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> Vivir de la Palabra de Dios Vol III. Cartas Paulinas y Apocalipsis
Vivir de la Palabra de Dios III
Plan de formación para Hermandades y Cofradías
de la Diócesis de Sevilla
Vol. III. Cartas Paulinas y Apocalipsis
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EL MISTERIO DE CRISTO VIVIDO Y REFLEXIONADO POR LAS PRIMERAS COMUNIDADES CRISTIANAS.
3. Algunos textos particularmente significativos.
4. Para nosotros, aquí y ahora.
5. La Palabra de Dios nos pide algún compromiso.
1.1. El movimiento religioso suscitado por Jesús es, en su
esencia más profunda y nuclear, un movimiento comunitario. Jesús fue llamando
personalmente uno por uno a los que Él quiso para que estuvieran con Él, para
que vivieran con Él, para formar comunidad con Él y para enviarlos a predicar
a todos los hombres la Buena Noticia del Evangelio. (cf.Mc 3,13-19). No fue el
de Jesús, un movimiento religioso ‘individualista’ en el que cada uno se
las entendía directa y exclusivamente con Dios, ni un movimiento espiritualista
para buscar la propia perfección. Fue un movimiento en que cada uno se sentía
personalmente llamado a seguir a Cristo pero en comunidad. La componente
comunitaria tenía una importancia realmente decisiva en el seguimiento de
Cristo. 1.2. De hecho, el día de Pentecostés, apenas hace Pedro el
anuncio de la Resurrección de Cristo a los judíos venidos de la diáspora, los
que aceptaron el mensaje y se bautizaron, sintieron la necesidad de "formar
comunidades": "los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en
común" (Hch 2,41-47; 4,4.32-35; 8,4-8). Es así como nacieron las
comunidades cristianas primitivas. 1.3. Siempre a partir de Pentecostés, se observa que, desde
el principio, Cristo pasó a ser, de "portador y predicador" del
mensaje de salvación, a "centro y objeto" de la predicación del
mismo mensaje. A quien anuncian los Apóstoles y los primeros misioneros
cristianos es siempre y sólo a Cristo, "a quien Dios resucitó mediante su
Espíritu" (Hch 2,32-33). Más aún, la condición salvadora de Jesús es
tan fundamental y esencial en su Persona, que "no hay bajo el cielo ni
sobre la tierra otro nombre en que los hombres podamos ser salvos, sino en el
nombre de Jesús Nazareno" (Hch 4,12). 1.4. Esta salvación con todo, es, sustancialmente, una
"experiencia". No es una sabiduría intelectual, ni un saber teórico
propiamente tal, ni siquiera una "doctrina sublime". Es ante todo y
sobre todo, una experiencia. Los relatos de la Resurrección de Cristo ponen de
relieve con toda claridad esta naturaleza "experiencial" de la vida
cristiana. Ya lo había dicho Cristo con anterioridad: "donde hay dos o
más reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18,20).
Los distintos relatos del Resucitado, avalan y ponen de manifiesto esa
peculiaridad de la vida cristiana: valga por todos el episodio de Tomás el
incrédulo: en él se pone de manifiesto claramente que, fuera de la Comunidad,
no encontró a Jesucristo; estando en cambio en la Comunidad se encontró con
Él: Jn 20,24-29. 1.5. Poco a poco, sin embargo, los bautizados fueron
sintiendo la necesidad de poner por escrito las claves fundamentales de esa
experiencia: por una parte, para darse a sí mismos razón de la propia
esperanza y podérsela a todos aquellos que se la pidieran (cf.1Ped 4,15); y,
por otra, para poder transmitir a las futuras generaciones de creyentes en
Cristo lo nuclear del mensaje de salvación: lo que se llamó el
"kerigma", a saber, que "Cristo murió por nuestros pecados, que
fue sepultado y que resucitó al tercer día por nuestros pecados" (1Cor
15,3-4). Desde este núcleo central, se fueron reflexionando y poniendo por
escrito los distintos aspectos del misterio cristiano. 1.6. El mensaje salvador de Cristo aparece, desde sus mismos
orígenes, dirigido a todos los hombres sin excepción: judíos y griegos,
hombres y mujeres, sabios e ignorantes, ricos y pobres. Desde siempre se ha
vivido y ofrecido como un mensaje universal. No va dirigido a una élite
intelectual o privilegiada por cualquier motivo: Cristo murió y resucitó por
todos! La única condición requerida es sentir la necesidad de esa salvación y
tener el corazón abierto a la misma. Jesús salva: este es el mensaje, la Buena
Noticia que desde el principio han proclamado las comunidades seguidoras de
Jesús. 1.7. Este mensaje es único. Pero estando destinado a todos los hombres hasta
el fin de los tiempos, tiene que irse encarnando en cada pueblo, en cada
cultura, en cada momento histórico, para que llegue a ser realmente un mensaje
universal. Este proceso de verdadera encarnación, llamado
"inculturación", hace que no solo se enriquezcan los hombres y los
pueblos que lo aceptan, sino que el mismo mensaje revele y ponga de manifiesto
todas las virtualidades salvadoras que lleva dentro de sí. 2.1. Escritos del Nuevo Testamento que no son los evangelios. 2.1.1. A pesar de que el cristianismo no aparece en la
historia con la pretensión de ser una "religión del libro" sino de
la "experiencia transmitida" –de ahí la importancia decisiva que
desde un principio ha tenido la Tradición en la Iglesia-, fue inevitable que
surgieran –además de los cuatro evangelios- una serie de escritos que
transmitieran con la mayor fidelidad posible el mensaje de Cristo a las diversas
comunidades cristianas posteriores e incluso a todos aquellos hombres y lugares
a los que no podían llegar materialmente ni los apóstoles ni los ministros por
ellos designados. 2.1.2. Esta situación tuvo como resultado la producción de
numerosos escritos. Sólo 27 de ellos fueron aceptados por la Iglesia como
formando parte del "canon de libros inspirados" del Nuevo Testamento.
Estos "libros canónicos" son aquellos escritos que garantizan de
forma objetiva la fidelidad de la primera generación cristiana al Mensaje
salvador que entregó Jesús a sus seguidores. 2.1.3. Estos escritos son, además de los cuatro evangelios,
el Libro de los Hechos de los apóstoles, 14 Cartas de San Pablo o del entorno
paulino, una Carta de Santiago apóstol, dos Cartas de San Pedro, tres Cartas de
San Juan, una Carta de San Judas, y el Libro del Apocalipsis de San Juan. 2.2. Preferencia por los escritos de San Pablo. 2.2.1. De todos estos escritos, nosotros nos vamos a fijar
fundamentalmente en los de San Pablo –y no en todos, por falta de tiempo y de
espacio-. Estudiaremos también el Libro del Apocalipsis. 2.2.2. La importancia del apóstol Pablo en la reflexión
sobre la esencia del cristianismo es de tal importancia, que no ha faltado quien
afirme –con evidente exageración- que Pablo fue el "inventor" del
cristianismo. 2.2.3. Es indudable la profunda y determinante originalidad
de Pablo en el acercamiento y vivencia del misterio cristiano. En la seria duda
existente en los primeros años del cristianismo acerca de si el acceso a la
salvación de Cristo se hacía de forma directa e inmediata, única y
exclusivamente por la Fe en el mismo Señor, muerto y resucitado, o si, por el
contrario, era necesario pasar a través de la observancia de la Ley mosaica (‘judaizar’),
Pablo –desde su experiencia personal- defendió siempre el primer camino: la
fe en Cristo, Salvador de todos los hombres –judíos y paganos- y de todo el
hombre –cuerpo, alma y espíritu- es más que suficiente para acceder a esa
salvación; no hay que "judaizar". Dicha salvación, además, está
destinada –y por ello se ofrece- a todos los hombres por igual, y no solo al
pueblo judío. De aquí, la indudable actualidad y vigencia de la visión de
Pablo sobre el cristianismo. 2.2.4. Por otra parte, el apasionamiento de Pablo por la
persona de Cristo y la profunda audacia con la que vivió su vocación cristiana
es para el bautizado de hoy un paradigma a tener siempre delante. La coherencia
de Pablo en todos los momentos de su existencia, alegres o tristes, de
comprensión o de incomprensión, de éxitos o de fracasos apostólicos, es para
nosotros, creyentes cristianos del Tercer milenio de la Iglesia un formidable
ejemplo a seguir. 2.2.5. La vivencia comunitaria del cristianismo desde una
experiencia personal, la superación constante de cualquier tentación de
individualismo, la conciencia de que cada bautizado es miembro vivo de un todo
que es el Cuerpo de Cristo –puesta de relieve brillantemente por Pablo en sus
escritos-, se presenta de una acuciante actualidad en nuestro momento histórico
en el que el hombre tiende como a desentenderse, en todos los planos –también
en el religioso-, del resto de los demás hombres. 2.3. Características de las comunidades fundadas por Pablo: 2.3.1. Son comunidades que, estando enclavadas en el Imperio
romano, tienen, de forma natural, una perspectiva y conciencia de universalidad.
Estando, por otra parte, inmersas en una cultura fundamentalmente griega, les
resultan connaturales los términos, las categorías mentales, las formas de
pensamiento de esa cultura. En líneas generales, son, además, comunidades
establecidas en núcleos urbanos amplios propios de grandes ciudades: Roma,
Corinto, Galacia, Éfeso, Colosas, Tesalónica. A pesar de ello, son siempre
comunidades ‘domésticas’: es decir, los primeros cristianos no buscaban
para sus reuniones -sobre todo eucarísticas-, lugares ‘religiosos’, sino
que se reunían ‘en las casas’ de los mismos cristianos. De ahí el nombre
de "iglesias domésticas". 2.3.2. Tanto desde el punto de vista religioso como desde el
punto de vista sociológico, las comunidades cristianas primitivas son plurales:
cristianos procedentes tanto del judaísmo como del paganismo; ricos y pobres,
cultos e ignorantes, santos y pecadores. Tienen "una concepción religiosa
de la vida que aceptó las desigualdades existentes de hecho en las relaciones
interpersonales, pero al mismo tiempo las penetró de amor cristiano y las hizo
humana y religiosamente fecundas" (La Casa de la Biblia, La Biblia, Madrid
1992, p.1696). 2.3.3. En estas comunidades coexisten la santidad y el
pecado, el entusiasmo y la ramplonería, el heroísmo y la mediocridad. En
cualquier caso, son comunidades que se esfuerzan en ser fieles al movimiento
religioso iniciado por Jesús, muerto y resucitado, confesado por esas
comunidades como único y definitivo Salvador de todos los hombres y de todo el
hombre. 2.4. Cartas paulinas y cartas del círculo de Pablo. 2.4.1. Las Cartas de San Pablo adoptan la configuración de
las cartas de su tiempo: introducción, cuerpo doctrinal y conclusión. No son
cartas privadas –excepto la dirigida a Filemón-, sino dirigidas a una
comunidad cristiana en cuanto tal o, incluso en forma de circular, a un grupo de
comunidades cristianas. Por eso estaban destinadas a leerse cuando la comunidad
cristiana estuviera reunida, especialmente durante la celebración de la
Eucaristía. Estas Cartas, por otra parte, fueron escritas "para animar y
exhortar a las comunidades; para fijar puntos de vista discutidos y esenciales
del Evangelio que ha recibido Pablo y que sus adversarios no le reconocen; para
combatir ciertas posturas de algunos grupos que han interpretado a su manera la
predicación del apóstol" (La Biblia para jóvenes, Barcelona 1990,
p.1487). 2.4.2. Las Cartas de San Pablo admiten y hasta exigen una
doble clasificación. En efecto, consta históricamente que no todas las Cartas
que conocemos bajo el nombre del apóstol Pablo fueron escritas o dictadas
material y directamente por él: algunas fueron escritas después que el
apóstol había ya muerto, por algunos cristianos pertenecientes al círculo de
Pablo e identificados particularmente con su doctrina. 2.4.3. Por eso, desde el punto de vista de la autoría del
apóstol Pablo, las Cartas pueden reunirse en dos grupos: - el primero, tiene como responsable directo e inmediato a
Pablo, habiendo sido escritas antes del año 60 de nuestra era. Estas Cartas
son: 1ª a los Tesalonicenses, Gálatas, Romanos, 1ª y 2ª a los Corintios,
Filipenses y una al discípulo Filemón. - el segundo grupo lo forman algunas Cartas escritas por
discípulos y seguidores directos del apóstol después de la muerte de éste,
que tuvo lugar el año 62 de nuestra era. Estas Cartas son: Colosenses y
Efesios, 1ª y 2ª a Timoteo, Tito, 2ª a los Tesalonicenses y Hebreos. 2.5. Homogeneidad de algunas Cartas entre sí. 2.5.1. Partiendo del punto de vista del argumento que tratan,
existen significativas coincidencias entre algunas de esas Cartas: vgr. Gálatas
y Romanos, por una parte, Colosenses y Efesios por otra, y 1ª y 2ª a Timoteo
por otra. 2.5.2. Teniendo presente la comunidad a la que van dirigidas,
existen igualmente puntos convergentes: vgr. 1ª y 2ª Corintios, 1ª y 2ª
Tesalonicenses. 2.6. Claves teológicas de los escritos de San Pablo: Para interpretar debidamente la enseñanza doctrinal del
apóstol Pablo, tanto en el campo teológico como en el moral, es importante
tener siempre presentes algunas claves: 2.6.1. En esos escritos se constata, ante todo, un cierto
pluralismo teológico a causa de haber nacido de la necesidad de hacer frente a
situaciones y problemas diversos en las distintas comunidades fundadas por el
apóstol: una es la situación de Tesalónica y otra la de Corinto o Roma, por
ejemplo. Pablo da respuestas adecuadas a cada situación. 2.6.2. De aquí que no se encuentre en las Cartas de Pablo
una teología que pudiéramos llamar ‘ordenada’, ‘sistemática’: esas
Cartas se escriben en momentos distintos; en ellas se abordan situaciones y
problemas diversos unos de otros, y por eso mismo se usan incluso géneros
literarios diferentes: unos más teológicos, otros más pastorales. 2.6.3. Por lo general, se trata de reflexiones teológicas
hechas sobre la marcha: por eso estamos ante un pensamiento teológico
dinámico, que se elabora a medida que va haciendo falta. Es un pensamiento en
construcción y no un pensamiento "hecho", "terminado" y
"perfilado" hasta en sus últimos detalles. La reflexión de la
Iglesia posterior deberá partir de él, con la posibilidad de ir sacando de él
–bajo el influjo del Espíritu Santo- todas las virtualidades en él
contenidas. 2.6.4. En todo este proceso doctrinal tiene una importancia
considerable el grado de iniciación cristiana en que se encuentren los
destinatarios de las Cartas: si son cristianos procedentes del judaísmo, si
proceden del helenismo, del paganismo, etc. 2.6.5. Es importante destacar que Pablo no se presenta nunca
como el ‘iniciador’ de la reflexión teológica: él llega al cristianismo
cuando en las comunidades cristianas había ya comenzado esa reflexión. Existe
una ‘tradición’ anterior a Pablo, que él asume, hace suya y ‘re-crea’
desde su propia experiencia cristiana personal. Pablo no es el ‘iniciador’ y
menos aún el ‘fundador’ del cristianismo en sí. En todo caso, podría
afirmarse –entendiendo bien la afirmación- que es el creador del ‘cristianismo
urbano’ por cuanto él ha implantado y hecho florecer el cristianismo en
ciudades grandes: Antioquía, Corinto, Éfeso, Filipos.. 2.6.6. Dada su buena formación en el Antiguo Testamento, Pablo alude
frecuentemente en sus escritos a la Alianza Antigua: unas veces, de forma
explícita; otras, de forma implícita. Pero es constante en interpretar lo
dicho y acontecido en el Antiguo Testamento como ‘sombra o figura’ de la
auténtica novedad que es Cristo. Cristo es, para Pablo, el verdadero y
definitivo ‘tipo’, modelo, ejemplar, de lo que se vivía y anunciaba en la
Antigua Alianza. Cristo es la cumbre última y definitiva hacia la que tendía
el largo camino recorrido por el antiguo Pueblo de Dios. Es desde Cristo desde
donde hay que interpretar el Antiguo Testamento y no al revés!
Hch 4,41-47: la vida de las primeras comunidades
cristianas. Filipenses 4,4-9: ¿qué transmite Pablo a sus
comunidades?.
4.1. ¿qué consecuencias tiene para nosotros la naturaleza
comunitaria de la vocación cristiana? 4.2. ¿tendrían algunas aplicaciones a nuestra situación
actual las notas de las comunidades cristianas a las que se dirige Pablo?
¿cuáles? 4.3. para la mayor parte de los cristianos actuales el
cristianismo qué es: ¿una experiencia o un conjunto de doctrinas? ¿por
qué? 4.4.¿cuáles serían algunos caminos para que el
cristianismo sea cada vez más una "experiencia de vida"?
5.1. A nivel personal. 5.2. Como miembros de esta Hermandad.
A.Brunot, Los escritos de san Pablo, Ed.Verbo divino,
Estella 1987. M.de Burgos Núñez, Pablo, predicador del evangelio,
Ed.San Esteban-Edibesa, Salamanca 1999. E.Cothenet, San Pablo en su tiempo, Cuadernos bíblicos
26, Ed.Verbo divino, Estella 1979.
1.- Motivación del Tema
2.-
Iluminación del Tema
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