).


Ir al inicio de la página2.5.- Nos preguntamos.

¿Qué preguntas ha suscitado en nosotros el estudio de este Tema?

Anota aquí:

 

 

 

 

SALMO 46 (45)

Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro auxilio 

permanente en la desgracia. 

Por eso no tememos, aunque tiemble la tierra 

y los cimientos de los montes se desplomen en el mar; 

aunque sus aguas bramen y se agiten y los montes 

sacudidos retiemblen. 

El Señor todopoderoso está con nosotros, nuestro 

baluarte es el Dios de Jacob. 

Venid a ver las obras del Señor, los prodigios que 

hace en la tierra; 

acaba con las guerras hasta los confines de la tierra; 

rompe los arcos, quiebra 

las lanzas, quema los 

escudos. 

El Señor todopoderoso está con nosotros, nuestro 

baluarte es el Dios de Jacob.


Ir al inicio de la página2.6.- Tomamos algún compromiso.

 

2.6.1. A nivel de Hermandad

 

2.6.2. A nivel personal

 

Nota bibliográfica:

 

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