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Formación > Vivir de la Palabra de Dios. Vol I. El Antiguo Testamento

Vivir de la Palabra de Dios

Plan de formación para Hermandades y Cofradías

de la Diócesis de Sevilla

Vol. I. El Antiguo Testamento

 

Tema I: ACERCARSE A LA PALABRA ES ACERCARSE A DIOS.

Tema II: LA HISTORIA HUMANA, UNA HISTORIA DE SALVACIÓN.

Tema III: PROFETIZA, HIJO DE HOMBRE.

Tema IV: DAME, SEÑOR, LA SABIDURÍA ASISTENTE DE TU TRONO.

Tema V: TODO ESTO ERA SOMBRA DE LO QUE TENÍA QUE VENIR.

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Formación

Tema I: Acercarse a la Palabra es acercarse a Dios.

1.1. Motivación del Tema.

1.2. Iluminación del Tema.

1.3. Referencia Doctrinal.

1.4. Nuestro acercamiento a la Palabra.

1.5. Nos preguntamos.

1.6. Tomamos algún compromiso.


 

Ir al inicio de la página 1.1.- Motivación del Tema

1.1.1. Vivimos en un mundo -el nuestro- sobrecargado de «palabras»: mediante el transistor (cada vez más pequeño y más fácil para su uso), podemos captar innumerables emisoras que transmiten las 24 horas del día, pudiéndolas oír en el autobús, en la oficina, en el supermercado, en la playa, acostados, paseando: 'palabras y más palabras..' Se multiplican cada día los canales de TV, con innumerables 'predicadores laicos' que nos hacen llegar -pontificando y sentando cátedra en muchos casos -su palabra irrecusable e inapelable: la palabra que se acepta y no se discute ni se puede discutir..! Crece el número de periódicos, de revistas, de carteles anunciadores, de spots publicitarios.. La palabra envuelve al hombre de hoy como no lo había hecho hasta ahora nunca en la historia.

1.1.2. Y sin embargo, pocas veces en la historia ha estado el hombre tan perplejo ante la vida, tan confuso, tan desorientado, tan perdido ideológica y moralmente, como lo está en la actualidad: en medio de tanta palabra, ¿a quién creer? ¿de qué palabra fiarse? ¿a qué palabra acogerse? ¿a qué palabra quedarse? ¿qué palabra seguir?.

1.1.3. En medio de tanta 'palabra', el cristiano consciente reconoce, acepta y agradece una Palabra por excelencia: la Palabra que Dios le ha revelado a lo largo de la historia humana, y que encontró su culminación máxima precisamente en la Persona de CRISTO: «La Palabra hecha hombre» (Jn 1,14): la Palabra definitiva de Dios a la humanidad.

1.1.4. Resulta por eso necesario, absolutamente necesario, que el cristiano -todo cristiano por el simple hecho de serlo- conozca cada vez mejor la Palabra que Dios ha querido dirigir al hombre, de forma que esa Palabra llegue a ser, en la realidad de la vida, «lámpara para sus ojos y luz en su sendero» (Sal 118,105).


Ir al inicio de la página1.2.- Iluminación del Tema

1.2.1. Dios se manifiesta siempre al hombre para salvarlo: su plan es siempre un Plan de salvación. Dios no se da a conocer al hombre para humillarlo, para hundirlo, para amenazarlo o meterle miedo: Él quiere siempre el verdadero bien, la plena felicidad del hombre.

1.2.2. A lo largo de toda la historia humana, desde que el hombre tiene memoria de sí, Dios se le ha ido manifestando de forma constante e ininterrumpida. Esta automanifestación de Dios cobró una importancia central y determinante en el pueblo judío que fue recogiendo a lo largo de los años el testimonio escrito de lo que Dios le iba manifestando a través de sus mensajeros: Moisés, los profetas, los historiadores, los escribas del pueblo...

1.2.3. Dios se ha ido manifestando a personas concretas, pero el destinatario último y verdadero del Mensaje de salvación ha sido siempre y lo sigue siendo, invariablemente, el Pueblo. La comunidad judía en la Alianza Antigua, y la cristiana a partir de Jesucristo, es siempre el destinatario al que Dios se dirige con su Palabra. Por eso precisamente, esa Palabra tiene una resonancia del todo particular cuando se proclama, se escucha y se acoge en comunidad.

1.2.4. La manifestación que hace Dios a los hombres la hace en forma humana: es decir, acomodándose totalmente a la cultura, a las costumbres, al lenguaje, a las formas de expresión, a los esquemas mentales, a las palabras de los hombres. Por eso se puede afirmar con toda certeza y objetividad que la Biblia es Palabra de Dios en palabra de hombres. La manifestación humana de la Palabra llegó a su punto máximo en la Persona de Jesucristo: verdadero Dios y verdadero hombre. Jesucristo es la Palabra de Dios hecha hombre: «tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tanto... actuando como un hombre cualquiera» (FIp 2,7).

1.2.5. La Palabra recogida en la Sagrada Escritura, por otra parte, es una Palabra inspirada: es una Palabra en la que Dios tiene un protagonismo del todo particular: una Palabra que tiene su origen en Dios; una Palabra que -en cuanto portadora de un Mensaje de salvación- tiene la garantía de la verdad y de la autenticidad más absoluta; una Palabra dirigida al hombre de todos los tiempos, pero que se hace viva e interpelante «aquí y ahora»: se actualiza vez por vez, ocasión por ocasión, comunidad por comunidad. No es una Palabra 'intemporal', es decir fuera del tiempo, sino metida en la historia y hecha historia contemporánea con cada generación de hombres: es siempre «una Palabra viva y eficaz» (Hb 4,12) aquí y ahora.

1.2.6. Algunas consecuencias importantes:


Ir al inicio de la página1.3.- Referencia Doctrinal.

1.3.1. El Nuevo Testamento:

Carta a los Hebreos: «En múltiples ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los Profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por su Hijo, al que nombró heredero de todo, lo mismo que por él había creado los mundos y las edades» (Hb 1,1-2).

Evangelio de Mateo: «No de solo pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4).

Evangelio de Juan: Jesús preguntó a los Doce: ¿También vosotros queréis marcharos? Simón Pedro le contestó: Señor, y ¿a quién vamos a acudir? Solamente tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios,, Qn 6, 6769).

Segunda Carta a Timoteo: «Todo escrito inspirado por Dios sirve además, para enseñar, reprender, corregir, educar en la rectitud; así el hombre de Dios será competente, perfectamente equipado para cualquier tarea buena» (2Tim 3,16).

Carta a los Romanos: «La Palabra está cerca de tí: la tienes en los labios y en el corazón. Se refiere a la Palabra de la fe que os anunciamos. Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás» (Rom 18,8b‑9).

1.3.2. Concilio Vaticano II:

Constitución Dei Verbum: «La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues, sobre todo en la sagrada liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo. La Iglesia ha considerado siempre como suprema norma de su fe la Escritura unidad a la Tradición» (DV 21).

Constitución Dei Verbum: «En la revelación, Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos y trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía. El plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; las obras que Dios realiza en la historia de la salvación, manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan; a su vez, las palabras proclaman las obras y explican su misterio. La verdad profunda de Dios y de la salvación del hombre, que transmite dicha revelación, resplandece en Cristo, mediador y plenitud de toda la Revelación» (DV 1).

Constitución Dei Verbum: «Dios habla en la Escritura por medio de hombres y en lenguaje humano; por lo tanto, el intérprete de la Escritura, para conocer lo que Dios quiso comunicamos, debe estudiar con atención lo que los autores querían decir y Dios quería dar a conocer con dichas palabras. Para descubrir la intención del autor, hay que tener en cuenta, entre otras cosas, los géneros literarios. Pues la verdad se presenta y se enuncia de modo diverso en obras de diversa índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros géneros literarios. El intérprete indagará lo que el autor sagrado intenta decir y dice, según su tiempo y cultura, por medio de los géneros literarios propios de su época. Para comprender exactamente lo que el autor quiere afirmar en sus escritos, hay que tener muy en cuenta los modos de pensar, de expresarse, de narrar que se usaban en tiempo del escritor, y también las expresiones que entonces se solían emplear más en la conversación ordinaria» (DV 12).

Constitución Dei Verbum: «El Santo Concilio Vaticano II recomienda insistentemente a todos los fieles.., la lectura asidua de la Escritura para que adquieran la cíencia suprema de Jesucristo (Filp 3,8), pues desconocer la Escritura es desconocer a Cristo. Recuerden que a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras» (DV 25).


Ir al inicio de la página1.4.- Nuestro acercamiento a la Palabra.

Carta a los Tesalonicenses: «No cesamos de dar gracias a Dios, pues al recibir la palabra de Dios que os anunciamos, la abrazasteis no como palabra de hombre, sino como lo que es en realidad: como Palabra de Dios, que sigue actuando en vosotros los creyentes» (1Tes 2,13).

Evangelio de Lucas: «La parábola significa esto: La semilla es el mensaje de Dios. 'Los de la vereda' son los que escuchan, pero luego viene el diablo y les quita la Palabra del corazón para que no crean y se salven. 'Los de las rocas' son los que, al escucharlo, reciben la Palabra con alegría, pero éstos no tienen raíces; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba desertan. 'Lo que cayó entre zarzas' son esos que escuchan, pero con los afanes y riquezas y placeres de la vida, poco a poco se ahogan y no maduran. 'Los de la tierra buena' son los que escuchan, guardan la Palabra en un corazón noble y generoso y dan fruto con su aguante» (Lc 8,11-15).

Carta de Santiago: «Llevad a la práctica la Palabra y no os inventéis razones para escuchar y nada más, pues quien escucha la Palabra y no la pone en práctica se parece a aquel que se miraba en el espejo la cara que Dios le dio y, apenas se miraba, daba media vuelta y se olvidaba de cómo era. En cambio, el que se concentra en la ley perfecta, la de los hombres libres, y es constante, no en oirla y olvidarse, sino en ponerla por obra, ése encontrará su felicidad en practicarla» (Sant 1,22-23).

Libro de Nehemías: «Llegado el mes séptimo todo el pueblo se congregó como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta del Agua. Dijeron al escriba Esdras que trajera el libro de la Ley de Moisés que Yahvéh había prescrito a Israel. Esdras trajo el libro a la asamblea, integrada por hombres, mujeres y todos los que tenía uso de razón. Era el día primero del mes séptimo. Leyó una parte en la plaza que está delante de la puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, en presencia de los hombres, las muje­res y todos los que tenían uso de razón; y todo el pueblo estaba atento al libro de la Ley. Esdras, el escriba, estaba de pie sobre un estrado de madera levantado para esta ocasión. Esdras abrió el libro a los ojos de todo el pueblo y al abrirlo, el pueblo entero se puso en pie. . .. Y Esdras leyó en el libro de la Ley de Dios, aclarando e interpretando el sentido, de forma que comprendieron la lectura.  Entonces Esdras, el sacerdote escriba y los levitas que enseñaban al pueblo, dijeron al pueblo entero: 'Hoy es un día consagrado a nues­tro Dios. No hagáis duelo ni lloréis' (porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley). Y añadieron: Andad y comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no

tiene nada preparado. Porque este día está consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza'. Por fin el pueblo se fue a comer y beber, a repartir alimentos y a organizar una gran fiesta, porque habían comprendido lo que les habían enseñado» (Ne 8,1-10).

 Evangelio de Lucas: «Y dijo María: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra»... «Isabel dijo a María: 'Bienaventurada tú la creyente', porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá» (Lc 1,38.45).

 Subrayad algunos sentimientos y actitudes posibles frente a la Palabra.

 - Corazón abierto frente a la Palabra.

 - Disponibilidad real.

 - Alegría.

 - Respeto.

 - Formalismo: acoger respetuosamente por fuera, pero sin docilidad interior.


Ir al inicio de la página1.5.- Nos preguntamos.

- ¿Qué preguntas ha suscitado en nosotros el estudio de este Tema.?

- Anota aquí:

 

 

 

 

 

Salmo 118 (119)

 

Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo;

tu fidelidad de generación en generación,

igual que fundaste la tierra y permanece;

por tu mandamiento subsisten hasta hoy,

porque todo está a tu servicio.

Si tu voluntad no fuera mi delicia,

ya habría perecido en mi desgracia;

jamás olvidaré tus decretos,

pues con ellos me diste vida;

soy tuyo, sálvame, que yo consulto tus leyes.

Los malvados me esperaban para perderme,

pero yo meditaba tus preceptos;

he visto el límite de todo lo perfecto:

tu mandato se dilata sin término.

 


Ir al inicio de la página1.6.- Tomamos algún compromiso.

 

1.6.1. A nivel de Hermandad

 

1.6.2. A nivel personal

 

 

Nota bibliográfica:

• AA.VV., Nuevo Diccionario de Teología bíblica, Ed.Paulinas, Madrid 1990.

• AA.VV., La Biblia, Ed. La Casa de la Biblia, PPC, Madrid 1992.

• AANV., Biblia para jóvenes, Ed. EDB, Barcelona 1999.

• JJ.Bartolomé-P.Chávez, Iniciación a la Biblia, Ed.EDB, Barcelona 1996.

• X. Léon‑Dufour, Vocabulario de Teología biblica, Ed.Herder, Barcelona 2001.

• G. Lohfink, Ahora entiendo la Biblia, Ed.Paulinas, Madrid 1977.

• V. Manucci, La Biblia como Palabra de Dios, Ed.DDB, Biblbao 1985.

• J.W. Rogerson, Una introducción a la Biblia, Ed. Paidós, Barcelona 2000.

 

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