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Vivir de la Palabra de Dios III
Plan de formación para Hermandades y Cofradías
de la Diócesis de Sevilla
Vol. III. Cartas Paulinas y Apocalipsis
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Cartas de San Pablo (II). - 1ª Y 2ª A LOS CORINTIOS.
3. Algunos textos particularmente significativos.
4. Para nosotros, aquí y ahora.
5. La Palabra de Dios nos pide algún compromiso.
1.1. Por la importancia que tuvo en la vida y en la actividad
del apóstol Pablo, la comunidad cristiana de Corinto merece una atención muy
particular en el estudio del Nuevo Testamento. De hecho, Pablo no sólo fundó
esa comunidad, sino que permaneció en Corinto durante año y medio, haciendo
crecer rápidamente la fe cristiana sobre todo entre la gente oprimida y
desesperanzada, particularmente entre los numerosos esclavos que había en la
ciudad. 1.2. La composición sociológica de la comunidad cristiana
de Corinto generaba, como era de esperar, numerosos e incluso serios problemas:
entre ellos, la pugna por ver quién tenía carismas de mayor valor y
espectacularidad, una marcada división entre ricos y pobres, unos
comportamientos morales en desacuerdo con el bautismo recibido, etc. 1.3. Una problemática, como se ve, que, a pesar de la distancia en el
tiempo, puede seguir teniendo actualidad entre nosotros. Los temas tratados por
Pablo, edificantes unos, conflictivos y hasta escandalosos otros, siguen estando
presentes también en la Iglesia de hoy, en el inicio del siglo XXI: la
problemática acerca de la resurrección de los muertos, la forma cristiana de
entender la salvación, la verdadera naturaleza de la Eucaristía, la
solidaridad con otras iglesias e incluso con todos los hombres, la función y
objetivo de los carismas en la Iglesia, el equilibrio entre diversidad y unidad
en la Iglesia, etc. 2.1. Unos datos interesantes sobre estas Cartas. 2.1.1. Corinto era una ciudad populosa -de más de medio
millón de habitantes-, con dos puertos de mar y con todos los pro y los
contra que una ciudad semejante lleva consigo: desigualdades estridentes entre
una minoría de ricos y una multitud inmensa pobres, esclavos en su mayoría;
diferencias entre hombres cultos y analfabetos, entre nobles y plebeyos, entre
iniciados en conocimientos y filosofías ocultas y marginados de toda especie,
prostitución sagrada, generalizado sincretismo religioso, etc. 2.1.2. Pablo llega a esta populosa y rica ciudad entre los
años 50-52, con el deseo y el propósito de fundar en ella una comunidad
cristiana, que, de alguna manera, fuera modelo y paradigma para otras
comunidades igualmente fundadas por él. 2.1.3. De hecho puso todo su empeño y una dedicación sin
límites en la tarea de crear esa comunidad. Hasta el punto que, ante una
grave crisis comunitaria, les recordó a los corintios con toda energía que
"aunque tuvieran diez mil pedagogos" –asesores, consejeros-,
tenían un solo "padre" y ese era él, Pablo, que los había
engendrado en Cristo (cf. 1Cor 4,14-15). 2.1.4. El cariño agradecido de Pablo a los cristianos de
Corinto y el carácter peculiar de los habitantes de aquella ciudad, hizo que
el apóstol les escribiera un amplio número de Cartas, no muy largas, puesto
que se referían a temas puntuales. Estas cartas se han recopilado e integrado
–no todas, ya que algunas se han perdido-, en la que nosotros conocemos como
Segunda Carta a los Corintios. 2.1.5. La cercanía afectiva que siente Pablo por la
comunidad de Corinto, hace que las cartas que les dirige enormemente,
familiares, concretas, airadas y tiernas al mismo tiempo, según las
circunstancias y los temas tratados: se alegra y se congratula con ellos en
algunos momentos, pero les escribe con dolor y lágrimas y hasta con evidente
enfado en otros. 2.1.6. La lectura atenta de las dos Cartas a los Corintios
"nos muestra una comunidad viva y difícil y a un apóstol que se siente
verdadero padre en la fe, y no puede permitir que el Evangelio sea vivido de
cualquier manera. Pablo les recuerda que están llamados a vivir una
existencia nueva como hijos de Dios, frente a la gran mayoría pagana"
(La Biblia para jóvenes, Barcelona 1999, p.1520). 2.2. Estructura general de estas Cartas. 2.2.1. Primera Carta a los Corintios. - Introducción: saludo y agradecimiento: 1,1-9. - Reacción frente a las divisiones que existen dentro de
la comunidad: 1,10 – 4,21. - Algunos abusos concretos existentes en la comunidad:
5,1-13 – 6,20. - El matrimonio y la virginidad, realidades cristianas: 7. - Temas candentes en la comunidad: * carne sacrificada a los ídolos: 8,1 – 11,1. * la celebración de la Eucaristía cristiana: 11,2-34. * el Espíritu Santo fuente de diversidad y unidad en la
Iglesia: 12,1 – 14,40. * el misterio de la resurrección de los muertos: 15. - Conclusión: recomendaciones y saludos: 16. 2.2.2. Segunda Carta a los Corintios. * La estructura de la segunda Carta de Pablo a los
Corintios no resulta fácil a primera vista; por el contrario, se presenta
más bien como un escrito poco orgánico, algo extraño y complicado: no tiene
propiamente un hilo conductor claro y diáfano. Y es que, como recordamos más
arriba (2.1.4), se trata de la condensación de tres pequeñas cartas
dirigidas por el apóstol a los corintios en diversos momentos (años 52-55),
con ocasión de otros tantos problemas concretos. A pesar de todo, los
argumentos tratados se complementan y enriquecen entre sí. * Hasta Pablo llegaban rumores de que en la comunidad
cristiana de Corinto seguía habiendo dificultades. Quiere saber por eso, de
primera mano, cuáles son esos problemas. Para ello manda a su discípulo
Tito, el cual se encuentra con dos problemas: uno de fondo, sobre la
autenticidad de la condición de apóstol de Pablo y la consiguiente
autenticidad de su misión apostólica. Otro, más inmediato: la colecta que
se está realizando para ayudar a la Iglesia de Jerusalén. * Teniendo presente estas observaciones, es posible ofrecer
la siguiente estructura: - Saludo y acción de gracias: 1,1-7. - 1ª parte: Pablo, verdadero apóstol: 1,8 – 7,16. - 2ª parte: breve tratado teológico sobre las colectas:
8,1 – 9,11. - 3ª parte: autobiografía de Pablo: 10,1 – 13,10. - Exhortación y saludo final: 13,11-13. 2.3. Objetivos que se propone Pablo con estas Cartas. 2.3.1. Primera carta a los Corintios. * Quiere, en primer lugar, poner las cosas en su sitio
superando cualquier motivo de división en la comunidad y haciendo frente a
algunos desórdenes y escándalos que existían en la misma. * Se propone, además, preservar la identidad de la fe
cristiana, fundada en el mensaje del Evangelio, frente al desconcierto
religioso existente en Corinto, ciudad en la que abundaban los predicadores de
muchas formas y caminos de salvación. * La cultura helenística en cuyo contexto tenían que
vivir los corintios su fe cristiana recién abrazada, era realmente una
tentación permanente para aquellos cristianos. De ahí que Pablo "aunque
acepte la cultura helenística como realidad donde puede encarnarse la fe
cristiana, al darse cuenta de la forma particular que esta fe ha tomado en los
cristianos de Corinto, ejerza un juicio crítico contra el medio religioso
helenístico y condene conductas y creencias opuestas al Evangelio, sin dejar
de aceptar, al mismo tiempo, lo que no es incompatible con él"
(Secretariado Nacional de Catequesis, Biblia para la iniciación cristiana 2,
Madrid 1977, p.393). 2.3.2. Segunda carta a los Corintios. * Deja constancia de la reacción positiva que los
corintios –a los que a pesar del gran cariño que les tenía había escrito
"con dolor y lágrimas" (2Cor 2,4)-, habían tenido frente a su dura
carta anterior. Por eso, esta reacción –constatada por Tito, enviado de
Pablo-, le consuela grandemente: 2Cor 1,1 – 2,13. * Reivindica con toda energía la autenticidad de su
condición de ‘apóstol’. Dos razones: - Dios tiene la total y absoluta iniciativa en el
apostolado de Pablo: la presentación que él hace de Cristo y de su
evangelio, en el fondo es una acción que tiene a Dios por autor. - además, en Pablo no ha habido en ningún momento
ambigüedad alguna: no ha habido primero sí ( = cristianismo sin necesidad de
"judaizar"), y luego no ( = cristianismo a través de las prácticas
judías). Su ‘sí’ ha sido, desde el principio, un ‘sí’ uniforme e
inalterable, a semejanza de Cristo, que es el "sí" firme,
definitivo e irrevocable de Dios a la humanidad. * Sentido de la colecta a favor de las Iglesias: la riqueza
que pueda tener un cristiano (en cualquier orden que sea y no sólo en el
económico), debe ser compartida, siguiendo el ejemplo de Cristo el Señor,
que, siendo rico, en su Encarnación se hizo pobre compartiendo nuestra
condición humana absolutamente en todo excepto en el pecado. 2.4. Líneas teológicas fundamentales y comunes en estos dos
escritos. 2.4.1. El sentido de la Cruz de Cristo: la identidad de una
comunidad cristiana es, se quiera o no, la sabiduría de la cruz (1Cor 1,10
– 4,21). Para los judíos la cruz es un escándalo, para los gentiles una
mofa. Pero para los que son verdaderos seguidores de Jesús, es
"sabiduría de Dios y fuerza de Dios". No es pensable un
cristianismo sin cruz. 2.4.2. Los carismas del Espíritu son ¿riqueza o división
en la Iglesia? El Espíritu Santo es en la Iglesia, al mismo tiempo, fuente de
una enorme diversidad de dones y carismas, pero es igualmente, el que hace
converger todos esos carismas para que formen una unidad sólida y rica. En la
Iglesia no hay verdadera unidad sin una gran diversidad, como tampoco hay
diversidad sin que tienda a una profunda unidad. Diversidad sin unidad es
dispersión. Unidad sin diversidad es uniformidad empobrecedora. 2.4.3. Matrimonio y virginidad: su valoración en la vida
cristiana. La vocación cristiana, vocación a la santidad, ha de vivirse
siempre en el contexto de un "amor casto", es decir, un amor fiel a
Dios y a la persona amada. Pero ese amor casto puede vivirse de dos formas
fundamentales: en el matrimonio y en el celibato por el Reino. El amor entre
los esposos cristianos tiene que ser "casto", es decir, fiel hasta
el fondo. El amor de un bautizado que se entrega de forma personal y exclusiva
a Cristo por los demás, tiene que ser igualmente fiel hasta el fondo. 2.4.4. La Cena del Señor: condiciones para que una
Eucaristía sea auténticamente cristiana. No cualquier forma de celebrar la
reunión (sinaxis) eucarística es propiamente la Cena del Señor. Para que
sea tal, esa celebración tiene que hacerse desde la sinceridad más absoluta
del corazón y desde el compromiso serio y constatable de compartir lo que se
es y lo que se tiene: autenticidad de vida y solidaridad con los que más lo
necesitan son las dos condiciones absolutamente requeridas e indispensables
para poder celebrar real y verdaderamente la "Cena del Señor". Todo
lo que no sea eso, es fingir falsamente una celebración de la que se le
pedirá cuenta a los que la realizan. 2.4.5. Características del Amor cristiano: reflejo del
Agape divino. El mandamiento primero y fundamental del cristiano es
ciertamente el Amor en su doble vertiente: hacia Dios y hacia los hermanos.
Sólo que para un cristiano el Amor tiene un paradigma y una fuente indudable:
el Amor de Dios. Por eso es necesario parecerse a Dios sobre todo en el amor.
Un Amor que es benigno, paciente, que no se jacta ni se engríe, que no lleva
cuentas del mal, ni es mal educado, que disculpa siempre, cree sin límites,
aguanta sin límites: en una palabra, que no falla nunca: como el de Dios. 2.4.6. La Resurrección de Cristo y su repercusión en la
vida cristiana. Entre los Corintios había quien creía que Cristo había
resucitado, pero los cristianos no resucitaban como Cristo, los cristianos
morían totalmente. Pues bien, Pablo hace el siguiente razonamiento: si el
cristiano no resucita porque la resurrección es algo imposible, tampoco
Cristo ha resucitado, y, si Cristo no ha resucitado, nuestra fe en Él es
absolutamente vana, todavía estamos en nuestros pecados. Pablo afirma con
toda fuerza y contundencia el hecho de la resurrección. En cuanto al modo, lo
hace valiéndose de algunas comparaciones más o menos familiares a los
destinatarios de su carta, pero haciendo constar que son eso: simples
comparaciones. Por lo demás, la certeza de nuestra reconciliación con Dios
no viene únicamente de la muerte en cruz de Cristo, sino también y, de forma
absolutamente decisiva, de la resurrección del Señor. Esa resurrección es
la garantía de nuestra propia resurrección; al tiempo que la resurrección
del cristiano es el fruto cierto y seguro de la Resurrección de Cristo. 2.4.7. Las colectas cristianas, reflejo de la generosidad de Cristo el
Señor. Desde el comienzo, los cristianos hacían ya sus colectas en las
reuniones eucarísticas dominicales (1Cor 16,2). Pero había situaciones en
las que algunas comunidades se encontraban completamente necesitadas, por lo
que requerían ayuda de los hermanos de las otras comunidades cristianas.
Había que urgir la solidaridad entre los bautizados. Y para ello, Pablo
presenta nada más y nada menos que el fundamento teológico supremo: la
persona de Cristo que "siendo rico se hizo pobre" para, con su
pobreza, podernos enriquecer a todos. Y todo, con una finalidad bien concreta
y determinada: para que exista una auténtica igualdad entre todos los
hombres.
1.- Motivación del Tema
2.-
Iluminación del Tema
3.1. De la primera Carta a los Corintios. 1,17-31: ¿qué significa la Cruz para un cristiano? 9,16-23: compromiso de anunciar a todos el Evangelio. 11,17-28: celebrar con autenticidad la Eucaristía
cristiana. 3.2. De la segunda Carta a los Corintios. 5,14-21: gratuidad y compromiso de la reconciliación 8,1-15: fundamento y sentido de las colectas.
4.1. ¿Qué actualidad pueden tener entre nosotros las
enseñanzas de Pablo en las Cartas a los Corintios? Señala algunos puntos
concretos. 4.2. ¿Cuál o cuáles de los textos anteriores pensamos
que pueden tener una particular actualidad y aplicación para nosotros? ¿por
qué?
3.-
Algunos Textos particularmente significativos
4.3. ¿Qué importancia y qué consecuencias concretas tiene la certeza de la Resurrección en nuestras vidas? ¿es fundamento e impulso? ¿en qué sentido?
5.1. a nivel personal. 5.2. como miembros de esta Hermandad.
M.Carrez, La segunda carta a los corintios, Cuadernos
bíblicos 51, Ed.Verbo divino, Estella 1986. M.Carrez, La primera carta a los corintios, Ed.Verbo
divino, Estella 1989. M.Quesnel, Las Cartas a los Corintios, Ed.Verbo divino,
Estella 1979.
5.-
La Palabra de Dios nos pide algún compromiso
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