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Tres Temas de Formación para las Hermandades y Cofradías
Tema I: Dios, Horizonte del Hombre.
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Tema II: Jesucristo, Ayer, Hoy y Siempre.
2.4. Nuestro acercamiento a Dios.
2.6. Tomamos algún compromiso.
2.7. Para ampliar nuestros conocimientos.
2.1.1. Existe
en la actualidad una pregunta que, para un cristiano que aprecie y viva su
condición de cristiano, es verdaderamente crucial y hasta preocupante: ¿Jesucristo,
para el hombre de hoy, es un “valor
en alza”, o un “valor a la baja”? 2.1.2. Efectivamente,
para un cristiano, Jesucristo es el que da el verdadero sentido a su vida:
“cristiano” -decía el antiguo catecismo-, es el que tiene la Fe de Cristo
que recibió en el Bautismo. Y recibir la Fe es aceptar a Cristo como el
valor supremo en la propia vida. Un valor a partir del cual se juzgan, se
ordenan, se valoran las restantes realidades que forman la propia existencia. 2.1.3. No
estamos, por tanto, ante un tema más o menos importante, más o menos periférico
de nuestra condición de cristianos’. Estamos ante el Tema verdaderamente central
y determinante de nuestra forma de pensar, de nuestras opciones
fundamentales de vida, de la explicación última de por qué nosotros vivimos o
actuamos así. 2.1.4. Ya
los primeros Apóstoles -concretamente Pedro y Pablo-, no se cansaban de
aconsejar y hasta pedir con urgencia a los primeros cristianos que profundizaran
más y más en el conocimiento de Jesucristo. Pedro se despide en su Segunda
Carta diciendo: “Creced en el favor y en el conocimiento de nuestro Señor
Jesucristo”(2Pe 3,1 8. Y Pablo después de decir a los cristianos de Éfeso
que en la fe no tienen que ser superficiales y volubles como niños, prosigue:
“en vez de eso, siendo auténticos en el amor, crezcamos en todo aspecto hacia
aquel que es la cabeza, Cristo”(Ef. 4,15. 2.1.5. Porque
se trata de crecer en el conocimiento de Cristo, no solo para seguirlo
individualmente viviendo en plenitud la propia vida cristiana, sino también,
como decía Pedro a los primeros cristianos, para estar en condiciones de “dar
razón de nuestra fe y de nuestra esperanza a todo el que nos la pida”(lPe
3,15. Se trata de aceptar iluminada y maduramente a Cristo en la propia vida,
para poder darlo a conocer a los demás. 2.1.6. Por otra parte, en la sociedad
actual se tiene la sensación de que, efectivamente, Jesucristo es un valor a la baja. Crece
el número de personas, incluso de bautizados, para los que Jesucristo va representando cada vez menos en la
propia vida. Jesucristo va apareciendo, cada vez más, como uno más entre los grandes lideres religiosos de la humanidad: Buda,
Krishna, Mahoma, etc., Pierde su importancia central y determinante en el orden
de la salvación de todos los hombres y de todo el hombre.
2.1.- Motivación del Tema
2.2.-
Constatamos
2.2.1. Existe una visión incompleta y distorsionada de la figura de Jesús. Existen, en efecto, no pocos hombres y mujeres, sobre todo entre los jóvenes, que están dispuestos a aceptar a Jesús como “el amigo que nunca falla”, “el revolucionario del orden social”, “el rebelde frente a las autoridades constituidas”, etc.. Pero estas mismas personas, cuando se les presenta a Cristo como “Hijo de Dios”, como “Dios verdadero”, tan Dios como el Padre y el Espíritu Santo, tan “Dios” como “Hombre”, se echan atrás reproduciendo -sin saberlo- la actitud de los oyentes de Cristo cuando anunció la Eucaristía: “este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir esto?”(Jn 6,60).
2.2.2. El conocimiento que tenemos los cristianos, en general, de Cristo es relativamente superficial: conocemos ‘cosas’ de su existencia, ‘hechos’ de su vida, ‘palabras’ pronunciadas por Él. Pero no son muchos los que “resistirían un examen” relativamente profundo y minucioso sobre el sentido fundamental de su existencia. De hecho, cuando algunos (vgr.los testigos de Jehová), nos plantean problemas concretos acerca de su Persona, no sabemos muchas veces qué responder: nos quedamos perplejos y confusos...
2.2.3. Además de ser ‘superficial’, nuestro conocimiento de Cristo es frecuentemente ‘teórico’: es decir, ‘conocemos’, ‘sabemos’ (intelectualmente), ‘cosas’ de Cristo: hechos, historias, milagros, etc.. Pero no lo conocemos por experiencia y desde la experiencia. Con demasiada frecuencia hemos reducido nuestro cristianismo a un “saber”, siendo así que el cristianismo es, ante todo y sobre todo, una experiencia: los primeros discípulos y cristianos”experimentaron a Cristo”, y, desde esa experiencia, llegaron al “conocimiento” serio y comprometido con Él.
2.2.4. Por otra parte, se podría decir que se está más dispuesto a hacer cualquier sacrificio, incluso de orden económico, para hacerle una nueva túnica (bordada por supuesto) al Cristo de nuestra Hermandad, que a confeccionar muchas túnicas para el Cristo vivo que las necesita por una parte y por otra.
Evangelio de San Mateo: “Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, preguntó Jesús a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos contestaron: Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. Jesús les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: ¡Dichoso tú, Simón hijo de Jonás! Porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo” (16,13-17)
Carta a los Filipenses: “Tened entre vosotros la misma actitud de Cristo Jesús: Él a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo haciéndose uno de tantos. Así, presentándose como simple hombre, se abajó, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por eso Dios lo encumbró sobre todo y le concedió el titulo que sobrepasa todo título; de modo que a ese título de Jesús toda rodilla se doble -en el cielo, en la tierra, en el abismo- y toda boca proclame que Jesús, el Mesías, es Señor, para gloria de Dios Padre” (2,5-11.
Carta a los Efesios: “Dios nos eligió con Cristo antes de crear el mundo para que fuésemos santos e inmaculados a sus ojos por el amor; destinándonos ya entonces a ser adoptados por hijos suyos por medio de Jesús Mesías -conforme a su querer y a su designio-a ser un himno a su gloriosa generosidad. La derramó sobre nosotros por medio de su Hijo querido, el cual, con su sangre nos ha obtenido la redención, el perdón de los pecados; muestra de su inagotable generosidad” (1,4-7).
Hechos de los Apóstoles: “Quede bien claro para vosotros y para todo Israel, que ha sido por obra de Jesús Mesías, el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de la muerte; por obra suya tenéis aquí a este hombre sano ante vosotros. Jesús es la piedra que desechasteis vosotros los constructores y que se ha convertido en piedra angular. La salvación no está en ningún otro, es decir, que bajo el cielo no tenemos los hombres otro diferente de Él al que debamos invocar para salvamos” (4,10- 12)
Carta a los Hebreos: “Acordaos de aquellos dirigentes vuestros que os expusieron la palabra de Dios, y, teniendo presente cómo acabaron su vida, imitad su fe. Jesús el Mesías es el mismo hoy que ayer y será el mismo siempre. No os dejéis arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas, lo importante es robustecerse interiormente por gracia y no con prescripciones alimenticias, que de nada valieron a los que las observaban” (13,7-9)
Gaudium et Spes: “En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encamado. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación. Nada extraño, pues, que todas las verdades hasta aquí expuestas encuentren en Cristo su fuente y su corona. El que es imagen de Dios invisible (Col 1,15), es también el hombre perfecto que ha devuelto a la descendencia de Adán la semejanza divina, deformada por el primer pecado. En él, la naturaleza humana asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios con su encamación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado” (n° 22).
Gaudium et Spes: “El Verbo de Dios, por quien fueron hechas todas las cosas, hecho El mismo carne y habitando en la tierra, entró como hombre perfecto en la historia del mundo, asumiéndola y recapitulándola en sí mismo. El es quien nos revela que Dios es amor (1 Jn 4,8), a la vez que nos enseña que la ley fundamental de la perfección humana, y, por tanto, de la transformación del mundo, es el mandamiento nuevo del amor” (n° 38).
Gaudium et Spes: “Siempre deseará el hombre saber, al menos confusamente, el sentido de su vida, de su acción y de su muerte. La presencia misma de la Iglesia le recuerda al hombre tales problemas; pero es sólo Dios, quien creó al hombre a su imagen y lo redimió del pecado, el que puede dar respuesta cabal a estas preguntas, y ello por medio de la Revelación en su Hijo, que se hizo hombre. El que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se perfecciona cada vez más en su propia dignidad de hombre” (n° 41).
Gaudium et Spes: “El Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se encarnó para que, Hombre perfecto, salvara a todos y recapitulara todas las cosas. El Señor es el fin de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización, centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones” (n° 45).
2.4.1. Una pregunta que
aparece una y otra vez en los Evangelios cuando se habla de Cristo es esta: ¿quién
es éste? Una pregunta que se hacen los que lo oyen y los que presencian sus
milagros. Una pregunta que se hacen Pilatos y Herodes durante la pasión. Una
pregunta que le hacen, los otros a los discípulos de Jesús. Una pregunta que
hace El mismo a los propios discípulos: ¿quién
dice la gente que es el Hijo del
hombre?
2.4.2. Y es que, delante de Cristo, estamos, en definitiva, delante de un Misterio, es decir, delante de una realidad personal que trasciende, que está más allá de lo que la razón humana puede alcanzar, como manifestación máxima y definitiva, única y singular, que es del Proyecto de Dios de salvar a todos los hombres.
2.4.3. Ahora bien, si
delante de Cristo estamos ante una personalidad misteriosa, es preciso ser muy
conscientes de que, en definitiva, la única posición correcta para acercamos a
Él es la del creyente: ¡CREO!
2.4.4. Con una puntualización todavía: así como el conocimiento de una persona se amplía y se hace más profundo a medida que tratamos con esa persona, de forma semejante, el conocimiento real de Cristo está en dependencia del compromiso de “seguirlo” que se tenga respecto a Él. Sin compromiso de ‘seguimiento’ es posible saber cosas de Cristo y sobre Cristo. Pero el verdadero, profundo y real conocimiento de Cristo, está en relación directa dcl compromiso de seguirlo.
2.4.5. Tradicionalmente (sobre todo desde el siglo XIII con Santo Tomás de Aquino), el acercamiento a Cristo se ha hecho a partir de su condición divina. En los Evangelios sinópticos, con todo, ese acercamiento se hace a partir del “hombre”, de aquel ‘hombre’ sorprendente y admirable con el que se encontraba la gente. De hecho, el Evangelio de Marcos (el primero de los cuatro) concluye el relato de la Pasión y Muerte de Jesús con estas palabras del centurión romano:
“Verdaderamente este hombre era hijo de Dios”(Mc 15,39)
2.4.6. Nuestra fe, a la pregunta “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”, responde:
2.4.6.1. Es el predicador del Reino, es decir, el Mensajero por excelencia que anuncia de palabra, con los signos y con su propia persona, el Proyecto de Dios de realizar en la Humanidad una gran Familia en la que Él, Dios, sea el Padre de todos, y todos los hombres sean hermanos entre sí y con Cristo que es “el primogénito entre muchos hermanos” (Rom 8,29).
2.4.6.2. El que, a partir de ese Proyecto (el Reino), subvierte profundamente la visión religiosa del pueblo judío:
presenta incansablemente a Dios como “su” Padre y como “nuestro” Padre, es decir, como el Padre universal de todos los hombres, buenos y malos, justos e injustos.
dice que el verdadero Templo de Dios, es el hombre viviente, la persona.
dice que el verdadero Culto a Dios, hay que hacerlo “en espíritu y verdad”, es decir, en la vida real de cada día, de cada momento.
dice que el hombre está por encima de la Ley.
dice que los predilectos de Dios son los sencillos, los pobres, los marginados, los pecadores, con los que come y bebe, llamándoles a cambiar su corazón.
hace milagros como “signo” de que el Proyecto de Dios, el Reino, no es una palabra vacía, sino una realidad en marcha, a pesar de las dificultades y oposición que pueda encontrar entre los hombres.
muere por fidelidad completa y absoluta a Dios Padre y a su Proyecto de construir una humanidad fraterna.
una fidelidad que se ve contracambiada espléndidamente por el Padre “resucitándolo de entre los muertos”, haciéndolo no-solo “primicia de todos los resucitados”, sino también garantía segura de que “todos” resucitaremos con Él y como Él.
2.4.6.3. El que pide a sus seguidores nacer de nuevo (Jn 3,3-7), es decir, comenzar a pensar, a vivir y a actuar como Hombres nuevos, siguiendo el Programa de las Bienaventuranzas.
2.5.1. Si los Evangelios nos ofrecen un conocimiento amplio aunque no exhaustivo de la persona de Cristo; si son, por eso mismo, la mejor fuente de conocimiento del Señor, ¿conocemos nosotros suficientemente bien los Evangelios en sus diversos aspectos? ¿Qué podríamos hacer para conocerlos mejor?
2.5.2. Los Evangelios no son fruto de un autor determinado que los redactó del comienzo al fin, sino dc unos redactores que fueron recogiendo y dando forma a las vivencias, a las experiencias y al testimonio de la Comunidad cristiana primitiva. A la luz de esta consideración, ¿cómo valoramos nosotros la experiencia comunitaria en orden al conocimiento verdadero y profundo de Cristo?: ¿es útil?, ¿es necesaria?, ¿es indiferente?, ¿es indispensable?
2.5.3. Cristo tiene sus entusiastas ‘seguidores’. Pero es licito y hasta obligado preguntarse: ¿es el Cristo que nos presenta el Evangelio el que tiene entusiastas ‘seguidores1, o es más bien la Imagen de un Cristo determinado (en alguno de los misterios de su Pasión) el que nos entusiasma?
2.5.4. Cristo
dijo que a Dios hay que darle culto “en
espíritu y verdad” (Jn
4,23-24. ¿Qué juicio merecerían nuestros cultos a la luz de esta afirmación
de Cristo? ¿Qué significa para nosotros dar culto a Dios “en espíritu y en verdad”?
2.5.5. ¿Cómo traduciríamos nosotros a la vida concreta la afirmación de Cristo “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6)?
2.5.6. Si el mandamiento fundamental de Cristo, lo único que verdaderamente nos mandó a sus seguidores es el mandamiento del Amor: ¿cómo funciona ese mandamiento en nuestra Hermandad? ¿podemos nosotros decir, verdadera y sinceramente, que es la señal por la que podemos ser reconocidos como seguidores suyos?
2.5.7. ¿Cómo entendemos nosotros la salvación que Cristo ha traído a todos los hombres con su Muerte y su Resurrección? ¿en qué la hacemos consistir concretamente? ¿cómo la explicaríamos a aquellos que no la conocen o no saben propiamente en qué consiste? ¿cómo damos testimonio de ella?
2.6.-
Tomamos algún compromiso.
2.7.-
Para ampliar nuestros conocimientos.
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