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Tres Temas de Formación para las Hermandades y Cofradías
Tema I: Dios, Horizonte del Hombre.
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Tema I: Dios, Horizonte del Hombre.
1.4. Nuestro acercamiento a Dios.
1.6. Tomamos algún compromiso.
1.7. Para ampliar nuestros conocimientos.
1.1.1.- La pregunta religiosa e incluso humana más
honda y decisiva que se puede plantear y que de hecho se plantea el hombre
-también el hombre de hoy- es ésta: ¿existe “algo”, más allá del propio
hombre (los propios sentidos, la propia inteligencia, la propia razón, los
propios sentimientos y deseos...) y del mundo en el que el hombre está situado?
Más aun, ¿existe “alguien” a quien tenga el hombre que referirse por un vínculo
esencial de dependencia, de creación? ¿Es inteligible el hombre sin ese
“alguien”? ¿tiene fundamento la existencia del hombre sin ese otro
“alguien”? ¿cuál es ese fundamento?. 1.1.2.- Pero si no existe “nada” ni
“nadie” más allá del mundo, de la propia vida, de la vida de la sociedad,
o si le es imposible al hombre conocer ese “alguien”, ¿cuáles pueden ser
las razones fundamentales y definitivas del sentido de la vida del hombre? ¿y
de sus comportamientos éticos? 1.1.3.- Y si existe ese “alguien” a quien los
creyentes llamamos “Dios”, ese “alguien” que da razón al ser del hombre
como criatura y como miembro de la sociedad, ¿qué repercusiones concretas debe
tener y está teniendo esa “fe” en la vida y actuación de los creyentes en
cuanto personas y en cuanto miembros de la sociedad? ¿No se está demostrando
Dios, a partir de la vida de no pocos creyentes, como “alguien”, o mejor,
como “algo” completamente inútil y hasta superfluo?
1.1.- Motivación del Tema
1.2.-
Constatamos
1.2.1.- En nuestra sociedad se van encontrando, de
forma creciente e imparable, hombres y mujeres, sobre todo jóvenes, que se
declaran abiertamente ateos, agnósticos o indiferentes: es decir, personas que
niegan la existencia de Dios (ateos), o afirman la incapacidad del hombre para
dar una respuesta afirmativa o negativa en relación con la existencia o no
existencia de Dios (agnósticos), o que confiesan con claridad y sin rodeos, que
la existencia de ese “alguien” a quien llamamos Dios, “les trae
completamente sin cuidado” (indiferentes).
1.2.2.- No hace demasiado tiempo se recurría a Dios
para casi todo, y en particular para solucionar no pocos asuntos vitales en la
vida del hombre: la salud, las sequías, los problemas laborales, etc... Hoy,
gracias al imparable avance de la técnica, de la medicina, de la previsión
social, muchos de esos problemas y necesidades, se afrontan desde los recursos y
desde las fuerzas puramente humanas: transplantes de órganos incluso difíciles,
regadíos, oficinas del INEM, bolsas de trabajo, etc. El hombre moderno cuenta
cada vez más, consigo mismo, sin necesidad de recurrir a Dios.
1.2.3.- Por otra parte, algo que produce auténtico
“escándalo” a muchos es la existencia del mal, de la enfermedad
irreversible, de las guerras, del hambre de tantos inocentes. Se afirma con
frecuencia que “si existiera Dios, no habría tantas calamidades en el
mundo”: lo que equivale a decir que la existencia del mal, en alguna de las múltiples
formas en que se presenta, lleva directamente a la negación de Dios.
1.2.4.- Además, en esta sociedad del bienestar en
que vivimos, sociedad preocupada de forma casi obsesiva por la “calidad de
vida” conseguida a toda costa, Dios parece estar completamente “desacreditado”.
Efectivamente, Dios aparece como un “estorbo”, como un muro de contención
del “progreso”; como “algo” completamente “inútil”; como “algo”
que pertenece a tiempos de oscurantismo, de miedos, de opresión religiosa, de
dominio del clero sobre los hombres y sobre las conciencias.
1.2.5.- No es imposible, por eso, por paradójico que
pueda parecer, que, incluso en el seno mismo de nuestras Hermandades, haya
miembros que “creyendo en una imagen” del Señor o de la Virgen, no crean de
verdad y con todas sus consecuencias prácticas, en la existencia de un Dios
personal. A lo sumo, llegan a creer que, después de esta vida, debe existir
“algo”, que no saben propiamente decir lo que es.
1.2.6.-
En este panorama resulta todavía más desafiante la imagen completamente
opaca y oscura que, con no rara frecuencia, damos de Dios los que,
confesando nuestra fe en un Dios personal, adoptamos en la vida diaria actitudes
y comportamientos que no tienen nada que ver con la fe en ese Dios personal, y
que la contradicen frontalmente.
1.2.7.-
Efectivamente, entre los mismos bautizados, “teóricamente
creyentes”, existen muchas y muy diversas concepciones de Dios:
el Dios del miedo, al que se le teme y del que se
huye.
el Dios del interés del que se espera constantemente
que esté al servicio de nuestros intereses más
inmediatos, y con el que el hombre puede pactar a su propio favor.
el Dios conquistable a fuerza de privaciones,
sacrificios, mortificaciones y renuncias.
el Dios al que se chantajea prometiéndole cosas que
se supone que a Él le gustan particularmente, y del que se esperan
contrapartidas.
el Dios caprichoso, que “nos da” o “no nos
da” algo que le pedimos, según se le antoje.
el Dios vengativo que lleva cuidadosa nota de todos
nuestros fallos, nos los guarda y nos los castiga en el momento oportuno.
el Dios al que le interesan poco los problemas de sus
hijos, sobre todo de los más pobres y necesitados.
Evangelio de San Mateo: “Os han enseñado
que se mandó: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo:
Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para ser hijos de
vuestro Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la
lluvia sobre justos e injustos. Si queréis sólo a los que os quieren, ¿qué
premio merecéis? ¿No hacen eso mismo también los recaudadores? Y si mostráis
afecto sólo a vuestra gente, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen eso
mismo también los paganos? Por consiguiente, sed buenos del todo, como es bueno
vuestro Padre del cielo” (Mt 5,43-48).
Evangelio de San Mateo: “Tú, cuando des
limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu
limosna quede escondida; y tu Padre, que mira escondido, te recompensará. Tú,
cuando quieras rezar, entra en tu cuarto, echa la llave y rézale a tu Padre que
está escondido; y tu Padre, que mira escondido, te recompensará. Tú, cuando
ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para no ostentar tu ayuno ante
la gente, sino ante tu Padre que está escondido; y tu Padre que mira escondido,
te recompensará” (Mt 6,3-4.6.17-18.
Evangelio de San Lucas: leer y comentar alguna de las parábolas del capít.XV.
Constitución Gaudium et Spes: “La vocación
más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión
con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios.
Existe pura y simplemente por el amor de Dios que lo creó y por el amor de Dios
que lo conserva. Y sólo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad
cuando reconoce libremente ese amor y se confía por entero a su Creador” (n° 19).
Constitución Gaudium et Spes: “La Iglesia
afirma que el reconocimiento de Dios no se opone en modo alguno a la dignidad
humana, ya que esta dignidad tiene en el mismo Dios su fundamento y perfección.
Es Dios creador el que constituye al hombre inteligente y libre en la sociedad.
Y, sobre todo, el hombre es llamado, como hijo, a la unión con Dios y a la
participación de su felicidad’ (n° 21)
Constitución Gaudium et Spes: “Quienes
voluntariamente pretender apartar de su corazón a Dios y soslayar las
cuestiones religiosas, desoyen el dictamen de su conciencia y, por tanto, no
carecen de culpa. Sin embargo, también los creyentes tienen en esto su parte de
responsabilidad. Por que el ateismo, considerado en su total integridad, no es
un fenómeno original, sino un fenómeno derivado de varias causas, entre las
que se debe contar también la reacción crítica contra las religiones, y,
ciertamente en algunas zonas del mundo, sobre todo contra la religión
cristiana. Por lo cual, en esta génesis del ateismo pueden tener parte no pequeña
los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación
religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los
defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado
el genuino rostro de Dios y de la religión” (n° 19).
Constitución Gaudium et Spes: “El remedio
del ateismo hay que buscarlo en la exposición adecuada de la doctrina y en la
integridad de vida de sus miembros. A la Iglesia toca hacer presentes y como
visibles a Dios Padre y a su Hijo encarnado, con la continua renovación y
purificación propias, bajo la guía del Espíritu Santo. Esto se logra
principalmente con el testimonio de una fe viva y adulta, educada para poder
percibir con lucidez las dificultades y poderlas vencer” (n° 21
1.4.1.- Situado en
el mundo y en la sociedad que nos toca vivir en el umbral mismo del siglo xxi,
es preciso tomar completamente en serio la pregunta por el Dios en quien
creemos: no podemos ser superficiales dándola por sabida.
1.4.2.- Ahora bien, el Dios en quien cree un
cristiano, no es el ‘dios de la filosofía, el ‘dios’ de la metafísica,
el ‘dios’ de las religiones primitivas, ni el Dios del Islam, y, ni
siquiera, estrictamente hablando, el Dios del Antiguo Testamento. Es el Dios
de Jesucristo.
1.4.3.- Una pregunta se impone por consiguiente: ¿Cómo
es el Dios de Jesucristo?
un Dios personal: es “Alguien” con quien
se puede establecer una relación de persona a persona. No es. por eso, un
Dios abstracto, genérico, etéreo, producto de nuestra fantasía.
un Dios que es: Amor (personal): por eso es
“Alguien’ que, en todo y por todo, se mueve siempre por amor, en el amor
y para el amor. El Amor es su esencia y el principio de todo su actuar en
relación con el hombre.
un Dios, cuyo Amor toma una forma muy concreta y
personal: es Padre, y Padre de todos: es decir, alguien que es
fuente de vida, de ternura, de misericordia, de perdón, no sólo para los
‘buenos’ y justos’,sino también para los ‘malos’ e
‘injustos’.
un Dios que lo crea todo, y que lo hace todo según
un Proyecto al que Jesús llama el Reino: hacer de la
Humanidad una única y gran familia, en la que todos los hombres se
sepan, se sientan, se traten, actúen, como verdaderos hermanos los unos de
los otros, a partir de su relación con Cristo “el primogénito entre
muchos hermanos”(Rom 8,29).
un Dios que cuenta con el hombre para realizar
ese Proyecto, de forma que, en definitiva y por misterioso que parezca, es
el hombre con su actitud positiva o negativa, el que puede hacer posible o
bloquear por completo la realización del Proyecto de Dios.
un Dios que no ha hecho a los hombres títeres o
marionetas en sus manos, sino criaturas inteligentes y libres, con
toda la grandeza y los limites de la libertad; Y, por eso mismo, un hombre
capaz dc hacer las mayores heroicidades (Teresa de Calcuta y tantos
otros..), y de cometer las más atroces vilezas.
un Dios que, al hacer al hombre libre, lo ha hecho
radicalmente responsable: responsable en todos los órdenes del ser,
y, en especial, responsable de construir un mundo de auténticos hermanos, o
de hacer una sociedad totalmente opresora e irrespirable. No es Dios el que
quiere el “mal” de los hombres y para los hombres. Somos los hombres los
que, misteriosa e inexplicablemente, nos empeñamos en hacer un mundo en el
que ‘el hombre sea para el hombre un lobo’. Por eso tendremos que dar
cuenta a Dios de esa responsabilidad.
un Dios que, por todo lo dicho, no es en absoluto
indiferente a la situación concreta de los hombres, especialmente de
los más pobres, necesitados, oprimidos: “He visto la aflicción de mi
pueblo en Egipto, he oído el clamor que le arrancan sus opresores y conozco
sus angustias. Voy a bajar para librarlo del poder de los egipcios” (Ex
3,7-8)“Mc da lástima de esta gente, porque llevan tres días conmigo y no
tienen nada que comer. Si los envío a sus casas en ayunas, desfallecerán
por el camino, pues algunos han venido de lejos” (Mc 8,2-3. “Dadles
vosotros de comer” (Mc 6,37)
1.5.1.-¿Piensas que entre los cristianos, incluso
entre los Cofrades, se ha realizado ya el paso de la visión de un Dios
justiciero y del miedo a la de un Dios misericordioso? ¿Ha sido beneficioso
este paso? ¿En qué sentido? ¿Con qué resultados?
1.5.2.- Qué es
más beneficioso para un acercamiento y una aceptación de Dios en la propia
vida: ¿el temor, o el amor? ¿por qué?.
1.5.3.- ¿Encuentras
muchas diferencias en la forma de pensar, en las actitudes y comportamientos
concretos y reales, entre personas que dicen que “creen en Dios” y aquellas
otras que se declaran abiertamente indiferentes, agnósticos o incluso ateos? ¿Cuáles
serían alguno de los signos diferenciadores entre el hombre creyente y el que
no lo es?
1.5.4.- ¿Cuáles
serían algunas de las consecuencias fundamentales que deberían derivarse en la
vida personal de la visión de Dios que nos da el Evangelio?
1.5.5.- ¿Qué
repercusiones puede y debe tener la imagen del Dios de Jesucristo, con las
características que se han visto anteriormente, en la vida interna de nuestra
Hermandad’? ¿y de puertas afuera?
1.5.6.- ¿Cómo
justificarías la afirmación de que “Dios es el fundamento del hombre?
¿en qué sentido lo es? ¿en el campo religioso’? ¿en el campo ético y
moral? ¿sólo en el sentido individual? ¿y en el sentido social?
1.5.7.- ¿Tiene ‘derecho’ Dios a hacerse presente en la sociedad desacralizada en que vivimos? ¿por qué? ¿de qué formia? ¿con qué garantías?
1.6.-
Tomamos algún compromiso.
1.7.-
Para ampliar nuestros conocimientos.
Comisión
para el Jubileo del año 2.000, Dios, Padre misericordioso, Madrid 1998.
J.M.
González Ruiz, Dios. ¿problema o misterio?, Madrid 1995.
L.
González-Carvajal Santabárbara, ¡Noticias de Dios!, Santander 1997.
W.
Kasper, E/Dios de Jesucristo, Salamanca 1985.
J.A. Paredes, ¿Dónde está nuestro Dios?, Madrid 1996
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