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Vivir de la Palabra de Dios II

Plan de formación para Hermandades y Cofradías

de la Diócesis de Sevilla

Vol. II. Los Evangelios

 

Página Web del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla

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V. EL NUEVO TESTAMENTO. EVANGELIOS SEGÚN SAN JUAN.

1. Motivación del Tema.

2. Iluminación del Tema.

3. Hechos de Jesús particularmente significativos en el evangelio según San Juan.

4. Dichos de Jesús particularmente significativos en el evangelio de Juan.

5. Para nosotros, hoy, aquí y ahora.

6. Tomamos algún compromiso a partir de este evangelio.

7. Nota Bibliográfica.


 

Ir al inicio de la página 1.- Motivación del Tema

1.1. De los cuatro evangelios el de Juan es, por antonomasia, el evangelio "espiritual". No en un sentido débil, espiritualista o etéreo del término, sino en el sentido profundo y denso de ser un evangelio en el que la relación Jesús-Espíritu-discípulo aparece con particular fuerza y la enseñanza de Jesús sobre el Espíritu adquiere una particular insistencia y vigor. De hecho, este evangelio –sobre todo los discursos de Jesús en la última Cena (caps.13-17)- son usados por los cristianos en momentos de especial densidad espiritual: Ejercicios espirituales, retiros, horas santas, jornadas de oración, etc.

1.2. Además de este, existen en el origen del cuarto evangelio una serie de motivos convergentes que explican el gran interés con que fue acogido desde el principio:

1.2.1. El evangelio de Juan (junto con las tres Cartas atribuidas a este apóstol) es el evangelio que de manera más clara y contundente se opuso a una fuerte y peligrosa corriente existente entre los cristianos: la "gnosis". Una corriente, entre filosófica y espiritual, según la cual la materia y todo lo material (la llamada "carne") era despreciable. Si el "alma" –según esa corriente de pensamiento- era prisionera de la "carne", tenía que liberarse de ella. Resultaba entonces completamente inconcebible que un enviado divino pudiera realmente "hacerse carne". Por eso, si Cristo era de verdad el Enviado de Dios, más aún, Dios como el Padre, no podía ni haberse encarnado ("hecho carne") de verdad en el seno de una mujer, ni tampoco haber muerto en la cruz. Tanto su encarnación como su muerte en cruz serían pura "apariencia" pero de ninguna forma "realidad objetiva". Así, el misterio de Cristo se vaciaba por completo: ni la encarnación era una realidad objetiva sino solo una apariencia, ni la muerte redentora en cruz podía tener sentido real y salvífico alguno. Encarnación y Cruz quedaban absolutamente eliminados.

1.2.2. En segundo lugar, este evangelio es exponente de la lucha que tuvo que afrontar la comunidad cristiana por parte del llamado "frente judío". Cuando en el evangelio de Juan se habla de "los judíos" se alude siempre a los dirigentes del pueblo que no solo fueron hostiles a la persona de Jesús, sino que desde el principio vieron al cristianismo como una "herejía" dentro del judaísmo. Efectivamente, "los judeo-cristianos, que hasta entonces habían sido considerados como un grupo judío ligado a la sinagoga –y antes del año 70 al templo-, tuvieron que enfrentarse con la dramática alternativa de abandonar su fe en Jesús adhiriéndose a Moisés (9,28-29) o de mantenerse fieles a Jesús aceptando su exclusión de la sinagoga" (G.Segalla, Juan (Evangelio de), en AA.VV., Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, Madrid 1990, p.927).

1.2.3. Refleja igualmente el cuarto evangelio el conflicto al que la comunidad del apóstol Juan tuvo que hacer frente con el grupo de discípulos de Juan el Bautista. En este evangelio aparece esa lucha, o al menos esa real contraposición entre ambos grupos, tanto más fuerte cuanto que algunos de los nuevos discípulos de Jesús habían sido previamente discípulos de Juan el Bautista (1,35s). Se trata posiblemente de una confrontación que procede de la envidia ("... el que estaba contigo al otro lado del Jordán...está bautizando y todos se van con él": 3,22-26), que funciona siempre en el corazón del hombre, incluso de "los buenos", incluso de "los bienintencionados", y que, a la larga, solo sirve para dividir y para alejar a los hombres entre sí.

1.3. Desde este triple frente se descubre la importancia especial que tuvo desde el principio en la Iglesia el evangelio de Juan: tanto en relación con el Antiguo Testamento para superar definitivamente el judaísmo (el monoteísmo más estricto), como en relación con la herejía gnóstica (que negaba en la persona de Jesús la autenticidad de su naturaleza humana), y para reconocer la propia identidad cristiana frente a la austera línea religiosa del Bautista ("los discípulos de Juan ayunan, ¿por qué los tuyos no ayunan?": Mc 2,18) .


Ir al inicio de la página 2.- Iluminación del Tema

2.1. Unos datos interesantes.

2.1.1. ¿Dónde y para quién se escribió el evangelio de Juan? Según los mejores resultados de los que han estudiado a fondo el tema, el cuarto evangelio (que tiene 21 capítulos) se escribió en la ciudad de Éfeso, en los últimos años del siglo I o primeros del siglo II (entre los años 90 y 110) y estuvo dirigido específicamente a una comunidad cristiana que se debatía –como se ha visto anteriormente- entre la persecución de los dirigentes judíos y las especulaciones de los cristianos ‘gnósticos’, que "vaciaban" el misterio de la encarnación y muerte de Cristo.

2.1.2. El cuarto evangelio se abre con un Prólogo de gran profundidad teológica que es un precioso Himno cristológico (1,1-14). Se puede afirmar con toda seguridad que este Prólogo-Himno existía y se cantaba en las comunidades cristianas antes de que este evangelio fuera escrito.

2.1.3. La tradición de las comunidades que siguieron el testimonio y las enseñanzas del apóstol Juan "está al corriente de una cronología de la vida pública de Jesús notablemente más larga que la sinóptica. Efectivamente, mientras que los evangelios sinópticos hablan de una sola pascua de Jesús, la de su pasión-muerte-resurrección, la tradición joanea conoce por lo menos tres (y quizá cuatro); por consiguiente, prolonga al menos por tres años la vida pública de Jesús" 

(G.Segalla, Juan (Evangelio de), en AA.VV., Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, Madrid 1990, p.926).

2.1.4. Características del evangelio de Juan son las profundas y extensas reflexiones que va haciendo Jesús a lo largo de este evangelio con grupos de personas o incluso con personas concretas: Nicodemo (cap.3) samaritana (cap.4), paralítico (cap.5), los testigos de la multiplicación de los panes (cap.6), los parientes y las autoridades judías (cap.7), la mujer adúltera (cap.8), el ciego de nacimiento (cap.9), de nuevo los judíos (cap.10), Marta y María (cap.11), los griegos que buscan a Jesús (cap.12), y la larga conversación de sobremesa con los discípulos en la última Cena (caps.13,14,15,16 y 17).

2.1.5. Peculiares igualmente de este evangelio son una serie de términos que adquieren un significado denso y pleno cuando se hacen realidad en la persona de Cristo: luz, vida, pan de vida, agua, puerta, buen pastor, camino, vid, verdad, paz, alegría, nacer, conocer... Un significado del todo especial tiene el término "hora" usado por Jesús para designar el momento supremo en que iba a consumar "el designio del Padre", que no era otro que el de dar vida al mundo y darla en abundancia: 4,21-23; 5,25-28; 7,30; 8,20; 12,23.27; 13,1; 16,32; 17,1; 19,27.

2.1.6. Dentro de su sobriedad, en el evangelio de Juan tiene un papel altamente significativo la figura de María, la Madre del Señor: aparece en el momento en que Jesús realiza el primer "signo" gracias al cual los discípulos creyeron en Él (2,11). Aparece igualmente en el último momento previo a la muerte de Jesús, cuando éste hizo una doble entrega a modo de testamento: a María, la "mujer" por antonomasia, le encomendó a Juan (representante y prefiguración de la comunidad cristiana), para que lo tuviera como auténtico hijo; y a Juan (desde esa misma perspectiva simbólica y eclesial) le encomendó su Madre para que la tuviera entre sus cosas más queridas y entrañables. Dos momentos, el de la apertura de su actividad mesiánica y el de la consumación (su "hora"), en los que María juega un papel del todo particular.

2.2. Estructura general del evangelio de Juan:

2.2.1. El análisis minucioso del cuarto evangelio lleva a la conclusión de que es "el resultado de una lenta elaboración, con elementos de épocas diversas, retoques, adiciones, diversas redacciones de una misma enseñanza, habiéndose publicado definitivamente no por el mismo Juan, sino, después de su muerte, por sus discípulos (21,24); éstos habrían insertado en la trama primitiva del evangelio fragmentos joánicos que no querían que se perdieran y cuyo lugar no estaba rigurosamente determinado" (AA.VV., Biblia de Jerusalén, p.1408). No fue escrito, pues, en una sola etapa sino que se fue formando sucesivamente siempre bajo un hilo conductor idéntico: la persona de Jesús profundamente amada y admirada por los discípulos, al tiempo que violentamente rechazada por los dirigentes del pueblo.

2.2.2. Este evangelio se explica, pues, en gran medida por la situación que vivían las comunidades cristianas seguidoras del apóstol Juan: una situación de persecución externa por parte de los "judíos", y unas luchas internas contra algunos miembros de la comunidad que seguían la corriente "gnóstica".

2.2.3. En consecuencia, la estructura del cuarto evangelio es la siguiente:

1). Prólogo o Himno solemne al Logos de Dios (1,1-18).

2). Primera parte o Libro de los signos (2,1 – 12,50)

1. La gran novedad (2,1 – 4,42).

2. Jesús, palabra que da vida (4,43 – 5,47)

3. Jesús, pan de vida (6,1-71).

4. Jesús, luz y vida (7,1 – 8,59).

5. Jesús, luz que juzga al mundo (9,1 – 10,42).

6. Victoria de la vida sobre la muerte (11,1-57).

7. La muerte camino hacia la vida (12,1-50).

3). Segunda parte o Libro de la pasión-gloria (13,1 – 20,31).

1. Discurso de despedida (13,1 – 17,26).

2. Historia de la pasión- resurrección (18,1 – 20,31).

4). Epílogo (21,1-25).

2.3. Objetivo central y peculiaridades de este evangelio.

2.3.1. El verdadero centro y núcleo del evangelio de Juan es el misterio de la encarnación del Verbo de Dios en el hombre Jesús de Nazaret. Un misterio que, como se ha dicho, era completa y absolutamente inaceptable tanto para los "judíos" (a causa de su monoteísmo monopersonal: un solo Dios = una sola Persona), como para los "gnósticos" (a causa de su rechazo instintivo de todo lo que era "carne", "materia").

2.3.2. En consecuencia, lo que se propone el evangelista Juan con la narración de los hechos es, en primer lugar, certificar datos históricos acerca de la persona de Jesús. Con ello quería hacer frente –como se ha dicho- a la "gnosis". Juan está convencido de la realidad histórica de los hechos que narra. Pero el evangelista ha hecho una verdadera selección de esos hechos (20,30: "otras muchas cosas hizo Jesús..."), reseñando sobre todo aquellos que, a su entender, tenían un profundo valor "simbólico" y, por eso mismo, podían suscitar en el creyente una capacidad especial de descubrir en ellos el misterio divino del "Verbo hecho carne para la vida del mundo". La vida, las palabras y las acciones de Jesús son para Juan, "signos", "señales", que fueron entendidas plenamente solo después de su resurrección/glorificación, gracias a la acción del Espíritu Santo (14,26s).

2.3.3. En clara contraposición con los evangelios sinópticos, el evangelio de Juan usa materiales propios para componer lo que pueden llamarse "discursos temáticos" que hace Jesús sobre Dios, sobre el Espíritu, sobre sí mismo. Hasta el punto de poderse afirmar que el de Juan es "en realidad un escrito doctrinal en forma de evangelio. Su primera intención no es narrar, sino enseñar" (AA.VV., La Biblia, de La Casa de la Biblia, Madrid 1992, p.1598).

2.3.4. Sobre la base "histórica" de los hechos relatados, el evangelio de Juan da una importancia del todo especial al término y a la realidad "conocimiento" (término, por otra parte, predilecto para los "gnósticos"). Pero el "conocimiento" para Juan no es una simple operación intelectual, sino la expresión de una experiencia personal profunda, impactante, transformadora de la persona y, como tal, intransferible. "Conocer a Dios", "conocer a Jesús" es haber hecho la rica e inefable experiencia de su cercanía, de su amor, de su predilección. En este sentido, el cuarto evangelio subraya la dimensión mística del cristianismo, que no es una "ciencia" (un saber intelectual), sino una "experiencia" vital a partir del amor que Dios tiene a la humanidad manifestado en Jesús, su Hijo: 3,16-17.

2.3.5. Dadas las dificultades, internas y externas, en las que se encontraba inmersa la comunidad de Juan, este evangelio se propone reforzar el entusiasmo y hasta la mística por la persona de Jesús, el Verbo encarnado (contra los gnósticos), el Enviado por excelencia por Dios (Juan Bautista era solamente el "precursor"), el auténtico Buen Pastor (en abierta contraposición no solo con los "asalariados", "que no son verdaderos pastores", sino con la sinagoga como tal, de la que se sienten oficialmente expulsados). En este sentido se puede afirmar que "el evangelio de Juan es una respuesta a la situación que vive su comunidad. A la polémica sobre la divinidad y humanidad de Jesús, el evangelista responde profundizando en el misterio de su encarnación y de su muerte. Y ante la tentación de huir del mundo, exhorta a los discípulos para que afiancen su fe en Jesús, y, unidos a él, salgan al mundo para dar testimonio de la verdad" (AA.VV., La Biblia, de La Casa de la Biblia, Madrid 1992, p.1597).

2.3.6. Si hubiera que resaltar algunas características particularmente significativas del cuarto evangelio se podrían señalar estas:

- Ante todo está el hecho de que Jesús presente al Espíritu Santo como su "substituto", Aquel que ocupará su lugar en la comunidad de creyentes cuando Él no esté ya física y visiblemente entre ellos: "no os dejaré solos", "no os dejaré huérfanos". Hasta cinco veces anuncia Jesús a los discípulos la venida y presencia del Espíritu: 14,15-17.25-26; 15,26-27; 16,4-10.12-15. El Espíritu es Aquel "maestro" que progresiva y sucesivamente irá enseñando oportunamente a los discípulos todo lo que necesitan saber para vivir coherentemente el misterio de Cristo.

- En segundo término es peculiar del evangelio de Juan el que para este evangelista la Cruz no es propiamente patíbulo y lugar de tormento de Jesús, sino su verdadero trono: 3,14-15; 12,32; 19,6-22. El crucificado que Juan presenta no es el "infame ajusticiado", el "despreciado de la humanidad", el "varón de dolores", sino el triunfador –a través de la cruz- del dolor, del sufrimiento, de la incomprensión y de la misma muerte. Su cruz será el verdadero punto de atracción y unidad de todos los hombres: "mirarán, es decir, creerán, a aquel al que traspasaron" (19,37). También en este punto existe el contraste entre Juan y los sinópticos: mientras que para los sinópticos la cruz es el momento del "reconocimiento" de los demás de Jesús como Mesías e Hijo de Dios, para Juan es el momento de la "exaltación" de Jesús como "Señor del universo", "primogénito de toda criatura", "primicia de los resucitados". Juan y los sinópticos también en este punto se complementan perfectamente.

- Una tercera nota peculiar y propia del cuarto evangelio es la impronta cultual y sacramental. La vida de Jesús, que es el "signo primordial", el sacramento por antonomasia del amor de Dios a la humanidad (3,16-17), está concebida con referencia al misterio cristiano vivido en el culto y en los sacramentos. En este evangelio se alude y valora sobre todo el bautismo, del que se hace una constante catequesis (3,1-21; 5,1-14; 7,21-24; 9,1-39), y la eucaristía de la que es rico en enseñanzas: no solo en el famoso capítulo sexto –todo él dedicado al Pan de vida-, sino también en otros hechos acaecidos especialmente después de la resurrección del Señor: 21,1-13.

2.3.7. En resumen, el cuarto evangelio más que ser un anuncio gozoso de la Buena Noticia (un "Evangelio"), es sobre todo un espléndido testimonio de que esa Buena Nueva, a pesar de ser rechazada por algunos, se ha realizado ya con la venida histórica del Verbo de Dios encarnado. El evangelio de Juan es un inmenso testimonio a favor de Jesús como enviado y testigo del Padre: 19,35; 20,31; 21,24.


 

Ir al inicio de la página 3.- Hechos de Jesús particularmente significativos en el evangelio según San Juan

 

3.1. 2,1-12: las Bodas de Caná de Galilea.

3.2. 6,1-15: da de comer a cinco mil.

3.3. 8,1-11: ¿nadie te condenó? Yo tampoco.

3.4. 8,31-38: la verdad hace libres.

3.5. 19,25-27: el testamento de Jesús.


 

Ir al inicio de la página 4.- Dichos de Jesús particularmente significativos en el evangelio de Juan

4.1. 3,3-8: nacer del agua y del Espíritu.

4.2. 4,19-24: el verdadero culto a Dios.

4.3. 6,58-69: la verdadera relación con Cristo.

4.4. 16,6-15: la obra del Espíritu en la comunidad y en el corazón de los creyentes.

4.5. 17,20-23: la unidad de los cristianos, testimonio de Cristo.


 

 

Ir al inicio de la página 5.- Para nosotros, hoy, aquí y ahora

5.1. ¿Qué actualidad pueden tener esos hechos de Jesús, hoy?

5.2. ¿Qué actualidad pueden tener esos dichos de Jesús, hoy?.


 

Ir al inicio de la página 6.- Tomamos algún compromiso a partir de este evangelio

6.1. A nivel personal.

6.2. A nivel de Hermandad.


 

Ir al inicio de la página 7.- Nota Bibliográfica

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