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La participación de los hermanos en la vida de Hermandad  

Página Web del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla

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Ir al inicio de la páginaPLANTEAMIENTO

Formación - La participación de los hermanos en la vida de Hermandad.l de la participación de los hermanos en la vida de nuestras hermandades y cofradías es un tema con múltiples facetas y aspectos y gran diversidad de situaciones en función del tipo de hermandad, de su ubicación, de su momento histórico, de su carácter, etc. Entrar a analizar todas y cada una de estas diversas condiciones podría hacer demasiado prolija esta exposición. Mi planteamiento será pues el de realizar una visión global y de conjunto, intentando tratar aquellos rasgos que considero de carácter más genérico, sin perjuicio de que luego en la mesa redonda o en el posterior coloquio se puedan hacer las matizaciones y precisiones pertinentes o descender a cuestiones más de detalle que permitan conectar con la realidad concreta y con la experiencia de cada una de vuestras hermandades.

Destacaré también como premisa el hecho de que en la cuestión a examen carecemos en la mayoría de los casos de datos objetivos, por lo que no podemos referirnos a otra cosa que a la experiencia personal y a las apreciaciones siempre subjetivas que sacamos de ella que podrá o no ser compartida por todos y en todos los casos. Creo no obstante que en muchas de las cuestiones estaremos todos de acuerdo pues son opiniones contrastadas con otros muchos cofrades, y habrá otras que podrán prestarse más a la discusión sin que, como digo, tengamos en último extremo datos fiables que nos permitan una mayor objetividad.

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Ir al inicio de la páginaBREVE PERSPECTIVA HISTÓRICA

Para tomar el pulso a la situación actual que vivimos en este tema creo conveniente remontarme a tiempos pasados y tomar un poco de perspectiva histórica, sin pretender ni mucho menos un examen exhaustivo de la cuestión. ¿Qué sabemos históricamente acerca de las actividades desarrolladas en otras épocas por nuestras hermandades y cofradías y sobre la participación de sus hermanos en las mismas?

Me atrevería a decir que poco, que el conocimiento que tenemos es escaso y muy fragmentario, dejando no obstante esta apreciación y todas las que en este punto se hacen a la revisión de los especialistas. Y es que esta materia forma parte más bien de la intrahistoria de nuestras hermandades. Y sabemos bastante sobre sus hitos externos, sus sedes canónicas, sus salidas procesionales, sobre su patrimonio, quizá sus reglas….pero no sabemos mucho sobre su quehacer diario, sobre ese trabajo silencioso que es en realidad el que mantiene viva a la corporación a largo de los siglos.

No obstante todos probablemente conozcamos datos que pueden permitirnos un acercamiento. Sobre las salidas procesionales por ejemplo dos datos de interés para lo que analizamos se me vienen a la cabeza:

  1. En unas épocas en que la economía de la hermandad se sustenta exclusivamente en las aportaciones de hermanos y benefactores las cofradías hay años que se quedan sin salir a la calle por falta de recursos.
  2. Algunos o bastantes de los miembros del cortejo procesional son pagados.

Sobre los cultos de regla acaso sepamos los que se celebran, mas no mucho, salvo excepciones, sobre la participación de los hermanos en los mismos.

Sabemos también que en determinados momentos muchas hermandades llevan a cabo otro tipo de actividades no cultuales, como por ejemplo el mantenimiento de algún hospital o asilo, la atención de presidiarios, de huérfanos…….No sabemos sin embargo qué tipo de aportación harían los hermanos a esas actividades, si sólo económica o se implicaban también personalmente en su desarrollo.

Intuyo no obstante que la integración en la hermandad vendría facilitada por el carácter gremial de muchas de ellas y por el arraigo en la propia collación de otras. Por el contrario, como elemento negativo al fomento de la vida de hermandad que estamos estudiando, estaría la escasez de medios y de espacios adecuados para ello. Baste a este respecto recordar que en muchas ocasiones las hermandades no tenían ni lugar donde guardar los enseres, que eran custodiados en muchos casos en los domicilios particulares de los hermanos.

En definitiva creo que no nos equivocamos mucho si concluimos a modo de resumen que en épocas históricas la actividad de la hermandad al margen de los cultos principales es más bien escasa, y que incluso en los casos en que tenemos noticia de una actividad por ejemplo asistencial importante, carecemos del conocimiento acerca del grado de implicación directa de los hermanos en dicha actividad.

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Ir al inicio de la páginaEL MOMENTO ACTUAL.

Esta situación que de una manera quizá un tanto apresurada y simplificada he tratado de exponer sufre un cambio cualitativo y cuantitativo importante en el último tercio del pasado siglo XX que es el que viene a gestar la situación actual. Desde entonces nuestras hermandades viven un periodo de efervescencia en diversas facetas y entre ellas obviamente la de la participación.

Este concreto aspecto el fenómeno viene marcado a mi juicio por la confluencia de tres circunstancias:

Evidentemente el asunto del incremento del número de hermanos es una cuestión de las que decía al principio cabe hacer multitud de matizaciones. No es lo mismo en hermandades de gloria o sacramentales que en hermandades de penitencia. No es lo mismo en las nuevas hermandades radicadas en barrios modernos que en hermandades con sede en el casco antiguo. No es lo mismo el caso de hermandades con titulares de devoción casi universal que el caso de otras de carácter más familiar. Pero con carácter general parece indiscutible que el número de hermanos de nuestras corporaciones se ha incrementado notablemente, pese a las expectativas pesimistas que pudieran presumirse por el cambio político y social en nuestro país, de forma que será el mayor de la historia, y ello pese a las perspectivas pesimistas que pudieran presumirse del cambio político y social habido en nuestro país. -Habría por el contrario que preguntarse si proporcionalmente a la evolución de la población de la ciudad también es el mayor-.

El segundo dato de relevancia significativa a que me refiero es la aparición del fenómeno de las casas de hermandad. Es este un hito sin duda importantísimo en relación al tema que tratamos. Estas casas de hermandad van a hacer posible el incremento de la actividad de la hermandad, que hasta ese momento quizá ni contaba con los medios para ello y la mayor convivencia de los hermanos de manera que la vida de la corporación, no ya en momentos específicos sino durante todo el año, se ve fortalecida. Se podrá objetar también que esto de las casas de hermandad tampoco alcana a todos, y es cierto, pero convendrán que es algo bastante extendido que para muchos marca un antes y un después en cuanto al desarrollo de la vida de hermandad. La generalización puede predicarse incluso si se quiere desde el punto de vista de los deseos o las aspiraciones: cualquier hermandad de las que no goza de ella estoy seguro que la tendría entre sus objetivos prioritarios si tuviera medios económicos para ello.

Con esto enlazamos con el tercer aspecto reseñado, que es la conciencia de que para cualquier hermandad sea cual sea su tamaño o condición es necesario para el mejor cumplimiento de sus fines el mantenimiento de un determinado nivel de actividad vital en su seno, comprensivo además no sólo de la actividad de culto sino extensivo al la acción de caridad y a la de formación. Se tendrán más medios o menos medios, se tendrán más hermanos o menos hermanos, pero en cuanto a convicción yo creo que nuestras hermandades, en general y pese a excepciones, hoy día tienen claro que esto no es una cuestión opinable, sino algo absolutamente indiscutible. Unas tendrán más éxito en esta pretensión y otras menos, pero creo que la idea es ampliamente compartida.

Podríamos por tanto decir que nos encontramos en las últimas décadas en un momento álgido respecto de la vida de nuestras hermandades y sin lugar a dudas también respecto a la mayor participación de los hermanos en la misma. Esto parece muy claro respecto a las hermandades de penitencia e incluso las hermandades de gloria tras pasar una etapa de profundo bache parece que con sus limitaciones también se incorporan a este movimiento en los últimos tiempos. Probablemente en términos generales y en una primera aproximación se pueda decir que nunca han tenido nuestras corporaciones tantos hermanos, que participen tanto y con tantos medios a su disposición para propiciar esa participación. No en vano pues se dice que nuestras hermandades viven un segundo siglo de oro.

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Ir al inicio de la páginaANÁLISIS DE ALGUNOS ASPECTOS CONCRETOS DE LA PARTICIPACIÓN

Pero flaco favor nos haríamos a nosotros mismos si nos quedásemos exclusivamente en esta lectura triunfalista con las luces y no alcanzásemos a ver determinadas sombras que también se presentan en torno a esta cuestión. Por ello merece la pena que nos detengamos un poco en analizar más detalladamente diversas facetas de esa participación en la actualidad.


Ir al inicio de la páginaCultos.-

En el culto interno, se observa una notable participación de los hermanos en los cultos principales, especialmente en funciones solemnes, no tanto en otros cultos, como pueden ser los que de forma habitual se celebran con carácter semanal o mensual en algunos casos. En cualquier caso la participación siempre es minoritaria en relación al número total de hermanos. Especialmente preocupante es el diferente grado de interés que se presta a los cultos sacramentales respecto a otros, siempre en perjuicio de los primeros cuando estos deberían tener, según el carácter de la hermandad, la mayor preferencia.

En cuanto al culto externo hay que hacer una distinción muy clara entre lo que son estaciones de penitencia, donde ciertamente la participación es masiva aunque cabría discutir acerca de su evolución en los últimos tiempos (si crece o se estanca) y el resto de manifestaciones públicas como sean procesiones de gloria, via crucis, procesiones de impedidos o eucarísticas, rosarios de la aurora, etc. En estos parece que la participación es bastante más escasa. Parece como si hubiera un cierto reparo, un cierto temor a dar testimonio a cara descubierta, cuando no vamos amparados en el anonimato que proporciona el antifaz.


Ir al inicio de la páginaCabildos.-

Otro de los hitos importantes en la vida de la hermandad son los cabildos, especialmente los generales, que es donde están llamados a participar todos los hermanos de la hermandad. Como entes asociativos de carácter democrático que son nuestras hermandades los cabildos generales son, deben ser al menos, los órganos máximos de decisión. Sin embargo está claro que los hermanos no le dan esa importancia a la vista de los datos de participación en los mismos. Sólo en los casos de cabildos extraordinarios, especialmente de elecciones si existen varias candidaturas, se consigue una participación algo más elevada, aunque siempre minoritaria. Esto tiene, o puede tener, una doble lectura. Una negativa, que es que a los hermanos en general no les interesa lo que se discute en los cabildos o tienen escasa confianza en la utilidad de los mismos. Otra positiva, que es precisamente la confianza de buen gobierno que se tiene en quienes ocupan los cargos de responsabilidad. De todas formas a mi me preocupa cierta corriente de opinión según la cual los cabildos tienen que ser, para ajustarse a ciertos cánones de lo que algunos entienden que es la hermandad, como balsas de aceite, y cuando en un cabildo hay cierto grado de discusión decimos que ha estado "calentito" y tendemos a criticar a los hermanos que intervienen en esos cabildos. Dejando claro que en una hermandad hay que actuar siempre guiados no ya sólo por la buena educación sino por la caridad cristiana a mi esas posturas me parecen perjudiciales, porque no favorecen precisamente la participación. En mi opinión es preferible el cabildo con su pizca de discusión o polémica dentro de las normas de urbanidad al sopor del silencio sepulcral y estéril, que la mayoría de las veces lo que expresa es la atonía o el desinterés de los hermanos.


Ir al inicio de la páginaFormación.-

Las actividades formativas son de las que más se han desarrollado en los últimos tiempos, al amparo precisamente de las posibilidades que brinda en muchos casos el disfrute de una casa de hermandad, aunque tampoco sea un elemento estrictamente necesario para ello. Es difícil hacer una apreciación global pues creo que en este campo podemos encontrarnos desde experiencias auténticamente desoladoras a otras ciertamente satisfactorias. Depende del tipo de actividad formativa o cultural, depende del formato, depende quizá del momento en que se programe, depende de que vaya unida o no a otros actos de convivencia….Podría señalar en este apartado el auge importante que han experimentado las convivencias conjuntas. Pero en todo caso siempre es una participación minoritaria.


Ir al inicio de la páginaBoletines.-

Otro ámbito donde podemos medir la participación de los hermanos son los boletines. Hoy día prácticamente todas las hermandades cuentan con este órgano de comunicación que llega a los hermanos al menos en los momentos más cruciales del año. Es difícil también medir el grado de seguimiento que tienen por parte de sus destinatarios, y ciertamente sería muy interesante hacer algún tipo de estudio serio sobre ello. Ante su falta, nos conformaremos con referirnos sólo al aspecto de los hermanos que intervienen en la publicación. Es esta una faceta de la actividad de la hermandad en la que normalmente sólo van ha participar de forma constante unos pocos hermanos, porque no todo el mundo tiene habilidad o afición por la escritura, al menos para hacerlo de modo habitual. No obstante hecho en falta la existencia de espacios para que los hermanos expresen sus opiniones, sus sugerencias…. que no todo han de ser sesudos artículos o floridas poesías. No se si es que la gente no escribe o es que no se publica. O es que la gente ha escrito alguna vez y ve que no se le publica ya tampoco se molesta en escribir. Ocurre que algunas veces la gente escribe para criticar a la junta de gobierno, y eso no gusta. En mi opinión, siempre que no se falte el respeto y se guarden las formas las juntas deberían saber encajar mejor las críticas y permitir este tipo de publicaciones. Porque supongo que infalibles no somos, que algunos fallos cometeremos, o que incluso sin equivocarnos puede haber en la hermandad otros planteamientos distintos a los nuestros, y si no damos oportunidad a los hermanos de exponerlos estaremos cercenando claramente su participación. No digo que los boletines hayan de convertirse preferentemente en un foro de discusión, pero sí que deberían ser más abiertos a este tipo de cuestiones y sobre todo dar más confianza a los hermanos a la hora de participar en ellos.


Ir al inicio de la páginaAcción social

Mención especial por último merece la participación en la acción social. La acción caritativa de nuestras hermandades, con ser conocida e histórica, ha sido con todo podríamos decir que "el secreto mejor guardado" respecto de nuestras actividades, quizá por excesivo celo de la máxima evangélica que "no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha". Estamos precisamente ahora ahondando en el estudio de este fenómeno a través del grupo de trabajo que para la definición de la acción social conjunta se ha constituido en el Consejo, y no quisiera adentrarme en consideraciones y conclusiones que deberán ser expuestas, analizadas y debatidas en otro momento. Pero de forma general y simplificada lo que parece desprenderse de ese estudio es que estamos aún muy cortos en materia de compromiso personal de los hermanos en este tipo de acciones, especialmente voluntariado, de forma que son grupos minoritarios de hermanos los que se encargan de estas cuestiones en cada hermandad y fundamentalmente en el círculo recaudación-gestión económica, porque es muy difícil entrar en otro tipo de planteamientos si no es con una mayor participación de los hermanos.

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Ir al inicio de la páginaCONCLUSION PRIMERA

En definitiva la conclusión que podemos extraer y de ello creo que somos todos perfectamente conscientes es que con ser importante el nivel de actividad que nuestras hermandades desarrollan hoy en día a lo largo de todo el año la participación en dicha actividad es siempre minoritaria y casi siempre reducida al mismo núcleo o grupo de hermanos, que tiende a participaren todas y cada una de las propuestas, mientras la gran mayoría sólo participa esporádicamente en alguna de ellas.

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Ir al inicio de la páginaACTITUDES A TOMAR

Esta es la situación que tenemos y la primera apreciación que podríamos hacer sobre ella es que es inevitable. Siempre va a haber hermanos que participen más que otros, que se sientan más comprometidos que otros, entre otras cosas porque tampoco tenemos medios para propiciar una total y efectiva participación. Piénsese en lo que sería si todos los hermanos asistieran a un cabildo, a una función principal o a una conferencia formativa. Es algo inasumible por nuestras hermandades hoy por hoy. Necesitaríamos otro tipo de espacios y de medios.

Esta, por otra parte, es una característica fundamental de nuestras corporaciones: que han permitido siempre unos muy diversos grados de integración. De ahí su flexibilidad organizativa, su permeabilidad que propicia el acercamiento de muy diversos tipos de personas..Aspectos todos ellos que redundan de una manera positiva en su continuidad y pervivencia. Son organizaciones, por utilizar un término político de moda, "asimétricas" porque permiten un posicionamiento de sus miembros respecto al centro es muy variado.

Si consideramos que nuestras hermandades tienen hoy más hermanos que nunca y que desarrollan más actividades que nunca y que la participación total es imposible, podríamos concluir que estamos bien, que estamos encantados con lo que tenemos, que es mucho, y que no hace falta darle más vueltas al tema.

Es más, este estado de cosas puede ser incluso apreciado como cómodo y deseable para algunos pues permite tener el control de la hermandad en unas pocas manos a la vez que se asegura su continuidad con una amplia nómina que aporta recursos económicos.

¿Qué actitud deben tomar las Juntas de Gobierno ante este estado de cosas? ¿Es preciso intervenir, o es mejor dejar que las cosas sigan como están? ¿Hay que tomar algún tipo de medidas, de iniciativas, o con lo que hacemos habitualmente tenemos bastante, pues no nos ha ido tan mal?.

Evidentemente la cuestión es opinable y constituiría la clave principal de la reflexión que hoy nos planteamos.

Obviamente si pensamos que la función de la hermandad y de las juntas de gobierno a su cabeza no es más que administrar un patrimonio y asegurar la continuidad de unos cultos más o menos decorosos la situación es ideal. Es más, podemos contemplar el intento de ampliar la participación de los hermanos como algo peligroso y desestabilizador, pues puede atraer a más hermanos de los deseables a ejercer funciones de gobierno en la hermandad. Normalmente quien más participa en los cultos, en actividades formativas, etc, también se preocupa por el gobierno de la corporación. El primer planteamiento posible sería pues: Si estamos bien así ¿para qué vamos a cambiar?.

No sé a ciencia cierta si estos planteamientos en la realidad se hacen o no. Incluso cabe que no se hagan de forma expresa y como definición de estrategia pero sí que estén en el subconsciente de algunas actuaciones. Pero en todo caso constituyen una opción, que podríamos denominar conservadora, que yo respeto, pero que desde luego no comparto.

Por el contrario otros pueden pensar, podemos pensar, que la misión de la hermandad y de la junta de gobierno a su frente va más allá de aquello. Nuestra misión auténtica y primordial como miembros de la Iglesia que somos y miembros especialmente comprometidos porque si no sé que es lo que hacemos al frente de unas entidades eclesiales, es la de EVANGELIZAR. La acción evangelizadora ha de ser la auténtica directriz de nuestra actuación. Acción que deberemos llevar a cabo tanto de puertas adentro como de puertas afuera de la hermandad a través del culto, de la formación y de la acción social. Y en esa acción nunca podremos decir, "con estos tenemos bastante", porque sabéis que "la mies es mucha", que el trabajo a realizar es ingente.

Quiero pensar que las actividades que desarrollamos no las hacemos simplemente para rellenar huecos de agenda y completar después una memoria a final de curso que quede muy bien leída en el cabildo, donde no se dice si a tal o cual conferencia asistieron cincuenta hermanos o cinco, o si durante los días del quinario se llenaron o no los bancos de la iglesia. No se hacen estas cosas simplemente para cubrir el expediente y decir "hemos cumplido". Se hacen porque en esa tarea de la evangelización nosotros tenemos esos tres instrumentos fundamentales que son el culto, la formación y la acción social y en esa estrategia es donde debemos encajar todas las piezas. Por tanto si de evangelizar se trata no podemos conformarnos con hacerlo con los de siempre, hay que llegar, intentar llegar al menos, al mayor número posible de nuestros hermanos.

Y hemos de hacerlo no con el objetivo de procurar al hermano una mejor vida social, o de entretenerlo en su tiempo libre concurriendo con la ya extensa gama de entretenimientos que ofrece la sociedad del consumo y del ocio en la que vivimos, sino con el objetivo de proporcionarle, de ofrecer le al menos, instrumentos necesarios para mejorar su vida como discípulo de Cristo, a través de la participación en un culto sincero y auténtico, a través de una acción formativa que nos incite a una mejor vivencia de la fe, a través de una acción social que permita desarrollar al máximo el mandamiento supremo que es el del amor al prójimo y especialmente al más necesitado.

Es pues una responsabilidad grande la que tenemos las Juntas de Gobierno en este terreno porque no estamos hablando de "entretener al personal", estamos hablando de cumplir plenamente nuestra misión y de dar pleno sentido a nuestra existencia como corporaciones eclesiales y no meramente culturales.

Pienso que todos sin excepción estamos convencidos de este planteamiento. Ocurre que no siempre sabemos llevarlo hasta sus últimas consecuencias, o si se quiere, sacar de él el máximo jugo posible. Entre esas consecuencias y en relación al tema de que estamos tratando, el de que las Juntas de Gobierno no pueden permanecer pasivas ante la participación de los hermanos, sino que tienen que adoptar posturas activas de incentivo constante de esa participación. Las Juntas de Gobierno tienen que plantearse el tema de la participación no como una consecuencia posible de su acción, sino como un objetivo prioritario de la misma y adoptar medidas al respecto.

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Ir al inicio de la páginaFACTORES QUE INCIDEN EN LA PARTICIPACION

Pues bien, si llegamos a la conclusión de que tenemos que actuar ¿cómo podemos hacerlo? Para ello tendríamos que empezar interrogándonos sobre los diversos factores que inciden en la mayor o menor participación de los hermanos:

El primero de los factores que influye es la dispersión. Salvo casos muy concretos de hermandades de barrios modernos en las que un gran número de sus hermanos pertenecen al mismo barrio el primer problema con que nos enfrentamos hoy a la hora de participar de forma cotidiana en la vida de la hermandad es el de las distancias. Los hermanos que ni residen ni trabajan cerca de la sede de la hermandad son hoy una gran mayoría, y esto es un factor limitativo importante.

Otro de los factores indudablemente unido o relacionado con el anterior es la falta de tiempo. En el ritmo de vida ajetreada que hoy llevamos es difícil buscar un hueco de forma permanente para la hermandad, más si esta se encuentra lejos de nuestra casa, de nuestro lugar de trabajo etc.

Otro factor no menos importante es la competencia de otras actividades que concurren alternativamente a la vida de hermandad. A veces habría que plantearse en qué empleamos el tiempo para no tenerlo. De todos son sabidas las cábalas que hay que hacer para no hacer coincidir ciertos actos con determinados eventos televisivos, especialmente futbolísticos.

Pero por encima de todos estos factores limitativos de la participación que afectan al hermano desde mi punto de vista el que más incide es de su motivación hacia la hermandad. Esta motivación es variada: el salir de nazareno-costalero-músico-acólito, la devoción hacia unas imágenes, la tradición familiar....Muy pocos son los hermanos que realmente ingresan porque consideran que en la hermandad van a encontrar un ámbito donde mejor desarrollar y encaminar su vida de fe, aunque después de hecho muchos lo encuentren.

La falta de medios es otro factor determinante a considerar: No todas las hermandades tienen espacios para fomentar depende de qué tipo de actividades.

Por último quisiera reparar sobre uno del que no siempre somos conscientes, que es el de la cerrazón o falta de apertura de la hermandad. Todos o casi todos los que aquí estamos probablemente hemos vivido la hermandad desde pequeños. Hemos ido adentrándonos en ella de la mano de familiares, amigos…. Al cabo de los años conocemos a casi todos los habituales, por supuesto a los miembros de la junta de gobierno estemos o no integrados en ella, pero ¿pensáis lo que es para un hermano "de nómina" entrar en esos círculos de la hermandad?. Pues ciertamente no es fácil, y deberíamos reflexionar seriamente sobre esto.

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Ir al inicio de la páginaALGUNAS ORIENTACIONES PRACTICAS

Si estos son los factores que inciden de forma negativa en la mayor participación de los hermanos me permitiré formular algunas orientaciones y posibles líneas de actuación que permitan acometer el problema.


Ir al inicio de la páginaEl problema de las distancias:

Frente al problema de la distancia propongo reconsiderar el concepto que tenemos de la hermandad y mejorar la comunicación.

La hermandad no es un lugar físico, es un grupo humano con un elemento identitario muy claro como son sus titulares y que se caracteriza fundamentalmente por tener un proyecto común en torno a esos titulares. Ese proyecto común puede ser simplemente el del culto o puede ser algo más complejo como corresponde a una hermandad de nuestros días. El centro neurálgico de la hermandad está lógicamente en su sede canónica, pero la hermandad debe ser algo que trascienda a ese centro neurálgico, de manera que todos los hermanos se sientan integrados en la misma con independencia de su distancia. Es lo que algún sociólogo podría denominar la "hermandad-red". Lo importante en esa estructura reticular es que exista una perfecta comunicación entre el centro y cada uno de sus nódulos, (una comunicación instantánea o en tiempo real sería lo ideal). Tradicionalmente, la vía más usual de comunicación entre el centro de la hermandad y sus hermanos distantes era el correo ordinario (cartas o boletines). Este medio lógicamente cumple una misión que todavía durante un tiempo va a ser insustituible pero no permite una comunicación lo suficientemente ágil y eficaz. La prensa diaria es útil a veces, pero no es lo suficientemente personalizada, sobre todo hoy con la proliferación de medios. El teléfono es un medio mucho más directo pero requiere demasiado tiempo si se quiere llegar a muchos hermanos. Hoy día afortunadamente contamos con un medio que es ideal a los efectos que pretendemos que no es otro que internet. Tengo gran confianza en las posibilidades que este medio puede aportar a las hermandades, porque es una herramienta que puede ajustarse perfectamente a las necesidades de comunicación de cada uno. Hace unos meses la Asamblea de Hermanos Mayores se ha visto en la tesitura de rechazar una sin duda interesante propuesta sobre la creación de una emisora de radio para las hermandades y cofradías de Sevilla, dada la inviabilidad del proyecto. La comunicación a través de internet sin embargo es perfectamente viable. Se me podrá decir que hoy día su difusión es todavía escasa, y es cierto, pero no ocurrirá así en el futuro inmediato. El correo electrónico, los chats, las páginas, las videoconferencias….Todas son posibilidades que está ahí esperando que alguien las desarrolle. Evidentemente, y esto tiene que quedar muy claro, que lo ideal es la presencia física y el contacto humano en la sede de la hermandad pero ¿Cuántas cosas no hacemos por no ser posible esa presencia física? Me refiero por ejemplo al tema de la formación ¿No es posible diseñar sistemas de formación a distancia con las facilidades que hoy ofrece este medio?.

Hay que desterrar por tanto algunas ideas vigentes como la de que la participación consiste en "ir por la hermandad" o que es mejor hermano el que va mucho que el que va poco. La medida no podemos ponerla en ir poco o en ir mucho, sino en el grado de implicación en el proyecto común (se puede ir mucho por la hermandad y no participar verdadera y auténticamente en nada).

Un último apunte sobre este tema: Siempre hablamos de que el hermano vaya a la hermandad ¿nos hemos planteado el que la hermandad vaya al hermano? ¿Sabemos cuántos hermanos de edad avanzada tenemos y conocemos su situación? Habitualmente conocemos la de los más allegados pero ¿Cuántos hermanos "de nómina" pueden encontrarse en situaciones de abandono? ¿No debería la hermandad acercarse a esos hermanos?


Ir al inicio de la páginaSobre la falta de tiempo:

Este es un problema fundamental de nuestros días. Si tenemos falta de tiempo lo primero que tenemos que hacer es plantearnos a qué dedicamos nuestro tiempo y si lo podemos repartir mejor o dedicarlo a otras actividades o tareas.

La falta de tiempo pues hay que relativizarla mucho y ponerla en relación con la competencia. Es decir con la existencia de otras muchas ocupaciones, aparte las laborales y familiares que siempre han de ir por delante, que se anteponen a participar en la vida de la hermandad. Para vencer esto no hay otro medio que ser imaginativos y saber ofrecerle a la gente cosas que realmente les interesen. Hay ni más ni menos que ilusionar a los hermanos en aquello que vayan a hacer.

Para ello sin duda hay que segmentar. Segmentar, que nadie se escandalice, no es segregar. Segmentar es tomar conciencia de la existencia de grupos de hermanos con intereses y circunstancias diversas e intentar actuar en cada caso en función de esos intereses y circunstancias, pero siempre teniendo muy claro el sentido unitario de toda la acción de la hermandad, de manera que lo que se pretende es ofrecer la mejor combinación para que el resultado del conjunto mejore. Segregar es algo muy distinto, simplemente crear grupos de intereses incluso contrapuestos que no persiguen ningún objetivo común sino única y exclusivamente el suyo propio. Y esto es plenamente rechazable. Existe el peligro de que de la segmentación venga la segregación. Dependerá de que la Junta de Gobierno sepa o quiera dar un sentido unitario y armonizar la acción de los distintos grupos.

Un ejemplo claro de esa segmentación son los grupos jóvenes. Estos surgen por la obviedad de que la juventud necesita para su mejor integración en la hermandad unos planteamientos distintos de los de otros hermanos de más edad.

Después han ido surgiendo en muchas hermandades los grupos infantiles, asumiendo así la hermandad un papel esencial en la educación cristiana de nuestros pequeños.

Pero podemos crear otros. Yo sugeriría la creación de los "grupos senior". Es un fenómeno propio de nuestra sociedad actual el de que muchas personas en plenitud de sus facultades se encuentran hoy apartados del mundo laboral –por prejubilaciones, por mejores condiciones de salud, etc- Las hermandades deberían saber aprovechar mejor ese riquísimo filón de gente con experiencia y con tiempo libre.

También habría que estudiar fórmulas imaginativas para los padres jóvenes, que tenemos una responsabilidad fundamental y prioritaria para con nuestros hijos. Quizá habría que diseñar algunas actividades pensando más en la familia que en el hermano individualmente considerado.

En definitiva para todo esto hay que empezar por tener un conocimiento más profundo de nuestros hermanos, sobre su situación personal, familiar, profesional, etc y a partir de ahí ir buscando fórmulas imaginativas que se adapten mejor a sus posibilidades y necesidades.


Ir al inicio de la páginaSobre la falta de medios:

Es cierto que no todas las hermandades cuentan con los medios necesarios para desarrollar determinado tipos de actividades. Para ello propongo dos posibles soluciones:

  1. Los medios públicos: Los centros cívicos del Ayuntamiento, p.e., deben estar también para que puedan ser utilizados por las hermandades.
  2. La acción conjunta con otras hermandades. Tenemos que romper con los personalismos y los aislacionismos, algo sobre lo que afortunadamente tanto se ha avanzado. Si no podemos desarrollar una determinada acción con nuestros propios medios quizá podamos unirnos a otra hermandad para hacerlo.

Se que en ambos casos se me puede objetar que con ello desplazamos el ámbito de la hermandad. Que eso que hacemos ya no es en la hermandad y que por lo tanto no interesa. Pero frente a esto yo les reitero mi planteamiento anterior sobre qué es la hermandad y dónde está la hermandad y me pregunto si es más importante estar en nuestra casa los de siempre o abrirnos a la posibilidad de que participe otra gente, aunque no sea en nuestra casa. Porque lo que está claro es que Dios está en todas partes.


Ir al inicio de la páginaSobre la motivación.

Esto es algo sobre lo que difícilmente podemos actuar o intervenir. Cada uno se acerca a la hermandad por sus motivos plenamente subjetivos. Y normalmente cada uno estará predispuesto a la participación según cual sea el motivo de su incorporación a la hermandad. Tenemos en cualquier caso la suerte de que por unas u otras causas la gente se acerca a nosotros. Nuestra función en este sentido es la de hacer ver al hermano la amplia gama de posibilidades que se ofrecen en la hermandad e intentar que su participación no se reduzca a tal o cual faceta de forma esporádica, sabiendo transmitir además qué es lo esencial y qué es lo accesorio dentro de esa gama.

La idea tradicional es recibir a los hermanos y dejarlos a su aire. Si acaso se les dice "pásate por la hermandad,…vete integrando,… ya surgirá algo". La idea que os propongo es plantear al hermano: mira en la hermandad hay esto, esto, esto y esto ¿tú qué es lo que vas a hacer?. Hay que ser mucho más directos. Mucho más comprometedores. Eso sí, respetando siempre el grado de compromiso que cada uno quiera asumir, que cada cual sabrá por qué y la hermandad debe acoger a todos, a los más comprometidos y a los menos. No se trata de ejercer una coacción, que sería contraproducente, de que "aquí hay que hacer esto o si no no vales". Pero estoy seguro de que hay mucha gente de la que hoy día no participa mucho que si no da el paso es porque le falta simplemente ese empujón para involucrarse. Y nosotros tenemos la obligación de al menos no quedarnos con la duda.

Pero insisto, para esto hay que ofrecer cosas concretas. Hoy es difícil que la gente, vaya a la hermandad simplemente a pasar el rato, porque hay muchos sitios donde pasarlo. Por eso hay que previamente elaborar proyectos y actividades que puedan resultar de interés.


Ir al inicio de la páginaSobre la falta de apertura.

Tenemos que empezar examinándonos nosotros mismos y revisar otra de las ideas que parecen dominar en el mundo de nuestras hermandades como es la de que la Junta de Gobierno es autosuficiente o de que hay cosas que sólo pueden o deben hacer los oficiales de junta. Hay que saber delegar, repartir juego, potenciar las juntas o cargos auxiliares, integrar a la gente en grupos de trabajo específicos y asignar responsabilidades concretas. Si no al final todo se acaba difuminando, el hermano aburriéndose y quedándose en su casa o yéndose a otra parte.

Porque insisto en para los que hemos vivido de siempre en la hermandad y conocemos a todo el mundo puede parecer fácil, pero no lo es tanto para otras personas que o bien son recién llegadas o bien por cualquier circunstancia se han apartado un tiempo de la hermandad…Y estas personas lo que en muchas ocasiones perciben es que hay un grupo de hermanos que se manejan en la casa de hermandad como si realmente fuera "su casa" y que ellos simplemente están en "la casa de la hermandad", pero como ajenos a ella. Y muchas veces esos hermanos no se integran más simplemente porque nosotros no les echamos cuenta. Por eso tenemos que cambiar algunas actitudes. Cada uno que haga examen de conciencia. A lo mejor son pequeños detalles, pequeños matices, pero los que ya estamos en el "núcleo duro de la hermandad" tenemos que ser mucho más receptivos para los que se encuentran en la "periferia". Si no difícilmente se van a integrar.

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Ir al inicio de la páginaCONCLUSIONES

  1. Nuestras hermandades viven un momento importante en su historia en cuanto a número de hermanos y actividades que desarrollan a lo largo del año tanto de culto, como de formación, como de acción social.

  2. Sin embargo puede apreciarse que en general es número relativamente reducido de hermanos el que participa de una forma intensa y continuada en esas actividades.

  3. Las Juntas de Gobierno deben adoptar una postura activa en orden a involucrar al mayor número de hermanos posible en las actividades de la hermandad.

  4. Es esta una exigencia derivada de la misión evangelizadora que constituye nuestra razón de ser y ha de ir orientada por tanto a permitir a los hermanos su mejor realización como seguidores de Cristo.

  5. No existen recetas ni fórmulas universales para esto. Hemos intentando no obstante ofrecer algunas orientaciones que podrán o no servir según los casos.

  6. Cada hermandad por tanto deberá analizar las causas de la mayor o menor participación de los hermanos y en consecuencia adoptar las medidas o líneas de actuación que considere más adecuadas conforme a su situación, medios y necesidades.

  7. Estas acciones deberán ser siempre orientadas al medio y largo plazo, sin esperar que los resultados iniciales vayan a ser espectaculares, y por lo tanto han de esforzarse de forma constante en su aplicación o incluso su revisión si se ve que no son adecuadas, pero teniendo siempre presente que esta es una función esencial de la Junta de Gobierno.


Ir al inicio de la páginaEPILOGO:

Estamos acostumbrados a que se comente en los medios de comunicación la importancia que tienen nuestras hermandades en la ciudad. Hay incluso quienes lo critican, soslayando o ignorando interesadamente que el mayor o menor poder de influencia que tengan las hermandades no es algo regalado, sino que se lo han ganado a pulso a base del trabajo de mucha gente anónima durante siglos de historia.

Pues bien, en mi opinión las hermandades y cofradías de Sevilla no son ni la mitad de importantes de lo que podrían ser si consiguiéramos implicar de una forma más comprometida y activa al menos a la mayor parte de nuestros hermanos.

No podemos conformarnos con lo que tenemos. Tenemos que ir a más. Por nuestro carácter eclesial y por nuestra plena penetración en la sociedad sevillana pienso que las hermandades tenemos por delante el reto de ser los auténticos agentes sociales de la Iglesia en nuestra ciudad, en un momento en el que los laicos estamos llamados a asumir un papel de más responsabilidad en la Iglesia y en el que al mismo tiempo la sociedad nos reclama una mayor implicación en sus problemas. Si no lo hacemos otros tomarán nuestro lugar.

Pero ese ir a más no puede cargar sobre las espaldas de los que ya llevan demasiado. Ese ir a más sólo será posible si vienen más a poner aunque sólo sea cada uno un granito de arena y para ello tenemos que adoptar posturas activas. No podemos estar esperando a que nuestros hermanos vengan a colaborar en esta tarea. Hay que acudir a ellos, ilusionarlos y comprometerlos en nuestro auténtico proyecto que no es otro que el de trabajar por un mundo mejor, más humano y donde se hagan presentes los valores del Reino.

Salvador Navarro Amaro.

Ponencia elaborada para el Encuentro de Hermanos Mayores celebrado el 29 de Noviembre de 2003 en la sede de la Fundación Cruzcampo organizado por el Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla.

 

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