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La devoción del pueblo de Dios a la Virgen María
1.- Punto de Partida de la Devoción a la Virgen María
2.- El Primer Catecismo de la Devoción a la Virgen
4.- María Luz para el esclarecimiento del Misterio de Jesucristo
Una vez más nos reunimos un grupo de creyentes en Cristo
para hablar y honrar a la que es su madre, la Virgen, Nuestra Señora.
En este caso, es la Sección de Gloria del Consejo General de
Hermandades y Cofradías de la ciudad de Sevilla quien nos convoca, y encarga la
organización del acto a la Antigua Real e Ilustre Hermandad de Ntra Señora de
la Luz, establecida desde muy antiguo en este templo de San Esteban. El título que enuncia esta intervención, a pesar de ser
genérico, aclara, creo que suficientemente, los límites del tema a
desarrollar: Devoción, Pueblo de Dios, y Virgen María. Tres conceptos
fundamentales de la espiritualidad cristiana. Devoción: voluntad de entregarse
con fervor al servicio divino (1); Pueblo de Dios: fraternidad, formada
por quienes se reúnen a impulsos de la misma fe para escuchar la palabra de
Dios, celebrar los sacramentos y alabar a Dios con sus obras. O sea, algo más
que una agregación de personas desvinculadas unas de otras. Y teniendo por
madre a la Virgen María.
Como cualquier otro fenómeno humano la devoción a la Virgen
también tiene lo que podríamos entender como su "protohistoria".
Unos elementos recogidos del Nuevo Testamento que nos indican cómo fue
fraguándose el interés y cariño por la que había dado a luz al Mesías.
Vienen a ser puntos luminosos que nos ayudan a rastrear los primeros balbuceos
de la devoción mariana. San Lucas nos adelanta algo del clima que se iba
creando alrededor de María de cariñosa admiración entre sus coetáneos.
¿Qué fue si no aquella expresión entusiasta de la mujer que, oyendo hablar a
Jesús, exclamó: "Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te
amamantaron"? (2) La devoción a María había tenido un arranque jubiloso y
singular cuando en la visita a su prima Santa Isabel, en avanzado estado de
gestación, es saludada desde el seno de su madre por quien más tarde sería el
Precursor de Jesucristo. Cuenta San Lucas que "el niño saltó en el seno
de Isabel" (1,41). Extraño fenómeno que nos pone ya en pista, si no lo
conociéramos a posteriori de la personalidad de Jesús. ¿Extraño?. Sí por
insólito. Pero tiene explicación a la luz de la unidad de la creación. Años
más tarde nos desvelará San Juan el evangelista que "todas las cosas
fueron hechas por el Verbo, y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido
hecho" (1,3). Y San Pablo esclarecerá el misterio de las criaturas,
explicando que "la creación vive en la esperanza de ser también ella
liberada de la servidumbre de la corrupción y participar así en la gloriosa
libertad de los hijos de Dios" (Rm. 8, 20-21) ¡Deslumbradora exégesis del
poder de Dios y su obra! Un ser humano en gestación todavía -San Juan
Bautista- reconoce a su Señor más oculto que él todavía en el seno de la
Virgen. Y María, protagonista y testigo de este prodigio cósmico. Son las
leyes naturales que también obedecen un orden y una jerarquía. A esta manifestación se une la de Isabel, protagonista
inspirada del primer canto de alabanza a la Virgen: "Isabel -dice San
Lucas- quedó llena del Espíritu Santo y exclamó con gran voz: "Bendita
tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, ¿cómo es posible que
la madre de mi Señor venga a visitarme"? (1,42) El punto de partida de la devoción a María no puede ser
más modesto y débil: la alabanza de una anciana embarazada y el movimiento de
la criatura todavía en su seno. Pero bien sabemos que estas expresiones no
obedecían a un mero impulso o interés humano. El Espíritu Santo se servía,
como siempre, de "lo débil del mundo para confundir a los fuertes" (3)
Por eso la devoción a la Virgen ha traspasado los siglos, y desde entonces
todas las generaciones la llamamos "bienaventurada". Esta es otra singularidad de la devoción mariana y que rompe
cualquier lógica: En el marco de la visita a su prima, tan poco garante para un
bien pensado proyecto publicitario, la misma modestísima doncella que se había
turbado días antes por el anuncio del ángel Gabriel tiene la
"osadía" de proclamarse elegida por Dios, y anunciar la altísima
consideración que su persona tendría en el futuro al ser "proclamada
bienaventurada por todas las generaciones" (4) Damos un salto en el tiempo y nos situamos como a 150 años
de los acontecimientos indicados antes. El cristianismo, a pesar de las persecuciones, se había ido
consolidando y extendiendo. Ya hacia el año 35 de nuestra Era, y a propósito
del martirio de San Esteban, narra el libro de los Hechos de los
Apóstoles, que "todos excepto los Apóstoles, se dispersaron por las
regiones de Judea y Samaría... recorrieron el país predicando el Evangelio.
(8, 1 y 4) La fuerza del mensaje de Jesús atraía a miles de personas
que se convertían al cristianismo. Este fenómeno conllevaba el riesgo de la
adulteración de la fe. Personas de diferentes edades, origen y cultura podían
interpretar de diferentes formas contenidos tan nuevos como los referidos al
Padre y al Espíritu Santo, la relación entre ellos, la Redención, etc. ... Por eso los Apóstoles componen una fórmula en la que
recogen los principales misterios de la revelación hecha por Jesucristo. Dicha
fórmula es la que conocemos como credo, símbolo de los Apóstoles o profesión
de fe. De Hipólito de Roma, escritor cristiano de la mitad del s.III se conserva una de estas fórmulas que tenían que profesar quienes iban a
recibir el bautismo. Se les preguntaba: "¿Crees en Cristo Jesús, hijo de
Dios, que nació por obra el Espíritu Santo de María Virgen?" (5)
Más expresiva es otra procedente de Oriente en la que se proclama "...
creemos en un solo Señor, Jesucristo, que descendió y se encarnó, esto es,
fue perfectamente engendrado de Santa María, la siempre Virgen, por medio del
Espíritu Santo". (6) Una primera consideración nos lleva a imaginar -sin excesiva
imaginación, por otra parte- aquellas primeras catequesis en las que los
Apóstoles y sus sucesores impartían las enseñanzas fundamentales de la
doctrina cristiana a quienes se disponían a recibir el Bautismo. En ellas
aseguraban el origen divino de Jesús y su humanidad verdadera, pues de María
había nacido. Recordemos el primer Papa español, San Dámaso, que a mediados
del s.IV confesaba: "El Verbo se hizo carne en las entrañas de una virgen
madre, María" (7) Así que, con los primeros y fundamentales contenidos de
nuestra fe -Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo -aparece María como
"instrumento" necesario para hacer presente en la historia de la
humanidad a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Quizás en estos primeros siglos de andadura de la Iglesia la
historiografía no pueda encontrar abundantes textos que recojan los sentimientos
y devoción del Pueblo de Dios hacia la Madre de su Hijo. Pero el sentido común
sí nos asegura el amor intenso que las primeras comunidades cristianas
profesaban a la Madre de Dios, instruidas por la sólida doctrina de la
profesión de fe. Recordemos aquella oración del s.III que tanto consuelo y
confianza expresa en la protección de María, el "Sub tuum praesidium":
"Bajo el amparo de tus misericordias nos acogemos, Oh Madre de Dios, no
desatiendas nuestros ruegos en las necesidades y sálvanos del peligro. Tú sola
eres la bendita (8) La historia de la Iglesia registra dos momentos
significativos en la consolidación de la devoción del Pueblo de Dios a la
Virgen María. El primero de ellos es el final lógico de una serie de
diferencias, discusiones, banderías, asambleas, votaciones, rupturas, etc. ...
de tipo doctrinal que habían surgido en la Iglesia referidas a los contenidos
de la fe. Hasta el año 313, año de la publicación del edicto de
Milán por el que el emperador Constantino concedía la paz y reconocimiento
público a la Iglesia, ésta había vivido bajo el signo de la persecución y el
martirio. Centenares de cristianos fueron ajusticiados por el delito de seguir a
Jesús. Por el contrario, en el seno de la Iglesia se vivieron años de paz, de
pocas perturbaciones internas. Pero los aires de libertad que estrenó a propósito de su
reconocimiento civil ---primero como religión legalizada, luego como la
religión del estado- facilitaron la reflexión y estudio -cosa obligada y
legítima- de los contenidos de la fe. El misterio de la Santísima Trinidad fue
un punto de reflexión importante, y que duró siglos. Eso de que siendo Tres
Personas y cada una fuese Dios, pero sin resultar tres dioses, no era fácil de
comprender y admitir. En tales estudios y discusiones, la Segunda Persona de la
Santísima Trinidad, el Verbo encarnado, fue también, como es lógico, objeto
de polémica, discernimiento y aclaración. El punto culminante de esta situación llega cuando el obispo
de Constantinopla, Nestorio, afirma públicamente que no es lícito llamar a
María Madre de Dios, pues sólo había sido madre de la persona humana de
Cristo, que "convivió" con la persona divina sin identificación de
ninguna clase (9). ¡Nunca hubiera pronunciado tales palabras!. Hubo que
convocar un concilio en la ciudad de Éfeso, hasta tal punto llegó el
escándalo popular, lo que hoy conocemos como "alarma social", para
aclarar la verdadera naturaleza de Jesucristo, y en consecuencia, la situación
en que quedaba María como Madre de Dios. Nestorio fue condenado, y el pueblo cristiano se echó a la
calle para recibir a los Padres que habían participado en los trabajos
conciliares, acompañándolos en procesión con antorchas, hasta sus
residencias. Esta reacción popular tenía su explicación. Se puede decir
que el pueblo cristiano, en general, se sentía interesados por estas cuestiones
dogmáticas. Muy buenos predicadores -SS Padres- y excelentes teólogos habían
iluminado con su doctrina los entresijos de la fe, que ofrecían, lógicamente
aspectos oscuros. San Gregorio de Nisa recoge el ambiente popular que, unos
cincuenta años antes, ofrecía la ciudad de Constantinopla a propósito del
concilio que en ella se celebró. Cuenta que "Todos los rincones de la ciudad están llenos de estas
conversaciones: las calles, las plazas, los cruces, las avenidas. Son los comerciantes de vestidos los cambistas, los tenderos. Si le preguntas a un cambista el curso de una moneda, te responde con una disertación sobre el engen drado y el inengendrado. Si te interesa la calidad y el precio del pan, el panadero responde: El Padre es mayor y el hijo está sometido al Pa dre. Si preguntas en las termas si el baño está dispuesto, el conserje te dice que el Hijo ha salido de la nada. No sé qué nombre darle a este mal, si frenesí o rabia".(10) Otra expresión importantísima de la solidez con la que el
Pueblo de Dios manifestaba su devoción a la Virgen María fue la defensa del
misterio de la Purísima Concepción de Nuestra Señora. Los ecos que nos han llegado de las vivas controversias a
cuenta de este misterio sin par fue el final de un proceso que ya venía
labrándose desde hacía siglos. La cuestión se plantea cuando algunos teólogos niegan tal
privilegio, al considerar que nadie puede escapar de la universalidad del pecado
original (transmitido por generación), y la también universal Redención de
Jesucristo. De nuevo la pacífica posesión de una verdad tan arraigada
en el seno de la Iglesia, agitó las aguas de la devoción popular. Un mayor esclarecimiento de la virtualidad de la Redención
aclaró el misterio: Jesús-Dios nos redimió; su redención lo mismo se
proyecta hacia el futuro -hacia nosotros- que hacia el pasado- a favor de
María. No podía ser menos. La eficacia de la Redención no sigue los
parámetros temporales de los humanos. Los teólogos llaman a este efecto
redención preventiva, antecesora de la redención liberativa. San Cirilo de Alejandría había pronunciado en el Concilio
de Efeso una frase con el mismo sentido, pero más comprensible para los fieles:
"¿Quién oyó nunca -dice que el arquitecto, cuando edifica una casa para
él mismo ceda primero a su enemigo la ocupación y posesión de ella?" (11). Estos dos momentos significativos de la mariología
-Maternidad divina e Inmaculada Concepción hicieron posible que los estudiosos y
el mismo Magisterio de la Iglesia se vieran obligados a esclarecer más la
personalidad de Jesucristo. 0 dicho de otro modo: Los privilegios concedidos a
María por Dios ofrecen más luz sobre el Verbo Encarnado. Estos breves datos, mejor dicho, meras alusiones a cuestiones
tan importantes de la devoción a María no han pretendido desarrollar ninguna
tesis. Más bien han pretendido situar el arranque de la devoción a la Madre de
Dios para una ulterior reflexión que nos ayude a acercamos más a ese arcano de
espiritualidad que es la Virgen. En conclusión: habrá que recordar siempre que desde el
principio el Pueblo de Dios ha vinculado "sustancialmente" a María
con Jesús por los lazos de la maternidad. Por ello, los misterios relevantes de María se esclarecen
cuando se profundiza en la personalidad de Jesús. Esta vinculación de María con Jesús la sitúa en lo que
conocemos como Historia de la salvación: esa línea de acontecimientos vividos
por la humanidad y dirigidos por Dios para que la misma humanidad y cada persona
pueda encontrar su camino hacia Dios. Ya lo prologó ella misma en el canto del Magnificat cuando
proclamó: "... tomó de la mano a Israel, su siervo, acordándose de su
misericordia, como lo había prometido a nuestros antepasados, a favor de
Abraham, y de sus descendientes, para siempre" (12). "Sus
descendientes; es decir, el "Nuevo Pueblo de Dios" (13):
nosotros los bautizados. La devoción a María va unida indisolublemente a la
devoción a Jesús. Lo mismo la profesan personas que viven una fe razonada,
como quienes la viven siguiendo las pautas de "la fe del carbonero".
Pablo VI veía la devoción a la Virgen "insertada en el cauce del único
culto que justa y merecidamente se llama cristiano... y que es un elemento
cualificador de la genuina piedad de la Iglesia" (14) ¡Cualificador!
Que palabra tan importante: El culto a María da entidad propia al culto
católico. Un análisis superficial, desde luego, y provisional, nos
induce a pensar que las manifestaciones marianas que se dan hoy evidencian, en
general, un cierto grado de parálisis. Da sensación de que carece de
profundidad, aunque se siga reconociendo a María el título de Madre de Dios. Incluso pudiera aparecer como una devoción adulterada. Se
tiende más a la extensión de fenómeno religioso relacionado con la Virgen que
con una dimensión profunda del papel que María ha desempeñado y sigue
desempeñando en el Pueblo de Dios. Un reflejo de esto, me parece es el interés
en la creación de nuevas asociaciones de culto que no explicitan nada nuevo del
misterio de Cristo Redentor o de su Madre. ¿Cuántas personas se dejan
arrastrar por la calidad y buena factura de una imagen y se olvidan del misterio
que representa su advocación? ¿Cómo asimilarán nuestros niños estos
fenómenos, si no hay quien los instruya? Opino que el vacío que pueda darse en el Pueblo de Dios, en
parte de él, mejor dicho, lo pueden llenar las Hermandades de Gloria. Aún la
más modesta ostenta una representatividad delegada por la Autoridad ecca. Su
finalidad, el culto, las reglas, las celebraciones litúrgicas, superiores en
número y cuidado a las prácticas piadosas, nos indican que a nadie se le puede
ocurrir clasificarlas en los que la sociología moderna llama "religiosidad
popular". De ahí, el papel que las Hermandades de Gloria pueden
desempeñar en la orientación y formación del Pueblo cristiano. También opino
que estas Hermandades están en mejores condiciones que las de Penitencia para
realizar dicha misión. Se les ve más ligeras del "peso social" que
hemos echado entre todos sobre las de Semana Santa: Estrenos, cargos,
protocolos, etc. ... Por otra parte, la reducida nómina de hermanos que muchas
tienen no es óbice para realizar este servicio. Lo malo sería confundir poco
reconocimiento social con una vida lánguida. Habrá que recordar aquí las
palabras de la Virgen cuando se vio elegida por Dios para ser Madre de su Hijo:
"Ha mirado la humillación de su esclava" (15) Recientemente S. S. el Papa Juan Pablo II nos ha ofrecido una Carta
Apostólica sobre el rosario de la Virgen María titulada "Rosarium
Virginis Mariae". En ella fija como cinco vías que recuerdan y actualizan
las relaciones María-Jesucristo. Las cito porque pueden servimos a todos para
renovar permanentemente nuestra devoción a María y difundirlas, en su caso. 1ª - Recordar a Cristo con María: La contemplación
de María es, ante todo, recordar los acontecimientos redentores de Cristo... no
son solamente un ayer, son también el hoy de la salvación. Esta actualización
se realiza en particular en la liturgia". 2ª - Comprender a Cristo desde María: "Cristo
es el Maestro por excelencia, e revelador y la revelación. No se trata sólo de
comprender las cosas que El ha enseñado, sino de comprender a El. Pero en esto
¿qué maestra más experta que María?" 3ª - Configurarse a Cristo con María: "La
espiritualidad cristiana tiene como característica el deber del discípulo de
configurarse cada vez más plenamente con su Maestro. Siendo María de todas las
criaturas la más conforme a Jesucristo, se sigue que, de todas las devociones
la que más consagra y conforma un alma a Jesucristo es la devoción a María
Santísima, su Madre". 4ª - Rogar a Cristo con María: 'Tara apoyar la
oración que Cristo y el Espíritu hacen brotar en nuestro corazón, interviene
María con su intercesión materna. La oración de la Iglesia está como apoyada
en la oración de María" 5ª - Anunciar a Cristo con María: "El rosario
es también un itinerario de anuncio y de profundización en el que el misterio
de Cristo es presentado continuamente en los diversos aspectos de la experiencia
cristiana... en él se da una significativa oportunidad
catequética" (nos. 13-17). Finalizo esta intervención manifestando la idea que me han
producido las palabras del Papa. La devoción a María tiene tanto dinamismo,
tanta virtualidad, que no advertirlo sería pensar que los privilegios y
títulos con los que la dotó Dios representan meras condecoraciones por su
generoso comportamiento para con El. Premios que quedaron fijados en la
historia, como sucede con los honores que tributamos en nuestra sociedad. No es
así. María siempre nos lleva a Jesús. Por eso quienes nos antecedieron en la fe, nos legaron un
patrimonio mariano del que nos tenemos que hacer dignos y multiplicarlo, si Dios
es servido. Este modesto templo de San Esteban guarda los vestigios de la
devoción a María de anteriores generaciones: En el retablo mayor, la
maternidad de María y sus dolores; en la capilla de N.P. Jesús de la Salud y
Buen Viaje, Rocío, y a la entrada, como guardándola, Madre de los
Desamparados: dos devociones de las que siempre tendremos necesidad: el don del
Espíritu de Dios y el amparo en las tribulaciones; la Antigua, la Virgen niña
y el Carmen; a los pies de la misma nave; coronando la pared posterior de la
nave central, Ntra. Sra. de los Reyes; en el Sagrario la Anunciación y el
misterio de la Inmaculada Concepción. Y presidiendo la nave del bautismo Ntra.
Sra. de la Luz, reflejo de su Hijo, según aquella proclamación que hizo:
"Yo soy la luz del mundo" (16). Terminemos como iniciamos este encuentro: "una vez más nos reunimos un
grupo de creyentes en Cristo para hablar y honrar a la que es su Madre, la
Virgen, Nuestra Señora". 4 de Diciembre de 2002 Rvdo. P. D. José Robles Gómez Rector de la Iglesia de San
Esteban Director Espiritual de la
Hermandad de Nuestra Señora de la Luz
1.- Punto de partida de la
devoción a la Virgen María
1) - L- Bouyer. Diccionario de Teología. Herder, 1972 Pág. 2 10
2) -San Lucas, 11,27
3)- la Corintios, 1,27
4)- San Lucas 1,48
5) - Denzinger. Enchiridion Symboloru. Hrder, 1955, pág. 4
6) - Hilario Marín, S.J. Documentos marianos. BAC, 1954. pág. 10
7) - Ibidem pág. 6
8) - P. Regamey. Los mejores textos sobre la Virgen María. Patmos, 1972. pág.67
9) - H. Marín, S.J. Documentos marianos. BAC, 1954, pág. 10
10)- Jean Comby, Para leer la historia de la Iglesia.t.1 Verbo Divino, 1999, pág. 100
11)- Carlos Ros.La Inmaculada y Sevilla. Ed. Castillejo, 1994, pág. 146
12)- San Lucas, 1, 54-55
13)- Lumen gentium, nº 9
14)- Pablo VI Marialis Cultus. 1974 Introducción
15)- San Lucas, 1,48
16)- San Juan, 8,12
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