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Formación

La devoción del pueblo de Dios a la Virgen María 

1.- Punto de Partida de la Devoción a la Virgen María

2.- El Primer Catecismo de la Devoción a la Virgen

3.- Algunas Consideraciones

4.- María Luz para el esclarecimiento del Misterio de Jesucristo

5.- Conclusiones

6.- ¿Dónde Estamos Hoy?

7.- ¿El Futuro?

8.- Notas


 

Una vez más nos reunimos un grupo de creyentes en Cristo para hablar y honrar a la que es su madre, la Virgen, Nuestra Señora.

En este caso, es la Sección de Gloria del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad de Sevilla quien nos convoca, y encarga la organización del acto a la Antigua Real e Ilustre Hermandad de Ntra Señora de la Luz, establecida desde muy antiguo en este templo de San Esteban.

El título que enuncia esta intervención, a pesar de ser genérico, aclara, creo que suficientemente, los límites del tema a desarrollar: Devoción, Pueblo de Dios, y Virgen María. Tres conceptos fundamentales de la espiritualidad cristiana. Devoción: voluntad de entregarse con fervor al servicio divino (1); Pueblo de Dios: fraternidad, formada por quienes se reúnen a impulsos de la misma fe para escuchar la palabra de Dios, celebrar los sacramentos y alabar a Dios con sus obras. O sea, algo más que una agregación de personas desvinculadas unas de otras. Y teniendo por madre a la Virgen María.


 

Ir al inicio de la página 1.- Punto de partida de la devoción a la Virgen María

Como cualquier otro fenómeno humano la devoción a la Virgen también tiene lo que podríamos entender como su "protohistoria". Unos elementos recogidos del Nuevo Testamento que nos indican cómo fue fraguándose el interés y cariño por la que había dado a luz al Mesías. Vienen a ser puntos luminosos que nos ayudan a rastrear los primeros balbuceos de la devoción mariana. San Lucas nos adelanta algo del clima que se iba creando alrededor de María de cariñosa admiración entre sus coetáneos. ¿Qué fue si no aquella expresión entusiasta de la mujer que, oyendo hablar a Jesús, exclamó: "Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron"? (2)

La devoción a María había tenido un arranque jubiloso y singular cuando en la visita a su prima Santa Isabel, en avanzado estado de gestación, es saludada desde el seno de su madre por quien más tarde sería el Precursor de Jesucristo. Cuenta San Lucas que "el niño saltó en el seno de Isabel" (1,41). Extraño fenómeno que nos pone ya en pista, si no lo conociéramos a posteriori de la personalidad de Jesús. ¿Extraño?. Sí por insólito. Pero tiene explicación a la luz de la unidad de la creación. Años más tarde nos desvelará San Juan el evangelista que "todas las cosas fueron hechas por el Verbo, y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho" (1,3). Y San Pablo esclarecerá el misterio de las criaturas, explicando que "la creación vive en la esperanza de ser también ella liberada de la servidumbre de la corrupción y participar así en la gloriosa libertad de los hijos de Dios" (Rm. 8, 20-21) ¡Deslumbradora exégesis del poder de Dios y su obra! Un ser humano en gestación todavía -San Juan Bautista- reconoce a su Señor más oculto que él todavía en el seno de la Virgen. Y María, protagonista y testigo de este prodigio cósmico. Son las leyes naturales que también obedecen un orden y una jerarquía.

A esta manifestación se une la de Isabel, protagonista inspirada del primer canto de alabanza a la Virgen: "Isabel -dice San Lucas- quedó llena del Espíritu Santo y exclamó con gran voz: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, ¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme"? (1,42)

El punto de partida de la devoción a María no puede ser más modesto y débil: la alabanza de una anciana embarazada y el movimiento de la criatura todavía en su seno. Pero bien sabemos que estas expresiones no obedecían a un mero impulso o interés humano. El Espíritu Santo se servía, como siempre, de "lo débil del mundo para confundir a los fuertes" (3) Por eso la devoción a la Virgen ha traspasado los siglos, y desde entonces todas las generaciones la llamamos "bienaventurada".

Esta es otra singularidad de la devoción mariana y que rompe cualquier lógica: En el marco de la visita a su prima, tan poco garante para un bien pensado proyecto publicitario, la misma modestísima doncella que se había turbado días antes por el anuncio del ángel Gabriel tiene la "osadía" de proclamarse elegida por Dios, y anunciar la altísima consideración que su persona tendría en el futuro al ser "proclamada bienaventurada por todas las generaciones" (4)


 

Ir al inicio de la página 2.- El primer Catecismo de la devoción a la Virgen

Damos un salto en el tiempo y nos situamos como a 150 años de los acontecimientos indicados antes.

El cristianismo, a pesar de las persecuciones, se había ido consolidando y extendiendo. Ya hacia el año 35 de nuestra Era, y a propósito del martirio de San Esteban, narra el libro de los Hechos de los Apóstoles, que "todos excepto los Apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría... recorrieron el país predicando el Evangelio. (8, 1 y 4)

La fuerza del mensaje de Jesús atraía a miles de personas que se convertían al cristianismo. Este fenómeno conllevaba el riesgo de la adulteración de la fe. Personas de diferentes edades, origen y cultura podían interpretar de diferentes formas contenidos tan nuevos como los referidos al Padre y al Espíritu Santo, la relación entre ellos, la Redención, etc. ...

Por eso los Apóstoles componen una fórmula en la que recogen los principales misterios de la revelación hecha por Jesucristo. Dicha fórmula es la que conocemos como credo, símbolo de los Apóstoles o profesión de fe.

De Hipólito de Roma, escritor cristiano de la mitad del s.III se conserva una de estas fórmulas que tenían que profesar quienes iban a recibir el bautismo. Se les preguntaba: "¿Crees en Cristo Jesús, hijo de Dios, que nació por obra el Espíritu Santo de María Virgen?" (5) Más expresiva es otra procedente de Oriente en la que se proclama "... creemos en un solo Señor, Jesucristo, que descendió y se encarnó, esto es, fue perfectamente engendrado de Santa María, la siempre Virgen, por medio del Espíritu Santo". (6)


 

Ir al inicio de la página 3.- Algunas consideraciones

Una primera consideración nos lleva a imaginar -sin excesiva imaginación, por otra parte- aquellas primeras catequesis en las que los Apóstoles y sus sucesores impartían las enseñanzas fundamentales de la doctrina cristiana a quienes se disponían a recibir el Bautismo. En ellas aseguraban el origen divino de Jesús y su humanidad verdadera, pues de María había nacido. Recordemos el primer Papa español, San Dámaso, que a mediados del s.IV confesaba: "El Verbo se hizo carne en las entrañas de una virgen madre, María" (7)

Así que, con los primeros y fundamentales contenidos de nuestra fe -Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo -aparece María como "instrumento" necesario para hacer presente en la historia de la humanidad a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Quizás en estos primeros siglos de andadura de la Iglesia la historiografía no pueda encontrar abundantes textos que recojan los sentimientos y devoción del Pueblo de Dios hacia la Madre de su Hijo. Pero el sentido común sí nos asegura el amor intenso que las primeras comunidades cristianas profesaban a la Madre de Dios, instruidas por la sólida doctrina de la profesión de fe. Recordemos aquella oración del s.III que tanto consuelo y confianza expresa en la protección de María, el "Sub tuum praesidium": "Bajo el amparo de tus misericordias nos acogemos, Oh Madre de Dios, no desatiendas nuestros ruegos en las necesidades y sálvanos del peligro. Tú sola eres la bendita (8)


 

Ir al inicio de la página 4.- María. Luz para el esclarecimiento del misterio de Jesucristo

La historia de la Iglesia registra dos momentos significativos en la consolidación de la devoción del Pueblo de Dios a la Virgen María.

El primero de ellos es el final lógico de una serie de diferencias, discusiones, banderías, asambleas, votaciones, rupturas, etc. ... de tipo doctrinal que habían surgido en la Iglesia referidas a los contenidos de la fe.

Hasta el año 313, año de la publicación del edicto de Milán por el que el emperador Constantino concedía la paz y reconocimiento público a la Iglesia, ésta había vivido bajo el signo de la persecución y el martirio. Centenares de cristianos fueron ajusticiados por el delito de seguir a Jesús. Por el contrario, en el seno de la Iglesia se vivieron años de paz, de pocas perturbaciones internas.

Pero los aires de libertad que estrenó a propósito de su reconocimiento civil ---primero como religión legalizada, luego como la religión del estado- facilitaron la reflexión y estudio -cosa obligada y legítima- de los contenidos de la fe. El misterio de la Santísima Trinidad fue un punto de reflexión importante, y que duró siglos. Eso de que siendo Tres Personas y cada una fuese Dios, pero sin resultar tres dioses, no era fácil de comprender y admitir.

En tales estudios y discusiones, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo encarnado, fue también, como es lógico, objeto de polémica, discernimiento y aclaración.

El punto culminante de esta situación llega cuando el obispo de Constantinopla, Nestorio, afirma públicamente que no es lícito llamar a María Madre de Dios, pues sólo había sido madre de la persona humana de Cristo, que "convivió" con la persona divina sin identificación de ninguna clase (9). ¡Nunca hubiera pronunciado tales palabras!. Hubo que convocar un concilio en la ciudad de Éfeso, hasta tal punto llegó el escándalo popular, lo que hoy conocemos como "alarma social", para aclarar la verdadera naturaleza de Jesucristo, y en consecuencia, la situación en que quedaba María como Madre de Dios.

Nestorio fue condenado, y el pueblo cristiano se echó a la calle para recibir a los Padres que habían participado en los trabajos conciliares, acompañándolos en procesión con antorchas, hasta sus residencias.

Esta reacción popular tenía su explicación. Se puede decir que el pueblo cristiano, en general, se sentía interesados por estas cuestiones dogmáticas. Muy buenos predicadores -SS Padres- y excelentes teólogos habían iluminado con su doctrina los entresijos de la fe, que ofrecían, lógicamente aspectos oscuros. San Gregorio de Nisa recoge el ambiente popular que, unos cincuenta años antes, ofrecía la ciudad de Constantinopla a propósito del concilio que en ella se celebró. Cuenta que

"Todos los rincones de la ciudad están llenos de estas conversaciones:

las calles, las plazas, los cruces, las avenidas. Son los comerciantes

de vestidos los cambistas, los tenderos. Si le preguntas a un cambista

el curso de una moneda, te responde con una disertación sobre el engen

drado y el inengendrado. Si te interesa la calidad y el precio del pan,

el panadero responde: El Padre es mayor y el hijo está sometido al Pa

dre. Si preguntas en las termas si el baño está dispuesto, el conserje te

dice que el Hijo ha salido de la nada. No sé qué nombre darle a este

mal, si frenesí o rabia".(10)

Otra expresión importantísima de la solidez con la que el Pueblo de Dios manifestaba su devoción a la Virgen María fue la defensa del misterio de la Purísima Concepción de Nuestra Señora.

Los ecos que nos han llegado de las vivas controversias a cuenta de este misterio sin par fue el final de un proceso que ya venía labrándose desde hacía siglos.

La cuestión se plantea cuando algunos teólogos niegan tal privilegio, al considerar que nadie puede escapar de la universalidad del pecado original (transmitido por generación), y la también universal Redención de Jesucristo.

De nuevo la pacífica posesión de una verdad tan arraigada en el seno de la Iglesia, agitó las aguas de la devoción popular.

Un mayor esclarecimiento de la virtualidad de la Redención aclaró el misterio: Jesús-Dios nos redimió; su redención lo mismo se proyecta hacia el futuro -hacia nosotros- que hacia el pasado- a favor de María. No podía ser menos. La eficacia de la Redención no sigue los parámetros temporales de los humanos. Los teólogos llaman a este efecto redención preventiva, antecesora de la redención liberativa.

San Cirilo de Alejandría había pronunciado en el Concilio de Efeso una frase con el mismo sentido, pero más comprensible para los fieles: "¿Quién oyó nunca -dice que el arquitecto, cuando edifica una casa para él mismo ceda primero a su enemigo la ocupación y posesión de ella?" (11).

Estos dos momentos significativos de la mariología -Maternidad divina e Inmaculada Concepción hicieron posible que los estudiosos y el mismo Magisterio de la Iglesia se vieran obligados a esclarecer más la personalidad de Jesucristo. 0 dicho de otro modo: Los privilegios concedidos a María por Dios ofrecen más luz sobre el Verbo Encarnado.


 

Ir al inicio de la página 5.- Conclusiones

Estos breves datos, mejor dicho, meras alusiones a cuestiones tan importantes de la devoción a María no han pretendido desarrollar ninguna tesis. Más bien han pretendido situar el arranque de la devoción a la Madre de Dios para una ulterior reflexión que nos ayude a acercamos más a ese arcano de espiritualidad que es la Virgen.

En conclusión: habrá que recordar siempre que desde el principio el Pueblo de Dios ha vinculado "sustancialmente" a María con Jesús por los lazos de la maternidad.

Por ello, los misterios relevantes de María se esclarecen cuando se profundiza en la personalidad de Jesús.

Esta vinculación de María con Jesús la sitúa en lo que conocemos como Historia de la salvación: esa línea de acontecimientos vividos por la humanidad y dirigidos por Dios para que la misma humanidad y cada persona pueda encontrar su camino hacia Dios.

Ya lo prologó ella misma en el canto del Magnificat cuando proclamó: "... tomó de la mano a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros antepasados, a favor de Abraham, y de sus descendientes, para siempre" (12). "Sus descendientes; es decir, el "Nuevo Pueblo de Dios" (13): nosotros los bautizados.


 

Ir al inicio de la página 6.- ¿Dónde estamos hoy?

La devoción a María va unida indisolublemente a la devoción a Jesús. Lo mismo la profesan personas que viven una fe razonada, como quienes la viven siguiendo las pautas de "la fe del carbonero". Pablo VI veía la devoción a la Virgen "insertada en el cauce del único culto que justa y merecidamente se llama cristiano... y que es un elemento cualificador de la genuina piedad de la Iglesia" (14) ¡Cualificador! Que palabra tan importante: El culto a María da entidad propia al culto católico.

Un análisis superficial, desde luego, y provisional, nos induce a pensar que las manifestaciones marianas que se dan hoy evidencian, en general, un cierto grado de parálisis. Da sensación de que carece de profundidad, aunque se siga reconociendo a María el título de Madre de Dios.

Incluso pudiera aparecer como una devoción adulterada. Se tiende más a la extensión de fenómeno religioso relacionado con la Virgen que con una dimensión profunda del papel que María ha desempeñado y sigue desempeñando en el Pueblo de Dios. Un reflejo de esto, me parece es el interés en la creación de nuevas asociaciones de culto que no explicitan nada nuevo del misterio de Cristo Redentor o de su Madre. ¿Cuántas personas se dejan arrastrar por la calidad y buena factura de una imagen y se olvidan del misterio que representa su advocación? ¿Cómo asimilarán nuestros niños estos fenómenos, si no hay quien los instruya?

Opino que el vacío que pueda darse en el Pueblo de Dios, en parte de él, mejor dicho, lo pueden llenar las Hermandades de Gloria. Aún la más modesta ostenta una representatividad delegada por la Autoridad ecca. Su finalidad, el culto, las reglas, las celebraciones litúrgicas, superiores en número y cuidado a las prácticas piadosas, nos indican que a nadie se le puede ocurrir clasificarlas en los que la sociología moderna llama "religiosidad popular". De ahí, el papel que las Hermandades de Gloria pueden desempeñar en la orientación y formación del Pueblo cristiano. También opino que estas Hermandades están en mejores condiciones que las de Penitencia para realizar dicha misión. Se les ve más ligeras del "peso social" que hemos echado entre todos sobre las de Semana Santa: Estrenos, cargos, protocolos, etc. ... Por otra parte, la reducida nómina de hermanos que muchas tienen no es óbice para realizar este servicio. Lo malo sería confundir poco reconocimiento social con una vida lánguida. Habrá que recordar aquí las palabras de la Virgen cuando se vio elegida por Dios para ser Madre de su Hijo: "Ha mirado la humillación de su esclava" (15)


 

Ir al inicio de la página 7.- ¿El Futuro?

Recientemente S. S. el Papa Juan Pablo II nos ha ofrecido una Carta Apostólica sobre el rosario de la Virgen María titulada "Rosarium Virginis Mariae". En ella fija como cinco vías que recuerdan y actualizan las relaciones María-Jesucristo. Las cito porque pueden servimos a todos para renovar permanentemente nuestra devoción a María y difundirlas, en su caso.

1ª - Recordar a Cristo con María: La contemplación de María es, ante todo, recordar los acontecimientos redentores de Cristo... no son solamente un ayer, son también el hoy de la salvación. Esta actualización se realiza en particular en la liturgia".

2ª - Comprender a Cristo desde María: "Cristo es el Maestro por excelencia, e revelador y la revelación. No se trata sólo de comprender las cosas que El ha enseñado, sino de comprender a El. Pero en esto ¿qué maestra más experta que María?"

3ª - Configurarse a Cristo con María: "La espiritualidad cristiana tiene como característica el deber del discípulo de configurarse cada vez más plenamente con su Maestro. Siendo María de todas las criaturas la más conforme a Jesucristo, se sigue que, de todas las devociones la que más consagra y conforma un alma a Jesucristo es la devoción a María Santísima, su Madre".

4ª - Rogar a Cristo con María: 'Tara apoyar la oración que Cristo y el Espíritu hacen brotar en nuestro corazón, interviene María con su intercesión materna. La oración de la Iglesia está como apoyada en la oración de María"

5ª - Anunciar a Cristo con María: "El rosario es también un itinerario de anuncio y de profundización en el que el misterio de Cristo es presentado continuamente en los diversos aspectos de la experiencia cristiana... en él se da una significativa oportunidad catequética" (nos. 13-17).

Finalizo esta intervención manifestando la idea que me han producido las palabras del Papa. La devoción a María tiene tanto dinamismo, tanta virtualidad, que no advertirlo sería pensar que los privilegios y títulos con los que la dotó Dios representan meras condecoraciones por su generoso comportamiento para con El. Premios que quedaron fijados en la historia, como sucede con los honores que tributamos en nuestra sociedad. No es así. María siempre nos lleva a Jesús.

Por eso quienes nos antecedieron en la fe, nos legaron un patrimonio mariano del que nos tenemos que hacer dignos y multiplicarlo, si Dios es servido.

Este modesto templo de San Esteban guarda los vestigios de la devoción a María de anteriores generaciones: En el retablo mayor, la maternidad de María y sus dolores; en la capilla de N.P. Jesús de la Salud y Buen Viaje, Rocío, y a la entrada, como guardándola, Madre de los Desamparados: dos devociones de las que siempre tendremos necesidad: el don del Espíritu de Dios y el amparo en las tribulaciones; la Antigua, la Virgen niña y el Carmen; a los pies de la misma nave; coronando la pared posterior de la nave central, Ntra. Sra. de los Reyes; en el Sagrario la Anunciación y el misterio de la Inmaculada Concepción. Y presidiendo la nave del bautismo Ntra. Sra. de la Luz, reflejo de su Hijo, según aquella proclamación que hizo: "Yo soy la luz del mundo" (16).

Terminemos como iniciamos este encuentro: "una vez más nos reunimos un grupo de creyentes en Cristo para hablar y honrar a la que es su Madre, la Virgen, Nuestra Señora".

4 de Diciembre de 2002

 

Rvdo. P. D. José Robles Gómez

Rector de la Iglesia de San Esteban

Director Espiritual de la Hermandad de Nuestra Señora de la Luz

 


Ir al inicio de la página8.- NOTAS

1) - L- Bouyer. Diccionario de Teología. Herder, 1972 Pág. 2 10

2) -San Lucas, 11,27

3)- la Corintios, 1,27

4)- San Lucas 1,48

5) - Denzinger. Enchiridion Symboloru. Hrder, 1955, pág. 4

6) - Hilario Marín, S.J. Documentos marianos. BAC, 1954. pág. 10

7) - Ibidem pág. 6

8) - P. Regamey. Los mejores textos sobre la Virgen María. Patmos, 1972. pág.67

9) - H. Marín, S.J. Documentos marianos. BAC, 1954, pág. 10

10)- Jean Comby, Para leer la historia de la Iglesia.t.1 Verbo Divino, 1999, pág. 100

11)- Carlos Ros.La Inmaculada y Sevilla. Ed. Castillejo, 1994, pág. 146

12)- San Lucas, 1, 54-55

13)- Lumen gentium, nº 9

14)- Pablo VI Marialis Cultus. 1974 Introducción

15)- San Lucas, 1,48

16)- San Juan, 8,12

 

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