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> Vivir de la Palabra de Dios Vol III. Cartas Paulinas y Apocalipsis
Vivir de la Palabra de Dios III
Plan de formación para Hermandades y Cofradías
de la Diócesis de Sevilla
Vol. III. Cartas Paulinas y Apocalipsis
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3. Algunos textos particularmente significativos.
4. Para nosotros, aquí y ahora.
5. La Palabra de Dios nos pide algún compromiso.
1.1. Pocos libros, no solo de la Sagrada Escritura sino de la
Literatura universal, tienen el atractivo, la magia, el embrujo, que, a lo largo
de los siglos –a partir del siglo II-, ha tenido y sigue teniendo el Libro del
Apocalipsis. 1.2. "La literatura, la pintura, la música, todo el
arte en general ha encontrado en este libro una fuente inagotable de símbolos,
de colores, que se han plasmado en obras monumentales. Pero también el
fundamentalismo y las mentes patológicas de personas y grupos se han tomado
este libro tan al pie de la letra que sobre ellos se han construido ideologías
perniciosas y poco positivas, incluso para el cristianismo y para la salvación
y redención de este mundo llevada a cabo por Cristo" (Biblia para
jóvenes, Barcelona 1999, p.1604). 1.3. Estamos, pues, no sólo ante el libro con el que se cierra la
revelación del Nuevo Testamento, sino también ante un escrito que merece todo
nuestro interés. 2.1. Unos datos interesantes: 2.1.1. Como se sabe, el Apocalipsis es el último Libro
aceptado por la Iglesia como "libro revelado": con el Apocalipsis
quedó cerrada definitivamente la revelación del Nuevo Testamento. Toda otra
revelación posterior no es "oficial" de la Iglesia. 2.1.2. Apocalipsis significa en griego "revelación de
algo que estaba oculto". Se trata, por consiguiente, de un libro en el que
se invita al lector a estar atento para ser capaz de descubrir lo que Dios
quiere decirle a través del desarrollo mismo de la obra. 2.1.3. Es muy importante captar el sentido de la literatura
apocalíptica. Entre los siglos IV antes de Cristo y el II después de Cristo
surgió un masivo movimiento (primero entre los judíos y después entre los
cristianos) que describía con rasgos tremendistas (guerras, terremotos,
maremotos, lluvia de fuego, cataclismos) la situación de crisis que se vivía
en la humanidad sobre todo desde el punto de vista religioso. Aparecieron así,
en el período señalado, numerosos Apocalipsis: de Moisés, de Henoch, de
Isaías, de Baruc, Oráculos sibilinos, etc. Esta literatura, que se caracteriza
por los rasgos fuertes, dramáticos y hasta espectaculares, surge, de todas
formas, no para asustar con el fin del mundo a los destinatarios a los que iban
dirigidos los libros, sino todo lo contrario: para alimentar y afianzar más y
más su esperanza en Dios en las situaciones difíciles y hasta críticas por
las que atravesaban. Por eso es importante saber leer la literatura
apocalíptica. El ‘tremendismo’ de sus rasgos está pensado para hacer ver
que, por encima de cualquier situación límite, está el poder de Dios, la
fuerza de Dios, y sobre todo el amor fiel de Dios que superará toda situación
histórica adversa. 2.1.4. El lenguaje de la literatura apocalíptica es
fundamentalmente un lenguaje simbólico. Y sólo a través de los símbolos es
posible penetrar en los misteriosos planes de Dios sobre los hombres y
especialmente sobre la historia. Por eso, el Apocalipsis de Juan se vale
continuamente de numerosos símbolos: * el número siete: siete iglesias, siete sellos, siete
trompetas, siete copas, siete candeleros, el candelabro de las siete velas, los
siete cuernos del dragón... * las piedras preciosas (jaspe, esmeralda, topacio, ágata,
granate, amatista), los animales (cordero, león, dragón, águila, toro), los
vestidos y colores. * el Templo en el que no hay otra luz que no sea la del
Cordero. 2.1.5. A este propósito es absolutamente necesario caer en
la cuenta de que "es preciso comprender el contenido del símbolo desde la
situación concreta que el lector (cada uno de nosotros) está viviendo: de su
historia personal, de la comunidad cristiana, de la Iglesia, de los hombres. Es
preciso, por eso, contrastar el símbolo con la historia. De lo contrario,
quedará en pura ficción desencarnada, sin ese poder que encierra para iluminar
y orientar nuestra marcha por el mundo" (La Casa de la Biblia, Biblia,
Madrid 1992, p.1872). 2.1.6. La atribución del libro a Juan el Evangelista es un
recurso literario –muy usado en la antigüedad- para darle valor y relieve al
libro del que se tratara. "No se trata de una falsificación ni de un
plagio. Es simplemente una relación ideal que el verdadero autor del libro
establece con una personaje célebre del pasado al que admira profundamente y
bajo cuya guía espiritual se pone a escribir" (La Casa de la Biblia,
Biblia, Madrid 1992, p.1871). Por eso, aunque no sea literalmente un escrito del
apóstol San Juan, sin embargo, la opinión común de los exegetas actuales es
que se trata de un autor que perteneció a la escuela del autor del Evangelio y
de las Cartas de Juan. 2.2. Estructura general del Libro: 2.2.1. La estructura de este libro de la Sagrada Escritura es
relativamente simple: después de una brevísima introducción (Ap 1,1-3), el
Apocalipsis se divide en dos partes fundamentales relativamente bien
diferenciadas: - Una parte profética (Ap 1,4 - 3,22), en la que el ángel
del Señor pone en guardia a las siete Iglesias de Asia, a fin de que reaccionen
y vivan de una manera digna y acorde con la vocación cristiana que les es
propia. De tener presente que al hablar de siete Iglesias, se está refiriendo a
la Iglesia universal, dado el simbolismo universalista del número siete. - Una amplia segunda parte propiamente apocalíptica (4,1 -
22,5), compuesta a su vez por tres momentos o fases de la historia de la
humanidad de cara al futuro: 1ª. En la primera se establecen, de forma completamente
espectacular y apocalíptica, los signos que marcarán el fin del mundo: son los
capítulos 6,1 al 11,19. 2ª. En la segunda se presenta la prueba de una gran
confrontación entre el mal y el bien, más concretamente entre el mundo y la
Iglesia: son los capítulos 12,1 al 20,15. 3ª. En la tercera se describe de una forma triunfal la
conclusión de todo con una gran manifestación final del poder de Dios y de su
Cristo, el Cordero degollado y glorificado: capítulos 21,1 al 22,5. 2.3. Objetivos que se propone este Libro: 2.3.1. El Apocalipsis quiere hacer, ante todo, una viva y
urgente llamada a las siete Iglesias –es decir, a la Iglesia universal- a
vivir en una comunión mucho más estrecha y coherente con el Señor, el
Cordero, que ha dado generosamente su vida por ella, como todo verdadero esposo
da su vida por la esposa, siendo correspondido por ella. La contemplación de
Cristo resucitado en medio de la Iglesia, tiene que ser una llamada constante y
urgente a la conversión: del hombre viejo y caduco pasar a ser hombres nuevos
según el modelo manifestado en Cristo. 2.3.2. Es una llamada, además, hecha a las comunidades o
iglesias en sí, más que a sus responsables propiamente dichos: son las
comunidades como tales comunidades, los sujetos llamados a renovarse,
arrepintiéndose de la vida lánguida, tibia, sin amor, que puedan haber llevado
hasta entonces. 2.3.3. Las comunidades deben ser conscientes de que el que
está a la puerta llamando a conversión y a una vida digna de la vocación
recibida es el mismo Señor: el Señor que llama pacientemente, que es sumamente
respetuoso con la libertad de las comunidades, que tiene una gran paciencia
frente a la lentitud y hasta la apatía de esas comunidades, las urge a llevar
una vida digna de la vocación cristiana. 2.3.4. La finalidad última del Apocalipsis de Juan es
asegurar a los cristianos sometidos a la persecución de los emperadores romanos
de los siglos I y II, que las fuerzas del mal aliadas contra el Proyecto de Dios
en la historia, serán definitivamente vencidas por Cristo, el Señor muerto y
resucitado, que con su fuerza vencerá a esas fuerzas del mal instaurando el
Reino de Dios entre los hombres. 2.4. Líneas teológicas que presenta el Apocalipsis: 2.4.1. Plantea, en primer lugar, la naturaleza comunitaria de
la vocación cristiana: son las Iglesias, es decir, las comunidades, las que
tienen que preocuparse de responder como tales comunidades a lo que el Señor
espera de ellas según la vocación recibida, y a lo que el mundo espera de
ellas como comunidades formalmente cristianas. 2.4.2. Plantea, además, el problema del sentido de la
historia. En los primeros años del siglo II, cuando poco a poco las comunidades
cristianas se alejaban de sus orígenes y sobre todo de Aquel que las había
originado dándoles todo su sentido, los cristianos comenzaron a plantearse,
como problema inmediato, la cuestión de su futuro; y, en una perspectiva mucho
más universal, la cuestión del sentido de la historia. ¿Hacia dónde va el
mundo? ¿hacia dónde va la historia? ¿qué puede significar el cristianismo en
este mundo y de cara a la historia? 2.4.3. A preguntas tan serias y desafiantes, el autor
responde presentando a Cristo muerto y resucitado -el Cordero degollado que sin
embargo está de pie-, como vencedor definitivo del mal, del pecado y de la
muerte. Solamente Dios es el Señor de la historia, y solamente Cristo es el
verdadero y definitivo Señor de la vida. Los señores de este mundo no son
capaces de otra cosa que de oprimir y engendrar muerte, yendo de esta manera
contra el ‘señorío’ de Cristo autor de la vida, superador de la muerte,
creador de un mundo en el que no existan dolores, lágrimas, luto, muerte. 2.4.4. Solamente Cristo llevará este mundo a su plenitud
según el Proyecto de Dios. La historia tiene profundo sentido, está guiada por
el Proyecto que Dios le ha trazado, a pesar de que ahora la realidad mundana y
la misma Iglesia sufra y esté sometida a los avatares de los enemigos del
hombre. 2.4.5. En esta situación límite, la comunidad cristiana
tiene que vivir con creciente plenitud la virtud de la esperanza. Después de la
gran tribulación que significa la existencia de un mundo sometido
constantemente a los egoísmos, guerras, opresión de unos hombres sobre otros,
la comunidad cristiana está llamada a vivir definitivamente con Dios en un
mundo nuevo. 2.4.6. Esta afirmación de un mundo nuevo resulta
absolutamente decisiva en la vivencia de la vocación cristiana ya desde los
primeros pasos de la Iglesia por el mundo. Decisiva, no porque lleve al
cristiano a evadirse del mundo concreto en que vive, sino porque pone toda la
realidad mundana en su verdadera perspectiva. La convicción de un mundo nuevo
sirve para valorar en su justa medida todo lo que, con una sola palabra, se
llama ‘mundo’: desde esa convicción se jerarquizan todas las cosas, se les
da su verdadero valor, se justiprecian. 2.4.7. Más aún, la afirmación de un mundo nuevo en el
futuro tiene que comprometer a las comunidades cristianas como tales y a cada
uno de sus miembros, a transformar la historia concreta, anticipando aquí y
ahora con las propias actuaciones, las notas de ese mundo nuevo en el que se
cree y en el que se espera: la fraternidad, la justicia, la ausencia de guerras,
de hambres, de lágrimas, de dolor, de luto, de llanto, de muerte. 2.4.8. En una palabra, el Apocalipsis es "un canto al poder soberano de
Dios que conduce los hilos de la historia, y una manifestación del papel de
Cristo en este drama. Es un mensaje de esperanza a una comunidad atribulada, que
debe reconocer el momento en que vive y debe aprender a interpretarlo
adecuadamente" (La casa de la Biblia, Biblia, Madrid 1992, p.1872).
Ap 2,1-7: lo que cuenta es el amor. Ap 3,1-6: una seria llamada a la conversión. Ap 12,1-12: la batalla entre la mujer y el dragón.
1.- Motivación del Tema
2.-
Iluminación del Tema
4.1. ¿qué aspectos destacarías de los textos leídos y comentados?
4.2. ¿pueden tener actualidad en el momento presente de la Iglesia?
4.3. ¿en qué fundamenta la esperanza cristiana el libro del Apocalipsis?
5.1. a nivel personal. 5.2. como miembros de esta Hermandad.
AA.VV., En torno al Apocalipsis, Ed.BAC, Madrid 2001. Equipo "Cahiers Evangile", El Apocalipsis,
Cuadernos bíblicos 9, Ed.Verbo divino, Estella 1992. J.M.González Ruiz, Apocalipsis de Juan. El libro del
testimonio cristiano, Ed.Cristiandad, Madrid 1987. X.Pikaza, Apocalipsis, Ed.Verbo divino, Estella 1999. J-P.Prevost, Para leer el Apocalipsis, Ed.Verbo divino,
Estella 1994. E.Schüssler Fiorenza, Apocalipsis. Visión de un mundo
justo, Ed.Verbo divino, Estella 1997.
5.-
La Palabra de Dios nos pide algún compromiso
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